¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 16 INTENTAR O DEJAR
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CAPÍTULO 16 INTENTAR O DEJAR

Domingo en la tarde, mi cerebro no paraba de torturarme.

¿Por qué? Cuando por fin había encontrado alguien que me guste y resulta que yo también le gusto, pero no es suficiente para tomarme en serio.

Me hace pensar que tengo un problema, sin embargo, no puede ser, no tengo a nadie para hablar de esto, no puedo contarle a mi mamá, está preocupada con su viaje, ya se irá en un par de semanas, Roxana es mi amiga, pero no quiero preocuparla con estas cosas, ella está viendo el tema de los disfraces y seguro tiene cosas que hacer.

Necesito salir de aquí o enloqueceré, con esa decisión, me puse un vestido color vino con mangas largas culminaba en mis rodillas, unos botines negros, mi crema de peinar para darle forma a mis rulos y mi brillo labial rojo.

Una hora después estaba en un parque, su parque, nuestro parque, no sé por qué pensé que sería una buena idea venir aquí, solo me hace recordar más lo que nunca tendré...

a él. Con dificultad logré sentarme en el muro de ladrillos, recordé que él me cargo y por eso era más sencillo, empecé a ver el mar, el cielo estaba de color gris como mis ideas de un futuro con Mauricio.

Trataba de pensar y a la vez, pensaba que quizás ya no era necesario hacerlo, probablemente debería estar con alguien más en este momento, era evidente que no estaba solo, prácticamente me lo dijo.

¿Podría estar perdiendo mi tiempo pensando él, en nosotros?

No sé cuánto tiempo más paso, no revisaba mi celular, no escuchaba música, no estaba leyendo ningún libro, nada, solo estaba sentada en un muro mirando a la nada como buscando una señal, algo que me dijera que todo estaría bien, que ya había vivido muchos años sin pensar en estar con alguien, que podía volver a eso y seguiría igual pero no había nada, no llegaba nada, mi frustración comenzaba a aparecer y con ella, el ardor en mis ojos se presentaba, cerré mis ojos con fuerza, regañándome internamente.

¡No debes llorar! Menos por alguien que no quiere lo mismo que tú, es un país libre Sofía, cada uno decide como quiere vivir, no puedes pretender cambiar eso o esperanzarte a que reconsiderará.

Comencé a observar el cielo, se estaba tornando rojizo, el atardecer se hacía presente, recordé otra vez a Mauricio, como veíamos el atardecer en nuestro primer encuentro, me regañé de nuevo por recordar eso porque creaba una esperanza dentro de mí, una esperanza que no debería existir, yo sé en el fondo que esto no funcionará, pero a la vez, quiero que funcione.

— Una parte de mi quería encontrarte aquí. – dijo la voz grave, me sobresalté al escucharlo. Debía ser mi mente que me juega una mala pasada, que me tortura, no puede ser él, no voltearé, no quiero decepcionarme, seguiré mirando el atardecer.

— Sofía, no quiero perder tu amistad, al menos dame eso, por favor, piénsalo.

– escuché otra vez su voz, esto era demasiado real, mi mente se estaba perfeccionando en métodos de tortura.

Cerré mis ojos con fuerza, pensé que eso ayudaría a no escuchar más su voz en mi cabeza, porque tenía que estar en mi cabeza, no podía ser él, no podía estar aquí, justo ahora, no era posible.

Mientras tenía mis ojos cerrados, sentí el calor de su mano tocar la mía, abrí lentamente mis ojos y vi nuestras manos enlazadas, era la de él, estaba segura, lo miré y él me estaba mirando.

— ¿Qué haces aquí? – le dije en tono bajo, sintiendo el dolor en mi pecho mientras le preguntaba.

— Te dije que venía aquí a pensar, tenía la esperanza de encontrarte aquí pero no sabría si vendrías. – articuló con dolor en su voz. ¿Acaso el sufría lo mismo que yo?

— ¿Entonces quieres mi amistad? – le pregunté con lo poco que quedaba de mi voz.

— Al menos eso, no quiero dejar de verte.

Sofía has traído algo a mi vida, no sé cómo explicarlo, eres demasiado buena, a veces pienso que eres un ángel, no sé quién te envío, no sé sí estábamos destinados a conocernos, pero no quiero dejar de verte.

Sé que soy egoísta, quizás solo estoy pensando en mí, pero piénsalo.

– podía escuchar el ruego en su voz, mi cerebro me provocaba dolor, sentía que ese dolor se expandía a mi cuerpo, no sabía que decirle, miré mi mano que seguía enlazada a la suya, recordé por unos segundos nuestros momentos, conocía mi respuesta, claro que la sabía, no podía negar lo que deseaba.

— Está bien Mauricio, seremos amigos, yo tampoco quiero perder tu amistad, no dejaremos que un gusto arruiné esto. – le dije con decisión, realmente no sé si funcioné, pero quiero intentarlo, siento que al menos debo intentar, no quiero arrepentirme.

Mauricio me mostró su sonrisa más grande, me tomó de la cintura, me elevó hacia él y me abrazó con fuerza, podía sentir sus brazos, su olor a lavanda, el palpitar de su corazón.

¿Cómo puedo ser tu amiga mientras me siento así?

Esto no será fácil, pero debo intentarlo.

En un microsegundo recordé que usaba vestido y él todavía me tenía cargada.

— ¡Mauricio! ¡Bájame! ¡Traigo puesto un vestido!

– le dije con la voz exasperada. Inmediatamente puso mis pies en el piso, y me alisé el vestido, cuando levanté mi vista, podía ver que miraba de pies a cabeza, esa no era una mirada que le dabas a una amiga, podía ver el deseo en sus ojos a pesar que estaban ocultos detrás de sus lentes, podía verlo, mis mejillas se pusieron rojas, podía sentir lo que él sentía y yo también al verlo.

— Es la primera vez que te veo usando un vestido, te ves...hermosa. – dijo con un tono de voz que no había usado antes. Mis mejillas estaban más rojas que antes ante su halago.

— Gracias. – le dije agachando la mirada y colocando un rulo detrás de mi oreja.

— ¿Cómo va el tema con tu mamá y su viaje? – preguntó Mauricio haciendo un gesto de desaprobación con sus labios, sé que no le agrada que mi mamá se vaya y yo tenga que quedarme, pero esa es la situación que es.

— Algo estresada, lo bueno es que ya tiene sus maletas, le falta comprar algunas cosas que llevará, pero ya en un par de semanas estará viajando. – le dije en tono amable haciendo caso omiso de su disgusto.

— Ya veo. ¿Cómo harás con tu comida, la limpieza y esas cosas? – preguntó preocupado.

— No me preocupa eso, solo organizaré mejor mi tiempo, sé cocinar, limpiar, hasta hago postres, además no es la primera vez que me quedo sola, mi mamá ya ha viajado anteriormente. – le dije en tono tranquilo.

— Yo no sé hacer postres, no me quedan bien. – dijo Mauricio con pesar.

— Cuando quieras puedo enseñarte. – le dije ofreciendo una sonrisa amable.

— Gracias dulce Sofía. Eso me gustaría, podría ser crema volteada. – dijo sonriendo, realmente le gustan los dulces.

— Pues haremos una dulce crema volteada. – le dije con emoción en mi voz.

— ¿Te parece bien si lo preparamos en mi casa?

– preguntó con un poco de duda, sin mirarme a los ojos.

Lo pensé y él solo estaba con Luna que era su gata, no podía llevarlo a mi casa, mi mamá aún estaba allí, además que yo no llevo visitas a casa, ni mujeres ni hombres, siempre somos mamá y yo, no había muchas opciones.

— No hay problema. Cuando puedas, me dices para ir, vamos a alguna tienda cerca a comprar los ingredientes y hacemos la crema volteada.

– murmuré con la mayor tranquilidad posible, pero sentía como palpitaba mi corazón con rapidez al pensar en estar solo los dos en su casa, pero somos amigos, no debía ser algo incómodo, solo amigos, amigos que se ayudan, es normal.

— La próxima semana sería, si te parece bien. – sugirió mirándome.

— Me parece bien, podría ser un sábado o domingo. – le dije, ya que con el cuento que teníamos que hacer de la universidad, estaría ocupada durante la semana.

Nos quedamos unas horas conversando sobre cómo es la receta de la crema volteada, como se portaría Luna con mi llegada, no le dije sobre mi temor a las garras de los gatos ni sobre la dramatización de la bella y la bestia que haría.

Él me contó que vivía en un departamento pequeño del quinto piso, no había ascensor, pero ya se había acostumbrado.

No me molestaba la idea de subir varios escalones, estaba en la universidad, no siempre puedes utilizar el ascensor cuando hay tantos estudiantes.

Mauricio me acompañó a la estación del bus, ya era de noche y tenía que regresar a casa, mientras mi mamá esté en casa, prefiero no preocuparla, cuando ella se iba de viaje, solía irme a casa de Roxana para hacer pijamada, pero ya no la visitaba hace mucho tiempo.

— Nos vemos Mauricio. – le dije dándole un abrazo rápido, no quería quedarme más tiempo rodeándolo con mis brazos porque complicaría nuestra situación de amigos.

— Cuídate, Sofía. – dijo, sentí sus labios besando mi cabello. ¡No lo haces más fácil, Mauricio! Le gritaba en mi mente.

Me senté en el bus, y era como recordar nuestro primer encuentro, él estaba parado viéndome, yo podía verlo por la ventana y ambos levantamos nuestras manos para agitarla en señal de despedida hasta que el bus comenzó su rumbo alejándome de su rostro.