¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 17 LA BELLA Y LA BESTIA
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CAPÍTULO 17 LA BELLA Y LA BESTIA

Es viernes, ya teníamos todo listo para la dramatización, yo sabía mis guiones, Román y José también, las vestimentas estaban listas, solo nos faltaba la valentía para usarlas y dramatizar para los niños.

— Realmente creo que no era necesario todo esto. – dice Román con pesar. La verdad que verlo sufrir de esta manera, me hace reír, hasta puedo tolerar ponerme ese vestido y hacer el ridículo frente a esos niños, con tal de ver su cara de molestia.

— Román, serás una bonita bestia, te conseguí un disfraz impactante. – dice Roxana con entusiasmo, era demasiado para mi autocontrol, no pude aguantar y empecé a reír a carcajadas, cuando Roxana dice que es algo impactante, significa escandaloso y llamativo.

— No te rías tanto, estoy esperando a ver tu vestido de Pikachu. – dijo Román con una sonrisa de autosuficiencia. Realmente este hombre es un dolor de ovarios, debería llamarse Andrés que viene una vez al mes, no Román, es como un cólico menstrual, un dolor de ovarios, eso es lo que es.

— Al menos no necesitarás una máscara... ¡Leomon! – le dije levantando un poco la voz. No lo soporto, saca lo peor de mí.

— Yo tendré que usar un bigote con canas y ustedes se quejan. – intervino José mostrando un gran bigote que tenía más pelos blancos que negros, no pude evitar reírme.

— Ahora sí. ¡Vamos! – exclamó Roxana. Ya no había escapatoria, solo me consolaba que mañana vería a Mauricio, haríamos crema volteada, conocería su departamento, no me agradaba mucho conocer las garras de Luna, pero tenía que demostrar valentía.

Una hora más tarde, estaba en el baño de la escuela con Roxana, ella me ayudaba a colocarme el vestido, peinarme y maquillarme.

Debo reconocer que el vestido era precioso, tenía un color dorado suave, las pequeñas mangas colgaban en la parte baja de mis hombros, el corsé resaltaba mi cintura y mis senos se veían bien, en el intermedio de ellos estaba un broche pintado de color oro en forma de rombo, la parte baja del vestido es pomposa, tenía tul debajo, lo que hacía que el volumen del vestido sea exagerado, para mi gusto.

Tenía que levantar un poco el vestido para poder caminar y no pisarlo, Roxana empezó a ondularme más el cabello con un rizador, le pedí que tuviera mucho cuidado en no quemarme el cuello con eso y solo se reía.

Minutos después me pintó los labios con un brillo de color rojo, mis párpados tenían un color crema y dorado, cuando Roxana se volteó para buscar los aretes, agarré un poco de papel y me quité un poco del color rojo de los labios.

— Sofía, te ves hermosa. – dijo Roxana abrazándome, estaba emocionada y eso me hacía sonreír. Realmente no me reconocía en el espejo, nunca pensé que personificaría a una de mis princesas favoritas.

— Tu magia dio resultado, gracias amiga. – le dije a Roxana con una sonrisa en los labios.

Finalmente llegamos al salón donde haríamos la actuación, estaba vacío porque los estudiantes llegarían en unos minutos.

Román y José ya estaban listos, ambos abrieron sus ojos cuando nos vieron a Roxana y a mí.

Roxana usaba un vestido no tan pomposo como el mío y de color vino, su cabello también tenía algunos rulos y su maquillaje en los ojos también era parecido al mío.

— Ya estamos listas. – dijo Roxana con una gran sonrisa.

No había comentarios de parte de ellos, estaban parados, viéndonos como si fuéramos unas extraterrestres.

Sí Román se atrevía a insultarme o al vestido, me valdría todo y le respondería muy mal.

Miré a José, estaba con un pantalón holgado color negro, un polo color verde oscuro y un abrigo de lana, al llegar a su rostro pude verlo usando el bigote, tenía que calmarme o me reiría.

A su lado estaba Román, traía un saco azul tipo pingüino con unos toques dorados en la costura, su pantalón era negro y su camisa blanca, cuando pude ver detrás de él, encima de una silla estaba la cabeza de la bestia, no se veía muy pesada, pero tenía que aguantar mi risa, sería difícil, pero tenía que intentarlo, inhale y exhale hasta poder calmarme.

Roxana comenzó a dar las indicaciones de lo que haríamos, el orden de los personajes, etc.

Los estudiantes vinieron y comenzamos con la dramatización, Roxana había dejado una cámara arriba de un mueble de libros para que grabará todo, José se encargaría de editar el vídeo y obtener las imágenes para presentarlas en clase.

Román se colocó la máscara y tuve que controlarme para aguantar la risa, sería difícil, pero tenía que intentarlo.

— Hija mía, regresaré pronto de la feria, deséame éxito con mi invento. – dijo José fingiendo voz de adulto mayor.

— Mucho éxito papá, te irá muy bien. – le dije dándole un abrazo y agité mi mano en señal de despedida.

Me fui a una esquina mientras José y Román se encontraban, José empezó a decirle a Román que se había perdido en el bosque, que tenía frío y hambre.

Román hablaba con voz gruñona como la bestia que era y le dijo que podía tomar lo que estuviera en el salón, había imágenes impresas de comida y una manta encima de una silla.

Al día siguiente, José sale del castillo para regresar a casa, pero ve muchas rosas en la entrada del castillo de la bestia, cogió una rosa pensando en su hija, al arrancarla, la bestia aparece y le reclama.

— Te ofrecí mi castillo, te di mi comida, mi abrigo y encima lastimas lo que más quiero. – le gritó con furia en los ojos la bestia a mi papá.

— Lo siento, solo quería llevarle esta rosa a mi hija, a ella le gustan las rosas rojas. – le decía mi padre que era José.

— Trae a tu hija o iré por ella. – dijo la bestia como una sentencia.

Aparezco en escena al ver a mi papá con una rosa en la mano y la preocupación en su rostro.

Él me comenta lo que pasó, le dije que no se preocupará, encontraríamos una solución.

Al llegar la noche y mi padre dormía, escapé de casa dejándole una nota que no se preocupara por mí, que solucionaría el problema con la bestia.

Fui al castillo y grité – ¡soy Bella, la hija del hombre que recibiste ayer! ¡Vengo a pagar la deuda de mi padre!

La bestia apareció y yo lancé un grito ahogado al verlo.

–Serás mi prisionera. – respondió la bestia.

Caí de rodillas ante lo que dijo, la bestia me tomó del brazo y me sentó en una silla diciendo que esa sería mi habitación, empecé a sollozar, pero solo podía pensar en que había salvado a mi padre y solo eso debía importarme.

— Los días siguientes, Bella empezó a recorrer el palacio, estaba aburrida, la bestia no hablaba con ella, ella vio unas puertas muy altas, quería entrar para descubrir que había dentro pero no estaba segura si podía hacerlo y también tenía miedo de lo que encontraría dentro de él hasta que escuchó la voz de la bestia.

– relataba Roxana modulando el tono de su voz para crear suspenso.

— Pensaba traerte aquí más adelante pero ya veo que te adelantaste. – dijo la bestia, abrió la puerta y estiró su brazo para permitir que entre, observé libros, muchos libros, estaba sorprendida, feliz de encontrar este tesoro.

— ¿Me dejarás leer? – le pregunté a la bestia con emoción pero a la vez miedo.

— Claro, puedes venir siempre que quieras. – dijo la bestia.

— Todo es tuyo, siempre ha sido tuyo. – añadió, lo miré con extrañeza a Román, lo último que añadió no estaba en el guion, me recuperé rápidamente y le agradecí para tomar el primer libro y comenzar a leer.

— Los días pasaron y la bestia le propuso un baile a Bella. – decía Roxana entonando su voz.

Román tomó mi mano derecha y puso su mano en mi cintura, yo puse mi mano libre en su hombro y comenzamos a girar, veía un poco de su cara detrás de la máscara, tenía que aguantarme la risa, debía estar ahogándose y sudando utilizando tanto tiempo esa máscara.

— ¿Por qué estás triste? – pregunta la bestia.

— Extraño a mi padre, no sé cómo está y me preocupa. – le dije a la bestia con voz ahogada.

Él me dio la espalda y dijo – te dejo libre, puedes volver con él, sí así lo deseas.

Yo coloqué mi mano en el pecho, sorprendida ante sus palabras, le agradecí y me fui a buscar a mi padre.

Lo encontré en casa, tratando de inventar algo, le expliqué que estaba bien, que la bestia era gentil conmigo, me había dejado en libertad, pero quería regresar con él porque estaba solo, mi papá se rehúso, pero pude convencerlo de regresar.

Al volver al castillo, fui a ver a la bestia y estaba tirado en el piso, corrí hacia él.

— ¿Qué te ocurre? ¿Qué te pasó? – le dije con preocupación.

— Regresaste. – dijo la bestia con dolor en su voz.

— Claro que regrese, quiero estar contigo, mi papá también vino, espero no te moleste que lo haya invitado. – le dije con voz triste y avergonzada.

— Solo me importa que estés aquí pero ahora debo dejarte. – dijo la bestia con agonía.

— ¡No me dejes! Yo...te quiero. – le dije mientras sostenía su mano y la ponía en mi mejilla.

— De pronto empezaron a aparecer luces de diferentes colores que envolvían a la bestia, la bestia se levantó del piso y al desaparecer las luces, desapareció el pelaje de la bestia y apareció un hombre, era un príncipe. – narraba Roxana.

— Bella, soy yo. – dijo la bestia.

Yo me quedé mirando sus ojos, los ojos de Román, ya se había quitado la máscara.

–Sí, eres tú. – le dije y corrí hacia él para abrazarlo, él también me abrazó.

— Y así Bella y la bestia vivieron en el castillo por siempre. – dijo Roxana levantándose de su silla.

Los niños empezaron a aplaudir muy fuerte, algunos profesores que aparecieron en el transcurso de la dramatización también aplaudieron.

Los niños se acercaron porque querían probarse la máscara de Román, las niñas se acercaban a tocar mi vestido, pensaban que era Bella y me preguntaba si había tenido niños con la bestia, no podía evitar reírme antes sus ocurrencias.

Un niño se acercó y abrió su mano, tenía un chocolate.

–Es para ti. – me dijo con sus mejillas sonrosadas, me dio tanta ternura que me regalará su chocolate que no pude evitar abrazarlo y le di un beso en su frente.

–Gracias, los chocolates son mis favoritos. – le dije con una sonrisa.

Después de muchas sesiones de fotos con los niños, risas ante sus ocurrencias, regresamos al baño con Roxana para volver a la realidad.