¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 22 CUALQUIERA NO TE INVITA AL TEATRO
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CAPÍTULO 22 CUALQUIERA NO TE INVITA AL TEATRO

La pasamos muy bien en la fiesta, creo que Roxana tendrá muchas citas con Daniel y me alegro por ella, me di cuenta que se atraían.

No estoy segura sobre los sentimientos de José hacia Roxana, pero tampoco creo que deba involucrarme.

Adrián no me escribió y la fiesta fue hace dos días, no es que me importe mucho, solo que pensaba que lo haría ya que se mostró muy interesado en la fiesta.

Mi mamá me llama todos los días, cuando no podemos hablar por el horario, me manda mensaje, está contenta con su trabajo, sin embargo, le apena estar lejos de mí y lo entiendo, pero a veces ya no sé qué decirle, para ella todo es difícil, el trabajo, el clima, el cambio de horario, si una compañera de trabajo le hizo un comentario que le molestó, entre otras cosas.

No es que mi vida sea sencilla, ahora estoy de vacaciones, pero tengo que pensar en pagar las cuentas de la casa, mantenerla limpia, cocinar y demás.

Llamé a la mamá de Marcus, necesito dinero, así que espero que me confirme que días puedo ir a dictarle clases al niño.

Por otra parte, Mauricio me llamó temprano para invitarme al teatro.

— ¿Estarás ocupada en la noche? – preguntaba Mauricio.

— No, no tengo planes. ¿Tú? – le solté rápidamente.

— Quiero llevarte al teatro, están presentando una obra sobre una persona con trastorno mental. – propuso con voz emocionada. Empecé a hacer memoria sobre las nuevas obras que estaban presentando en el teatro.

— ¿Psicosis? – inquirí con emoción.

— ¡Si! ¿Ya la viste? – soltó decepcionado.

— No, no he ido al teatro hace mucho tiempo, pero si había visto que presentarían Psicosis, también pensaba en ir. – le respondí nerviosa.

— ¡Genial! La función es a las ocho de la noche. ¿Te parece sí nos vemos a las seis para cenar y después vamos al teatro? – me decía Mauricio muy animado.

— Suena bien, entonces te veo más tarde. – le respondí, nos despedimos y cortamos la llamada.

Me sentía emocionada, normalmente te invitan al cine como una cita o a comer algo, pero Mauricio no, él es diferente, no cualquiera te invita al teatro.

Quería verme bonita, así que me propuse buscar lo mejor en mi ropa y peinarme lo mejor posible, después de treinta minutos de frustración ante muchos jeans y polos, decidí optar por un vestido cuello redondo y ceñido en la parte del busto, debajo de mi busto era holgado y llegaba hasta un poco debajo de mis rodillas, me puse mi saco color piel encima y unos zapatos planos del mismo color del saco, con respecto a mi cabello, utilicé mi peine para darle forma a rizos y estén más definidos, como maquillaje, utilicé un lápiz de labios color rosado para después colocar un brillo labial con toques de brillos.

Estábamos en la plaza, Mauricio me dijo que estaba linda y no pude evitar avergonzarme ante su comentario, me di cuenta que lo sorprendía más cuando utilizaba vestidos, no lo decía, pero podía notarlo en su expresión y me sentía bien saber que sentía algo más que una amistad por mí.

— ¿Qué opinas de comer comida extranjera? – preguntó con duda.

— Suena bien. ¿Qué sería? – le pregunté, ya había tenido la oportunidad de probar comida extranjera, mientras no sea picante o este acompañada de los animales que no como, no tengo problema.

— Es más como un postre, se llaman "cachapas", es de Venezuela, es una masa caliente de maíz dulce con harina de trigo, puede acompañarlo con lo que desees, pero yo te sugiero que sea con queso. – explicaba detalladamente.

— Me parece bien, vamos por cachapas. – le respondí animada, él me mostró su sonrisa y con eso ya era más que suficiente. Envenéname si quieres, con que me sonrías así, ya estoy satisfecha, decía en mi mente.

Treinta minutos después estábamos comiendo, realmente estaba delicioso, las cachapas tenían un sabor muy parecido a las humitas dulces y como pedí el relleno de queso, era una combinación de dulce y salado, era una explosión de sabores en mi boca, realmente estaba muy bien, habían puesto unos cubos que eran de color amarillo claro, no podía estar segura porque las luces del restaurante son amarillas también, supuse que era pequeños cubos de queso como decoración, así que pinche uno de los cubos con mi tenedor y me lo llevé a la boca.

¡No puede ser! ¡Esto no es queso! ¡Es mantequilla!

¡Puaj! Lo tengo en la boca y solo quiero escupir, Mauricio vio que me estaba llevando la mantequilla a la boca y no dijo nada, veía mi cara de desagrado y comenzó a reír a carcajadas en el restaurante, tuve que tragar el cubo de mantequilla, fue lo más desagradable que probé en mucho tiempo, tomé lo que quedaba de mi anís y Mauricio seguía riéndose, ya estaba lagrimeando de la risa.

— No me parece divertido. – le dije haciendo un puchero mientras aún sentía el sabor de la mantequilla en la lengua.

— ¿Qué pensabas que era? – preguntó tratando de controlar su risa.

— Pensé que era cubos de queso como decoración. – le respondí con cara triste. Él no paraba de reírse y le lancé mi mirada asesina, lo que le causaba más gracia.

— Yo pensé que sabías que era mantequilla, me sorprendió que lo comieras así, pero no quería juzgarte. – respondió en tono conciliador.

— Es la primera vez que como esto. ¿Recuerdas? – le solté frustrada.

— ¡Oh! Lo olvidé. – respondió inocentemente.

— Ya me di cuenta. – le respondí finalizando la conversación.

Después de esa divertida cena para Mauricio, ya era hora de ir al teatro, lo cual me emocionaba, no iba hace varios años, tenía que ir sola porque mi mamá se quedaba dormida, incluso en el cine se dormía, no veía ni la mitad de la película.

Al llegar al teatro, nos pidieron apagar nuestros celulares, no podíamos tomar fotos ni grabar, así que puse mi celular en silencio y entre emocionada, era un micro teatro, una habitación pequeña, había solo asientos para 15 personas como máximo, todo estaba oscuro, al ir ingresando las personas empezaron a poner luces que cambiaban de color: verde, rojo, azul, y volvían en ese orden.

Miraba a Mauricio, él también estaba emocionado, me tomó de la mano, nos estábamos mirando, mi corazón comenzó a palpitar con rapidez, sé que el de él también.

¿Será que me besará? Pensaba mientras nos veíamos, un primer beso en un teatro, con luces bajas y de colores, creo que podría estar dentro de la categoría de romántico, Mauricio se estaba acercando a mi rostro, sentía que ahora sí iba a ser el momento, solo podía ver sus labios, sé que él también veía los míos, realmente pasará, al fin.

De pronto, se oscureció todo, algunas personas soltaron un grito ahogado, empecé a mover mi cabeza de un lado a otro, pero no podía ver nada, Mauricio soltó mi mano en ese lapso, a los segundos volvió la luz roja pero ahora solo enfocaba al escenario y estaba el actor sentado en una silla, ya comenzó la función pensé para mis adentros.

La obra estuvo asombrosa, el actor se lució con la interpretación, Mauricio y yo estábamos muy animados conversando sobre la obra y que deberíamos ir más seguido al teatro.

Por momentos se reía sin razón y yo le preguntaba sobre que se reía, me decía que era porque se acordaba de mi cara cuando comí la mantequilla, me gustaba verlo feliz, riéndose, pero era un molestoso, terminé riéndome con él de mi fallida percepción alimenticia.

— Ya es tarde Mauricio, deberíamos volver a casa. – le dije cuando vi que eran casi las once de la noche, llegaría a mi casa casi a la medianoche, tendría que tomar taxi.

— Ven conmigo. – soltó Mauricio sin previo aviso.

— ¿A dónde quieres que vayamos? – le pregunté para estar segura de su propuesta.

— A mi casa, no quiero que nos despidamos, todavía. – añadió en tono avergonzado, mirando sus manos.

— Mauricio...es tarde. ¿Hasta qué hora quieres que me quede? – le pregunté para llegar a un acuerdo.

— Sabes que puedes quedarte todo el tiempo que quieras, por favor, acompáñame. – susurraba.

Mi mente era un embrollo, me estaba invitando a ir a su casa, otra vez, prácticamente que me quedará a dormir allá, solo los dos, sí no contábamos a Luna que era su gata.

Las preguntas que me rondaban:

¿Quiero ir a su casa?

¿Quiero pasar toda la noche en su casa?

¿Debería irme a mi casa para extrañarlo y arrepentirme por no estar con él?

Es tan difícil cuando tu cerebro te dice una cosa, pero tu corazón quiere algo muy distinto. No puedo ocultar lo que siento por Mauricio, él sabe que me gusta, que disfruto su compañía, sé que él siente lo mismo, me lo demuestra, pero. ¿Hasta qué punto debo llegar con él?