¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 18 EL DEPARTAMENTO DULCE #3
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CAPÍTULO 18 EL DEPARTAMENTO DULCE #3

Mi mamá ya estaba pasando los controles, decidí quedarme a caminar en el aeropuerto hasta que ella me avisará que ya estaba despegando.

Caminé por el patio de comidas, fui al baño, veía a las personas despedirse de sus seres queridos, algunos sonriendo, otros llorando.

Me sentía tranquila, desde pequeña he lidiado con las despedidas, no era algo nuevo, tampoco era el primer viaje de mi mamá, la única diferencia es que esta vez no sabía cuándo iba a retornar.

Mi celular comenzó a sonar y era mi mamá, así que contesté rápidamente, me dijo que ya estaba despegando, así que ya podía irme tranquila a casa, le pedí que me avisará cuando aterrizará.

Mauricio vino a mi mente, quería verlo, abrazarlo, no lo sé, solo me agradaba la idea de estar con él ahora, pero no lo había visto desde que fui a su casa. Me armé de valentía y decidí llamarlo, al fin y al cabo, es mi amigo, así que es normal que llames a tu amigo. Él contestó al segundo timbre.

— Hola Sofía. – dijo Mauricio en tono animado.

— Hola Mauricio. ¿Cómo estás? – le pregunté en tono animado y en ese momento se escuchó la voz de una mujer en el megáfono informando sobre el próximo vuelo, ya que seguía en el aeropuerto.

— ¿Estás con tu mamá? – preguntó Mauricio omitiendo mi pregunta.

— No. Ya acaba de despegar su avión, pero aún estoy en el aeropuerto, saldré en un momento para ir a casa. – le comenté.

— ¿Qué te parece sí te invito a cenar? – mencionó Mauricio y mi corazón brincó ante la idea de verlo, era lo que quería.

— Me encantaría. – le dije con la sonrisa más grande que tenía, aunque sé que él no podía verme.

— Entonces comenzaré a cocinar y te espero aquí. – decía Mauricio y yo estaba emocionada ante la idea.

— ¿Qué puedo llevar? – le pregunté porque no quería llegar a su casa con las manos vacías.

— Con que vengas sana y salva, es más que suficiente. – susurró y yo sentía que me derretía ante sus palabras.

— Gracias Mauricio. Te veré en un rato. – le dije controlando mi emoción.

Pase por el patio de comidas del aeropuerto y compré rollos de canela, sí no le gustaban a Mauricio, al menos me gustaría a mí, pensé mientras me reía.

Pedí un aplicativo de taxi y cuarenta minutos más tarde estaba en el edificio de Mauricio, presioné el botón del quinto piso, su voz sonaba en el altavoz diciendo mi nombre, sentía que mi pecho martilleaba de la emoción, empecé a subir los escalones hasta que llegué a su puerta.

Él me esperaba, abrió rápidamente la puerta, no tuve que tocar, me abrazó fuerte, mi rostro estaba pegado a su pecho y ese fue el mejor momento de mi día definitivamente, olvidé el viaje de mi mamá y el que estaría sola en casa por no sé cuánto tiempo.

— Me alegra que estés aquí. – susurró Mauricio sin dejar de abrazarme.

— Yo también, gracias por invitarme. – susurré como respuesta.

Unos minutos después, estaba sentada en el sofá, Luna estaba a mi lado, supongo que era su manera de darme la bienvenida, para ser la segunda vez que lidiaba con un gato, me estaba yendo muy bien, me sentía tranquila.

Mauricio estaba en la cocina, revisando el horno, lavando los servicios, tenía el secador encima de su hombro izquierdo mientras usaba un polo verde militar y una bermuda negra.

No podía ocultar mis sentimientos hacia él, mi deseo de estar con él, verlo hacer todo esto, me derretía, no sabía cómo lidiar con esto, es totalmente nuevo para mí.

— ¿Puedo ayudarte en algo? – le pregunté sintiéndome mal de que él hiciera todo y yo esté sentada esperando.

— ¿Podrías poner una película en la laptop? – preguntó en tono amable.

— Con gusto. – le dije sonriendo. Fui a la mesa, encendí la laptop y busqué una película, Mauricio dijo que podría ser algo de acción o lo que yo prefiera, así que decidí poner la segunda película de Liam Neeson que era la continuación de la película que vimos la vez anterior.

Empecé a acomodar la mesa y coloqué los tapetes para poner debajo de los platos.

Unos minutos más tarde ya estábamos cenando.

Mauricio preparó pollo al horno con papas y orégano, también había ensalada y me sirvió anís caliente, este hombre ya conoce mis gustos pensé mientras sonreía.

— Gracias Mauricio. – le dije con una gran sonrisa.

— Es un placer, espero te guste. – habló en tono amable. Le sonreí y empecé a comer, realmente estaba delicioso, solté un gemido ante el sabor de las papas con orégano, el pollo tenía un sabor a naranja, realmente sabe cocinar.

— Mauricio...esto...está delicioso. Tendrás que compartirme la receta. – le dije con voz asombrada.

— Me alegra que te guste, cuando quieras podemos prepararlo. – dijo mientras colocaba su mano en la mía, otra vez nuestras miradas se cruzaban, como podíamos decirnos tanto con una mirada sin abrir los labios, solo eso podía vivir con él.

— Me encantaría. Por cierto, te traje rollos de canela, espero te gusten. – le dije en tono tímido, no sabía si le gustaba o no.

— Me gustan los rollos de canela, gracias. – dijo mirándome de nuevo, tuve que bajar la mirada y continuar comiendo, sentía el ardor en mis mejillas y sabía que no era por tomar el anís caliente.

Cuarenta minutos más tarde, estábamos en el sofá viendo la película, solo comí un rollo de canela, estaba demasiado satisfecha, pero Mauricio realmente amó los rollos de canela porque ya se los estaba terminando.

Luna estaba acostada en el regazo de Mauricio, yo tenía mi cabeza apoyada en el hombro de Mauricio, me sentía tan bien con él, no podía evitarlo, cerré mis ojos mientras olía su piel con olor a lavanda.