¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 18 EL DEPARTAMENTO DULCE
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CAPÍTULO 18 EL DEPARTAMENTO DULCE

Mauricio me había enviado la dirección de su casa unas horas antes, aun así, me dijo que mejor nos veíamos en el centro comercial y que iríamos juntos a su departamento, no quería que me perdiera y se lo agradecí porque no siempre la aplicación del GPS me ayudaba de manera satisfactoria.

— Hola Sofía. – dijo Mauricio al verme llegar.

— Hola Mauricio. – le respondí a su saludo con una gran sonrisa.

— Aprovechemos que estamos aquí y vamos por los ingredientes. – me dijo mientras ponía su brazo en jarra para que yo me apoyará en él. Coloqué mi brazo y comenzamos a comprar las cosas que necesitábamos para preparar la crema volteada.

Me parecía lindo la idea de estar con alguien de compras para luego cocinar, no es algo que suelo hacer con las personas que me rodean.

En casa, hay veces que mi mamá compra los víveres o yo, pero muy pocas veces podemos ir ambas.

Mauricio revisaba los ingredientes, las marcas, incluso los precios para elegir lo correcto, sin darme cuenta empezaba a aprender a comprar de manera más sabia, tomando en cuenta no solo una opción, si no varias, lo miraba mientras cogía las latas y tetrapak de leche, analizando...

realmente quería abrazarlo, no sé por qué me emocionaba verlo haciendo ese tipo de cosas hogareñas.

— ¿Qué opinas de este? ¿Alguna marca en especial?

– preguntó Mauricio mientras me mostraba dos marcas de leche conocidas, yo solo podía sonreír y mirar al piso porque lo que sentía por él no era una simple amistad, lo que me resultaba difícil ocultarlo o ignorarlo, sin embargo, tenía que hacerlo, somos amigos, eso es lo que decidimos.

— Creo que éste está bien. – le dije señalando una marca de color azul, es la que suelo usar en casa y no he tenido problemas hasta ahora.

— Es justo la que uso normalmente para mi café. – dijo Mauricio sonriendo, yo también le sonreí.

Veinte minutos más tarde ya teníamos los ingredientes y estábamos en el bus camino a su departamento.

Sentía miedo por Luna, no quería que me arañará, pero tenía que controlarme porque no le había dicho nada a Mauricio sobre mi miedo.

Por una parte, fui precavida, tenía mi jean negro, una blusa cuello redondo color crema, pero me había puesto una polera gruesa encima, así que, sí Luna me arañaba, no me dolería tanto o al menos eso pensaba.

— Ya quiero comer. – dijo Mauricio riéndose. Me reí junto a él, pareció un niño en navidad, podía sentir su emoción y yo también la sentía.

— Elegiste un postre que toma mucho tiempo, la preparación es rápida, el que luego esté en el horno será una hora aproximadamente, pero para que enfríe y puedas cortarlo, tomará unas cuantas horas.

– le dije curvando mi labio y mi ceja izquierda, no podía evitar ser un poco molestosa porque veía después sus ojitos de gato con botas de Shrek por más que los ocultará detrás de sus lentes.

— Sé que valdrá la pena la espera. – susurró cerca de mi oído, sentía un calor en mi interior, en mis mejillas, podía sentir su aliento cerca de mí y eso me confundía.

Lo miré por unos segundos y regresé mi mirada al frente, no podía decirle nada, sentía muchos nervios, el aire contenido, el bloqueo en mi garganta.

Finalmente bajamos del bus, caminamos por una avenida en la que había muchas casas y vi un parque muy grande, tenía columpios y algunas bancas, seguimos caminando, cuatro cuadras después giramos a la izquierda y luego a la derecha, el edificio era grande, cinco pisos.

Mauricio metió su mano al bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, abrió la puerta y se hizo a un lado, estiro su brazo derecho invitándome a pasar primero, sonreí ante su caballerosidad e ingrese, estaba el estacionamiento al lado izquierdo y al caminar hacia el frente estaba las escaleras, sabía que él vivía en el último piso, así que me dispuse a subir los escalones sin parar, finalmente llegamos al último piso y me detuve en la única puerta que había en ese piso, y si, era su departamento, volvió a colocar la llave en la cerradura y darme pase para ingresar primero.

Su sala estaba iluminada a pesar de tener las cortinas cerradas, tenía una mesa grande en el que podían sentarse fácilmente seis personas, las sillas estaban colocadas alrededor de la mesa, tenía un sofá amplio para tres personas y en el piso una gran alfombra color arena, sus paredes de color blanco estaban vacías y muy pulcras.

Al girar, la cocina estaba detrás, Mauricio colocó los ingredientes en la repisa que estaba cerca de la cocina, se lavó las manos y yo me puse detrás de él para hacer lo mismo, me sorprendía no encontrar a Luna, pero no pregunté por ella.

— Bienvenida. – dijo Mauricio estirando los brazos al aire. Sonreí y coloqué un mechón de cabello detrás de mi oreja, él podía avergonzarme con solo una palabra.

— Muchas gracias, amable caballero. – le dije con tono sarcástico mientras colocaba mi mano derecha en mi pecho y me inclinaba ligeramente.

— Ahora vengo, buscaré a Luna. – dijo yéndose por el pasadizo que estaba entre la sala y la cocina, no lo seguí, me quedé sacando los ingredientes de la bolsa para comenzar con la preparación.

Empecé a escuchar maullidos, era Luna, por supuesto, apareció caminando hacia mí con su blanco pelaje, sentía miedo, pero respiraba profundo para calmarme, empezó a oler mi jean, veía su rosada nariz moviéndose y sus bigotes también, me rodeó y pegó su cola a mí, rozando por cada pierna, empezó a maullar, no me moví en ningún momento, no quería hacer algo que fuera a arañarme, solo la seguía con la mirada.

— Parece que le caes bien. – escuché la voz de Mauricio y levanté la vista para verlo apoyando su brazo en la pared mientras veía la escena, no sé cuánto tiempo estuvo allí, estaba más preocupada en Luna que en él.

— Es muy linda. – le dije a Mauricio mientras miraba a Luna que seguía cerca de mí.

— Dicen que las cosas se parecen a su dueño. – arrojó en tono arrogante mientras me sonreía.

— Tendríamos que buscar a la mamá de Luna para comprobar esa teoría.

– le devolví con mi sonrisa de satisfacción, este tipo de situaciones me resultaban muy divertidas y Mauricio también lo disfrutaba, por lo que podía ver en sus ojos.

Mauricio dio tres zancadas hacia mí y me miró, podía sentir de nuevo ese imán que rodeaba nuestros cuerpos, algo dentro de mí que hacía que vaya hacía él, que lo abrazará, que tocará su rostro, sus brazos.

— Deberíamos empezar con el postre. – le susurré con temblor en mi voz, sentía mi garganta seca, trataba de controlarme, pero era muy difícil cuando estaba cerca.

— Me gustan los postres. – susurró, su miraba estaba dirigida a mis labios, los separé al darme cuenta, estaba nerviosa, muy nerviosa, quería que me besará, pero a la vez, no quería que lo haga, sí lo hacía, dañaría la amistad, lo que ya habíamos acordado, yo no quería una relación libre, no es lo que buscó, merezco más que eso.

Me giré y empecé a observar los ingredientes.

— Necesitaré un bol y un batidor de mano.

– le dije a Mauricio mientras miraba los ingredientes, no quería verlo, estaba muy nerviosa.

Él abrió unos cajones y me entregó lo que le pedí, empezamos a preparar, él lo hacía mientras yo le dirigía, me preguntaba constantemente sobre los pasos y yo le respondía sin problemas.

Finalmente colocamos la mezcla en el molde para después ponerlo en baño maría y lo dejamos en el horno. Ahora teníamos que esperar una hora.

— ¿Quieres que veamos una película? – preguntó Mauricio con una sonrisa, podía sentir su emoción por la crema volteada, estaba contento y eso me hacía feliz.

— Me gustaría. – le dije sonriendo.

Nos sentamos en el sofá, había una pequeña mesa de vidrio frente al sofá, colocó la laptop allí y empezamos a ver una película de acción de Liam Neeson, Luna vino hacia nosotros, se subió al sofá y se echó en el regazo de Mauricio, a los pocos minutos de la película estaba dormida y ronroneaba, vi de reojo que Mauricio le frotaba su barriga.

¿Cómo podía ser tan tierno? Una parte de mi quería ser Luna para sentir su mano sobre mí, pero otra parte me decía que era mejor así, tenía que protegerme.

— Iré a ver el horno. – le dije a Mauricio cuando sentía que mis pensamientos no paraban y ya no podía concentrarme en la película.

Me percaté que no faltaba mucho para que esté listo, así que le dije que en quince minutos terminaríamos, él miró su celular, supongo que para calcular el tiempo.

Me di cuenta que cuando estamos juntos, no usa su celular, solo somos nosotros, me gusta eso.

Me senté nuevamente a su lado, sentía su mirada en mi rostro, yo seguía viendo la película, pero mi corazón palpitaba muy rápido, miré de reojo entre mi cabello y corroboré que seguía mirándome, quería preguntarle...

¿Qué sucede? ¿Por qué me miras así? Pero nada salía de mis labios, no podía decirle nada, no tenía el valor.

No tenía la valentía de decirle que reconsiderará su idea sobre nosotros, que intentemos una relación formal, no quería sentir su rechazo otra vez cuando me dijera que solo buscaba algo libre.

Él no quiso que sacará el molde porque estaba caliente, dejó la crema volteada arriba de las hornillas de la cocina para que se enfriará y continuamos viendo la película, Luna ya se había ido, parece que fue al dormitorio de él.

Mauricio tomó mi mano, me sobresalté ante su tacto, él se dio cuenta, pero no comentó nada sobre eso, lo miré, él también me estaba mirando, solo había silencio, ninguno hablaba, solo nos mirábamos con las manos sujetadas.

— Yo...bueno, gracias por ayudarme hoy. – dijo Mauricio con malestar en la voz, sentí que quería decir algo más, pero cambió de opinión.

— Fue un placer. – le susurré.