CAPÍTULO 20 NO PUEDE SER
Estaba muy cómoda, la frazada me abrigaba y la almohada era una mezcla de firme y cómoda, olía a Mauricio.
¡Demonios! ¡Mauricio! ¡No puede ser! ¡La película!
Abrí mis ojos rápidamente, me di cuenta que no estaba en la sala, era un dormitorio, mi cabeza estaba encima del pecho de Mauricio...
¿Lo hicimos? Levanté un poco la frazada, ambos estábamos vestidos, eso me calmó, pero no recordaba como llegué a su dormitorio.
— ¿Estás despierta? – escuché la voz somnolienta de Mauricio.
— Si. ¿Qué pasó? – le pregunté con temblor en la voz.
— Te quedaste dormida en el sofá, así que te traje aquí para que estés más cómoda, pero como solo hay un dormitorio y yo también quería dormir. ¿Estás molesta? – preguntó con pesar en su voz, sonaba avergonzado.
— No, claro que no. Disculpa por quedarme dormida y hayas tenido que cargarme hasta aquí. – le dije con mucha vergüenza, intenté levantarme para irme con lo poco de orgullo que me quedaba. Mauricio me detuvo, puso su mano en mi mejilla y detuve todo movimiento de mi cuerpo.
— Me gustó dormir contigo, no recuerdo la última vez que dormí tan bien. No te vayas. – dijo mientras tenía su mano en mi mejilla y me veía, podía ver su necesidad y sinceridad en sus ojos, mi corazón no podía con esto, era demasiado, no pude evitar sonreír.
— Yo también dormí bien, pensé que eras mi almohada. – le dije agachando mi mirada por la vergüenza.
— No me molesta ser tu almohada. – susurró Mauricio y yo seguía avergonzada, me eché nuevamente en su pecho, no sé qué hora es, no sabía nada, solo quería disfrutar este momento con él.
— Gracias Mauricio. – susurré con la voz adormilada.
Sentí sus labios en mi cabello y me dijo que descansara, eso fue suficiente para cerrar mis ojos y continuar durmiendo.
Podría acostumbrarme a esto, pero tenía mi mente dividida entre que no puedes dormir con tu amigo y a la vez, quieres hacerlo y no hablo de la intimidad como el sexo, si no de solo dormir, que es lo que hicimos.
La luz de la mañana iluminó la habitación y abrí mis ojos, seguía apoyada en el pecho de Mauricio, no quería despegarme, pero quería ir al baño, me levanté con cuidado para no despertarlo, estiré mis piernas tratando de hacer el menor ruido posible y abrí la puerta para ir al baño.
Volví después de lavarme la cara y Mauricio estaba despierto, sentado en la cama.
— Por un momento me sentí usado y abandonado. – dijo en tono irónico mientras tocaba su pecho fingiendo dolor. No pude evitar reír ante su comentario.
— ¡Oh vamos! Tengo necesidades fisiológicas. – le respondí entre risas.
— Gracias por quedarte. – dijo mientras se levantaba y sostenía mis ambas manos, nos miramos y otra vez esa corriente eléctrica me recorría el cuerpo.
— Gracias a ti por invitarme. – le respondí con una sonrisa.
— Siempre eres bienvenida, me gusta que estés aquí. – dijo soltando una de mis manos para poner su mano en mi mejilla.
— También me gusta. – susurré con mi corazón apretado.
–Ya que tú preparaste la cena. ¿Qué opinas de qué te preparé el desayuno? – le pregunté con una sonrisa.
Mauricio besó mi mano y eso me derretía las piernas, era el detalle más hermoso que me habían hecho, me sentía como los personajes de literatura clásica.
–Opino que suena bien, pero te ayudaré, eres mi invitada. – dijo arqueando su ceja.
Fuimos a la cocina, le preparé panqueques, jugo de naranja y él frío huevos con tocino, puso a hervir agua para mi anís y eso hacía que me emocionará más de estar con él, los pequeños detalles son de lo mejor.
Veinte minutos después estábamos desayunando, sentía como si estuviera conviviendo con mi pareja, no parábamos de reír, empezó a molestarme que estaba roncando y que Luna maullaba, por eso tuvo que llevarme a su dormitorio a dormir, que tuvo que conversar seriamente con Luna porque invadía su espacio en la cama, etc.
— Eres un molestoso. – le decía entre risas.
— Y tú eres más linda cuando sonríes. – respondió, movía mi cabeza ante los nervios y vergüenza de lo que me decía.
Terminamos de comer, levanté los servicios para lavarlos, pero Mauricio no me dejó.
— Ya cocinaste, no dejaré que laves. – dijo en tono autoritario.
— Pero tú lavaste ayer porque me dormí y también habías cocinado, lo justo sería que me toque lavar a mí. – le fundamenté en tono amable pero firme. Mauricio tomó mis manos entre las suyas y me miró.
— No quiero que te enfermes, el agua está muy fría. Te propongo algo. – dijo en tono conciliador, asentí para que continuará.
–Voy a comprar unos guantes, cuando los tenga, podrás ayudarme con lavar los servicios. ¿De acuerdo? – añadió en tono amable.
— Creo que eres un exagerado, pero de acuerdo. – le dije riéndome.
–Iré a revisar mi celular, no sé nada de mi mamá.
– añadí cuando recordé todo lo de ayer. Él me dijo que no había problema, así que busqué mi celular, estaba en la mesa, tenía unas cuantas llamadas perdidas de mi mamá, debía estar preocupada, así que le pedí permiso a Mauricio para entrar a su habitación y hablar con ella, accedió, así que la llamé.
— Hijita. ¿Estás bien? – preguntó mi mamá alarmada.
— Hola mamá, claro, me quedé dormida, lo siento. ¿Cómo estuvo tu vuelo? ¿Llegaste bien? – le pregunté.
— Si hijita, ya me instalé en el departamento. ¿Hacemos videollamada para que te muestre? – casi le digo si, cuando recordé que no estaba en casa, tenía que pensar en algo y rápido.
— Mamá, lo podemos hacer después, es que quiero prepararme algo de comer. – le respondí rápidamente, fue lo único que se me ocurrió en ese momento.
— Claro hijita, mejor prepárate algo y yo te hablo más tarde, aunque aquí ya es casi de noche. – decía mi madre con pesar.
— Tranquila mamá, ya veremos en qué momento coincidimos, trata de descansar, fue un viaje largo. – le dije en tono tranquilizador. Nos despedimos y volví a la cocina para reunirme con Mauricio.
— ¿Llegó bien tu mamá? – preguntó al verme.
— Si, aunque ya es de noche allá, así que probablemente se duerma dentro de poco. – le respondí.
–Ya debería irme a casa, tengo que bañarme. – le dije mientras me rascaba la cabeza, un poco avergonzada.
— Puedes bañarte aquí, hay agua caliente en la terma. – propuso Mauricio, no sabía que decir, era abusar mucho.
— No quiero incomodarte Mauricio, ya te di mucho trabajo. – le susurré.
— Nada de eso, me gusta que estés aquí. Puedes quedarte todo el día sí quieres. – propuso nuevamente, insistía tanto que realmente sentía que quería que este allí con él y yo no podía negar que quería lo mismo. Me acerqué a él y lo abracé.
— Gracias Mauricio. – levanté mi mirada, estaba muy cerca a sus labios, quería besarlo, pero no debía, me acerqué y en el último segundo desvíe mi beso hacia su mejilla.
–Voy a bañarme. – añadí mientras giraba mis pies en dirección al baño.
Estaba en la ducha, tendría que utilizar la toalla de Mauricio, también mi ropa de ayer y eso me incomodaba, pero era el costo de estar con él y lo pagaba con gusto.
Disfrutaba el agua caliente de la ducha cayendo por mi cuerpo, recordaba todo lo de ayer, los detalles de Mauricio de cargarme con delicadeza para no despertarme.
Empezaron a tocar la puerta del baño interrumpiendo mis pensamientos.
— ¿Mauricio? – pregunté después de cerrar la llave de la ducha.
— Sofía, te dejó algo de ropa para que estés más cómoda.
– levantó un poco la voz para que lo escuchará.
Le pedí que me esperará un momento, amarré mi cabello mojado en un moño, tomé su toalla y me cubrí el pecho, terminaba hasta un poco arriba de mi rodilla, abrí la puerta, tratando de taparme con la puerta.
— Gracias Mauricio. – le dije mientras me entregaba la ropa, él se quedó mirándome, estaba inmóvil, yo también, empecé a sentir frío y temblé ligeramente. Eso hizo reaccionar a Mauricio.
— Eh bueno, te dejó para que te alistes.
– dijo mientras aclaraba su garganta, se dio media vuelta y yo volví a la ducha por un par de minutos para recuperar el calor.
Me coloqué un short que me quedaba como bermuda y un polo que me quedaba como vestido de Mauricio, olía a él, me sentía tan conectada a él, me veía al espejo y no me reconocía, pero estaba feliz.
Fui a la sala para verlo, pero no estaba, lo llamé y me dijo que estaba en su dormitorio, así que fui a verlo.
— ¿Cómo me veo? – le dije estirando mis brazos mientras sonreía.
— Hermosa. – estaba asombrado, podía notarlo en sus ojos. Solo pude sonreír, él sabía que me avergonzaba cuando me halagaba, pero eso no le impedía decirme algo.
— Tengo una propuesta para ti. – le dije agrandando mis ojos.
— Soy todo oídos. – respondió sonriéndome.
— Ya que tenemos inconvenientes para acordar en lavar los servicios. ¿Qué opinas de que pida pizza para que almorcemos? – le propuse mientras movía mi pie derecho en círculos.
— Me parece una muy buena propuesta. – respondió abrazándome.
–Sí me permite, me gustaría bañarme también. – añadió con elegancia.
— Está en su casa, amable caballero. – le dije en tono sarcástico mientras me reía en tono bajo. Mauricio besó mi cabello y fue a bañarse. Decidí estar en la sala, empecé a buscar los números de las pizzerías cercanas, así que cuando Mauricio ya estaba listo, le comenté y llamó para pedir la pizza.
Una hora después estábamos comiendo pizza con una gran sonrisa en el rostro, de verdad iba a engordar si seguía reuniéndome con él, me reía mentalmente mientras pensaba en eso, pero lo único que me importaba era estar con él y es lo que estábamos haciendo, con eso era más que suficiente, pero tenía que volver a casa antes que sea de noche.
A las seis de la tarde, con mucho pesar me despedí en la estación del bus de Mauricio, nos abrazamos por mucho rato hasta que llegó mi bus.
— Espero verte pronto, dulce Sofía, gracias por venir. – susurraba Mauricio cerca de mi cabello, sentía su aliento en mi cabeza y un escalofrío en mi cuerpo ante el contacto.
— También espero verte pronto, gracias por todo Mauricio. – le respondí cerca de su pecho.
Subí al bus y como siempre, Mauricio estaba de pie viéndome sentada cerca a la ventana hasta que mi bus emprendiera su camino, estiré mi mano para despedirme de él y ya no lo veía más.
El sabor agridulce con Mauricio, estar con él me hace sentir muy emocionada, pero cuando nos despedimos, vuelve el vacío, el malestar de no tenerlo cerca.