¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 18 EL DEPARTAMENTO DULCE #2
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CAPÍTULO 18 EL DEPARTAMENTO DULCE #2

Al terminar la película, comenzamos a cortar la crema volteada y fuimos a la mesa para comer, Mauricio soltaba algunos gemidos de satisfacción ante el postre, estaba contento y no se esforzaba en ocultarlo, continuaba agradeciéndome y yo le decía que en realidad él lo había hecho, yo solo estaba a su lado, pero no había manera de hacerlo cambiar de opinión.

— Ya debo irme. – le dije a Mauricio con pesar en la voz, esto era lo que no me gustaba cuando nos veíamos, la despedida.

Mauricio hizo un gesto de pesar en sus labios, se ofreció a acompañarme a la estación del bus, yo acepté porque quería estar más tiempo con él.

Antes de irnos, él me abrazó cerca a la puerta, mi rostro se pegó a su pecho, podía olerlo, sentirlo, su corazón palpitaba tanto como el mío, no quería separarme de él.

Se separó un poco de mí y colocó su mano en mi mejilla, haciendo a un lado mi cabello, miraba mis labios y yo los de él, quería que me besará, lo deseaba, sé que él también lo deseaba, pero no nos movíamos, era como sí el tiempo se hubiera detenido.

— Dulce Sofía...no quiero perderte. – susurró Mauricio, me dolía sus palabras, sentía su dolor.

— Yo tampoco quiero perderte. – le respondí susurrando, es verdad, no quiero perderlo, quiero darme una oportunidad y quiero que sea con él. ¿Qué tenía que hacer para que él cambiará de opinión?

Mauricio se separó de mí y sentí su ausencia al instante, extrañaba su calor, sus brazos a mi alrededor, abrió la puerta y me invitó a salir, lo hice y empezamos a caminar en silencio hacia la estación del bus, creo que cada uno estaba sumergido en sus pensamientos.

Me preguntaba sí quizás debería cambiar de opinión, intentarlo a su manera.

¿Debería intentar una relación libre con Mauricio?

¿Aceptar eso sería algo denigrante?

¿Me arrepentiré?

CAPÍTULO 19: ¡BUEN VIAJE MAMÁ!

Hoy es el día en el que viajará mi mamá, la noche anterior me había quedado armando su maleta y pesándola reiteradas veces para que no pagara el exceso de equipaje.

Sentía que mi mamá tenía sentimientos encontrados, por una parte, sé que le emociona el trabajar en otro país, pero también sentía pena de dejarme, hablamos y reímos durante la noche mientras alistábamos todo.

— Mamá, me parece que ya tenemos todo listo. – le dije a mi madre en tono agitado, estaba agotada y solo quería dormir, pero no teníamos mucho tiempo, su vuelo era en la tarde.

— Hijita, estoy rendida, gracias por ayudarme, sola no hubiera podido. – decía mi mamá mientras se sentaba en la cama.

— Claro que podrías haberlo hecho sola, solo es que te organices. Ahora, ve a bañarte porque si sigues sentada, te quedarás dormida y perderás el vuelo. – le dije con ánimo mientras le tomaba la mano para que se levantará.

— Hasta parece que ya quieres que me vaya. – decía mi mamá haciendo puchero.

— No es eso, solo que no quiero que estemos corriendo porque se hizo tarde. – le decía en tono cansado.

Una hora más tarde ya estamos listas, comenzamos a comer, mi mamá seguía cabizbaja, me daba pena verla así, pero aquí no tendría la oportunidad que le están ofreciendo, al menos no se le ha presentado.

— La próxima semana terminó las clases de este ciclo de la universidad y harán la fiesta que te dije. ¿Recuerdas? – le comenté a mi mamá.

— Ya recuerdo, por favor, ten cuidado, no tomes mucho, no aceptes bebidas... - soltaba mi mamá sin parar.

— Mamá, yo no tomo alcohol y sí tomo, será uno o dos vasos como máximo, así que no te preocupes. – la interrumpí antes de que se preocupará más.

— Si hijita, pero igual, no está de más que seas cuidadosa. – continuaba mi mamá.

— De acuerdo mamá. – le dije para dar finalizada la conversación.

Dos horas más tarde estábamos en el aeropuerto, acompañé a mi mamá a hacer su check-in porque no podía llevar sus maletas y mochila por sí misma, felizmente me permitieron acompañarla a esa área.

Finalmente, estábamos en la entrada donde ya solo mi mamá podía ingresar y no podría verla hasta no sé cuándo.

Mi mamá me abrazó fuerte diciéndome que me quería mucho y que me cuidará.

— Todo saldrá bien mamá, no te preocupes, solo enfócate en tu trabajo. – le dije en tono amable y tranquilizador.

— Tengo mucha suerte de tenerte hijita. – decía mi mamá con tristeza. Tenía que despedirme rápido porque ya notaba su duda en la mirada.

— Bueno mamá, ya tienes que entrar, aún te falta pasar por lo controles internos y eso toma tiempo, yo también debo volver a casa antes que oscurezca. – mencioné sabiendo que a ella le preocupa que este en la calle cuando ya es de noche.

— Si, tienes razón. Te quiero mucho, cuídate, por favor. – decía mi mamá mientras me abrazaba y besaba mi frente.

— Tú también mamá. – solté rápidamente.