¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 15 NO ES LO QUE ESPERABA
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CAPÍTULO 15 NO ES LO QUE ESPERABA

Sábado en la mañana, ya había desayunado, no sabía nada de Mauricio en toda la semana, como sí la tierra se lo hubiera tragado, nada de mensajes ni llamadas desde hace una semana, quería escribirle yo, llamarlo quizás, no lo sé.

Estaba mirando mi celular con indecisión hasta que comenzó a vibrar en mi mano, la pantalla se iluminó y apareció su nombre, mi corazón enloqueció de la impresión, le contesté lo más rápido que pude.

— Hola Mauricio. – le dije sonriendo.

— Hola Sofía. ¿Podemos vernos más tarde? – dijo suspirando, como si estuviera agitado.

— Si, claro. ¿Dónde? – le pregunté.

— Te veo en la playa. ¿Está bien a las tres de la tarde? – preguntó, sonaba apurado.

— Claro, estaré allí. – le dije en tono amable.

— Bien, nos vemos. – y colgó la llamada.

Me sentí extraña, no sabía nada de él, ahora sé de él, pero es como si fuera otro Mauricio, frío, distante, como si tuviera problemas. Me propuse descubrir que era lo que lo tenía así y lo haría hoy, en la playa.

Minutos antes de las tres de la tarde estaba sentada en la vereda mientras veía el mar, el cielo gris, el viento agitaba mis rulos y tenía un poco de frío por eso.

Traía puesto una blusa negra de encaje, jean azul y un saco del mismo color que mi blusa, me había puesto un brillo de color rojo y mi bloqueador solar.

Estaba contemplando el paisaje mientras esperaba que Mauricio llegará, apoye mis manos en la vereda, erguí mi espalda y cerré mis ojos para poder sentir la brisa en mi rostro, realmente es relajante esta sensación.

— ¿Meditando? – dijo una voz grave que conocía a la perfección.

Abrí mis ojos rápidamente y me giré para verlo, es él con su pantalón negro y su camisa manga larga a cuadros color azul, parece que estamos uniformados, no pude evitar sonreír.

–Hola Mauricio. – le dije.

Mauricio se sentó a mi lado y empezamos a ver la vista, era nuestra primera vez en el mar, no era una tarde para bañarse, pero el solo estar aquí, ambos, observando, era realmente romántico.

— ¿Cómo has estado? – preguntó Mauricio en un tono calmado.

— Ha sido una semana...productiva, estuvo bien. ¿Qué hay de la tuya? – inquirí, no quería contarle de que sería Bella, al menos no por ahora.

— He estado pensando. – respondió sin mirarme, algo le preocupaba, podía notarlo.

— ¿Qué sucede? – le dije sin rodeos.

— Es que... tenemos que hablar. – dijo agachando la mirada a sus manos, sus pulgares jugaban en su regazo. Realmente me estaba preocupando, él no suele portarse de esta manera.

— Te escucho. – le dije mirándolo, a pesar que él no me veía, no sé si miraba el cielo o el mar, pero su mirada estaba fija al frente.

— Me gustas. – dijo sin mirarme, mi corazón enloqueció ante su afirmación, no esperaba que me lo dijera ahora, quería decirle que yo también, que es la primera vez que a mí también me gusta alguien, que quería estar con él, pero continuó hablando y yo en silencio.

–No sé si sientas lo mismo por mí, pero tengo que decirte que no te puedo dar lo que te mereces. – tomo mis manos con las suyas, yo no podía decir nada, estaba en conmocionada. ¿Por qué diría algo así? ¿De qué me perdí?

— ¿Podrías explicarme a qué te refieres? – le dije con la poca voz y energía que me quedaba.

— Eres maravillosa, te mereces a alguien que te de todo y más, pero yo no puedo darte lo que mereces, me gustas, es verdad, pero no puedo ofrecerte una relación...

formal. – dijo mirando nuestras manos, sentía el ardor en mis ojos, ese era el problema, nos gustamos, pero él no quiere una relación formal, como casi todos por no decir, todos. ¿Qué puedo hacer ante eso?

— ¿Por qué no quieres una relación formal conmigo? – le dije en tono bajo, sentía que el corazón se me desgarraba por dentro, mi orgullo estaba volando por los aires, lo dejé irse para poder preguntarle esto, realmente necesito saber. ¿Por qué?

— No se trata de ti, soy yo. No quiero tener una relación formal con nadie, he estado así por mucho tiempo, supongo que me acostumbré. No te pido que aceptes, pero piénsalo. – dijo Mauricio en tono conciliador.

— ¿Qué es lo que quiere que piense? – le dije buscando su mirada, necesitaba que lo diga, palabra por palabra, sin rodeos.

— Sobre nosotros, nuestra amistad, no quiero perder tu amistad, solo quería decirte que no tendré una relación formal. – dijo sin titubeos.

— Supongo que tampoco practicas la exclusividad. – le dije con desdén.

— No. – dijo tajante. Soy una tonta, claro, solo yo podía pensar que por unas salidas románticas ya había encontrado la oportunidad de compartir mi felicidad con alguien, ahora estoy en mitad de la nada escuchando como me terminan sin ni siquiera haber comenzado una relación. ¡Fantástico! ¡Bravo Sofía!

— Gracias por decirme esto, lo aprecio. – le dije con lo poco de dignidad que me quedaba en el cuerpo.

— Lo siento Sofía, de verdad me gustaría ofrecerte más, lo vales.

Yo...soy un idiota. – dijo con tono de reproche.

Si, quizás eres un idiota, pero yo también por seguir aquí sentada escuchándote cuando debería irme y no verte más, sin embargo, mi cuerpo no responde, soltar sus manos me resulta insoportable, no toleró esto, es demasiado, la presión en mi pecho está provocando un nudo en mi garganta lo que conlleva a que no pueda respirar.

— ¿Qué es lo que quieres de mí? – le dije sin poder mirarlo, no podía, no me haría responsable de mis acciones sí lo veía.

No nos hemos besado, nunca podré saber cómo es besar sus labios, no puedo tener una relación libre, yo nunca he tenido ese tipo de relación, además no es capaz de tener exclusividad, me estoy enfrentando a algo que sé que terminará mal.

— Quiero seguir viéndote, conocerte más, que seas mi amiga, pero no quiero mentirte, me gustas...mucho. – dijo con una expresión de dolor.

— Te gusto, pero no quieres tener una relación ni formal ni exclusiva conmigo. ¿Es correcto? – le dije repitiendo lo que me dijo para que se dé cuenta lo absurdo de la situación.

— Si. – dijo, podía sentir su mirada por el rabillo de mi ojo, no lo miraría, sé que no tendría la fortaleza ni determinación sí lo hacía.

— Está bien Mauricio. Te agradezco que me hayas dicho esto, pero ahora debo irme, es tarde.

– le dije mientras sacaba mis manos de su agarre, levanté una pierna y después la otra en sentido opuesto para ponerme de pie, me sacudí la ropa y me erguí, logré ver que él también estaba haciendo lo mismo, no quería verlo, no quiero verlo, me repetía constantemente.

–Adiós Mauricio. – le dije sin verlo y empecé a caminar de regreso.

Esto no es lo que esperaba, cuando quedamos en vernos en la playa, pensé en tantas cosas, entre ellas estaba que me diga que le gustaba, pero no de esta manera, no se suponía que debía terminar así, no debía decirme que solo quería una relación libre o abierta o como le llamen, no debía ser así.

Sentía otra vez ese ardor en mis ojos que me indicaban la llegada de las lágrimas, inhale y exhale hasta calmarme, no derramaré lágrimas, me prometí no hacerlo hace mucho tiempo, lo he mantenido, no cambiará ahora, menos por una situación así.

Tengo que alejarme de Mauricio, es lo mejor.

Mauricio, no eres lo que esperaba.