¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 12 ME SORPRENDES
27%

CAPÍTULO 12 ME SORPRENDES

— ¿Podemos bajar para ver a los peces? – le pregunté a Mauricio, realmente quería acercarme.

— Claro, vamos por aquí. – me tomó del brazo nuevamente y caminamos al final del puente, bajamos los escalones y ya estábamos cerca al lago.

Miré a Mauricio con mucha emoción en mis ojos, realmente me encantaba este lugar, cada lugar que hemos ido, es como si intentará superar cada vez nuestros momentos.

–Realmente es muy hermoso todo esto. – le dije mientras sonreía.

— Tienes razón, ver esto hasta hace que me dé remordimiento comer pescado. – dijo Mauricio en un tono burlón.

— Yo no como pescado. – le respondí en tono firme.

— ¿Nunca? – se giró a verme con una expresión de sorpresa.

— Desde hace 4 o 5 años que ya no como pescado o mariscos, ningún animal del mar, supongo que volver a ver La sirenita de adulta, me volvió sensible.

– le dije en un tono bajo mientras veía a los pescados.

No había mucho ruido, la gente ya se estaba yendo, pero con la risa de Mauricio, creo que la poca gente que quedó empezó a mirarnos y yo también lo miré, realmente se está riendo con ganas.

— ¿Qué es tan gracioso? – le pregunté con un gesto de extrañeza.

— ¿De verdad no comes nada del mar por esa película? – me preguntó con la mayor incredulidad posible.

— Principalmente, además no toleró ni siquiera ver la pesca, mucho menos podría cortar un pescado o comerlo, es demasiado para mí. – le dije mientras movía mi cabeza de derecha a izquierda con desesperación ante la idea de imaginarme eso.

— Entonces...¿Eres vegetariana? – preguntó frunciendo el ceño.

— No, pero si hay varios animales que prefiero no comer – le respondí.

— ¿Cómo cuáles? – preguntó con curiosidad.

— Aparte de los animales del mar, el pato, cordero, cuy, conejo, pavo, en otros países comen venados, alpacas, tampoco comería eso. – le respondí sintiendo escalofrío en mi cuerpo.

— Me sorprendes Sofía. – le pregunté sí era en un buen sentido y me dijo que si, haciendo que me quitará un ligero peso de encima, he tenido algunos inconvenientes en reuniones de comida por mis preferencias de alimentos, pero él no me juzga, al menos no lo demuestra.

Ya era muy tarde, casi las diez de la noche, tendría que tomar taxi para regresar a casa, sé que mi mamá llegará en la madrugada porque debe estar en su fiesta, pero tampoco me agrada la idea de llegar tan tarde a casa, parece que Mauricio se dio cuenta al ver mi preocupación cuando vi la hora en el celular porque me preguntó sí ya quería regresar a casa.

— Me gustaría quedarme aquí, es muy relajante pero ya es un poco tarde. – le dije agachando la mirada con un poco de pena porque realmente quería quedarme más tiempo.

–Vamos caminando hasta la plaza y te pido un aplicativo de taxi para que llegues sana y salva a tu casa. ¿Te parece bien? – me dijo en un tono tan amable que sentía mi piel de gallina mientras sostenía mis manos. ¿Cómo podía ser tan dulce y atento?

— Es una buena idea, gracias. – le dije sonriendo.

Estuvimos caminando de la mano, veinte minutos después estábamos en la plaza, me dijo que pediría el aplicativo de taxi, pero insistí en pedirlo yo, ya que tengo mi dirección guardada en el celular y sería más rápido, él también pidió su taxi en el celular para regresar a su casa.

Nos sentamos en una banca recordando todo lo que habíamos hecho y nos reíamos de las bebidas con plantas, de mi gusto por La sirenita y de nuestra resistencia para caminar tanto sin cansarnos.

Unos minutos después mi taxi había llegado y el de él también, me acerqué para despedirme y agradecerle por todo lo que había hecho hoy, él agacho su cabeza y puso sus labios cerca de mi oído.

–Fue un placer, linda Sofía, gracias a ti por acompañarme.

– sus palabras me causaron escalofríos y regresó a su postura recta, creo que mi rostro se tornó rosado ante eso, mis piernas no tenían la misma fuerza, sentía un fuego en mi interior cuando se acercó tanto a mi espacio, sintiendo el calor cerca de mi oreja cuando me habló.

— Ya...ya tengo que irme. – le dije con un poco de tartamudez, él sabía lo que me provocaba, parecía disfrutarlo, me daba cólera no generar ese efecto en él, apuntaba mentalmente ser más fría para que no notará mi nerviosismo.

Cuando me giré en dirección a mi taxi que ya llevaba un par de minutos detenido, sentí un jalón en mi brazo que me hizo dar vuelta y terminar en su pecho que era fuerte y cálido, ahogué un grito de sorpresa ante eso, respiré su olor a lavanda y eso fue todo para trasportarme a mi mundo de felicidad.

— Espero poder verte pronto, dulce Sofía, por favor, escríbeme cuando llegues a casa, me dejarías más tranquilo si lo hicieras. – sentí sus labios en la parte superior de mi cabeza, podía sentir un poco de aire como si oliera mi cabello, eso me hizo avergonzarme, pero tenía que responderle.

— Te escribiré al llegar a casa, por favor, tu haz lo mismo. Gracias por todo lo de hoy. – le dije soltándome de su agarré, caminé hacia mi taxi y cuando abrí la puerta, levanté mi vista y él seguía allí, levanté mi mano derecha y la agité para despedirme de él.

–Señor Castaño, tu taxi lo espera impacientemente.

– le dije moviendo mi pulgar hacia atrás en dirección al taxi mientras le sonreía e ingresaba a mi taxi, pude ver que ya estaba caminando en dirección al suyo, por el espejo retrovisor vi que entro al taxi y eso me generó tranquilidad con una sonrisa en mi rostro.

— Disculpé la demora, señor. – le dije al taxista que debía tener unos cincuenta años, tenía algunas canas y arrugas cerca a sus ojos.

— No se preocupe señorita, yo también tuve mi etapa de novios y sé que es difícil despedirse. – me respondió con una corta risa y yo sentía mis mejillas coloradas.

— No, yo no, él no es mi pareja, solo somos amigos. – le dije con mucha rapidez y avergonzada.

— ¿Amigos? ¿Cómo esos amigos con derechos que los llaman ahora? – preguntó el señor con extrañeza y un gesto que podría decir de desagrado.

— No señor, amigos solamente, nada de derechos o beneficios o esas cosas. – le respondí aclarándole mientras él seguía manejando.

— Me sorprende señorita, porque realmente lucen como una pareja que se quieren. – respondió mientras nuestras miradas se cruzaban en el espejo retrovisor.

— ¿Pareja? No, en realidad nos conocemos hace poco tiempo. – me daba vergüenza decirle que fue hace una semana.

— No me sorprendería que terminen juntos, como taxista he visto muchas cosas, sí le contará, pero le puedo asegurar que él no la ve solo como una amiga.

– me dijo el taxista con una seguridad que realmente me perturbaba y a la vez sentía mi corazón hinchándose en el pecho ante la idea de que Mauricio sintiera algo por mí, no solo como amiga.

— No lo sé señor, me daría pena perder su amistad por algo que no sé si funcionará. – le dije con tono triste, a pesar que Mauricio provoca muchas cosas en mí, me dolería perderlo, estos momentos, él, todo.

— ¿Le puedo dar un consejo, señorita? – me preguntó el taxista buscando mi rostro en el espejo retrovisor.

— Si, por favor, usted tiene más experiencia que yo, sería de gran ayuda. – le respondí con mucha honestidad.

— "A veces es mejor sufrir por haber sido lastimado que no sentir nada por no haber actuado" – dijo entonando su voz, mi cerebro proceso cada una de sus palabras, haciendo que escuchará un clic en mi mente, yo siempre intentaba protegerme, alejo a las personas para no salir lastimada y eso hizo que tenga las mismas amistades, así como perder nuevas, cuánta razón tenía en su reflexión.

— Señor, realmente es usted muy sabio, le agradezco mucho su consejo, me ha hecho analizar y recordar mis actitudes, a veces mi precaución me ha llevado a esconderme, alejarme, pero quizás no fue la mejor opción. – le dije reflexionando.

— Usted es joven, tiene toda una vida por delante, quizás con este joven se dé algo, quizás no, yo creo que sí, soy hombre y puedo ver cuando hay un interés de mi especie, aun así, sí él no es para usted, encontrará a alguien que no tenga solo usted que arriesgarse, si no él también. – dijo en un tono muy seguro.

— Un 50/50. – le dije curvando mi labio.

— Así tiene que ser señorita, además, usted es muy bonita, no le van a faltar hombres que quieran darle todo y hacerla feliz. – dijo con seguridad. Me sonrojé un poco ante su comentario, si supiera mi historial de romances no pensaría como tal.

— Es más valioso cuando te quieren por como eres que por cómo te ves. – le respondí en un tono desesperanzador porque en la actualidad, entre más proporcionadamente estes físicamente, más llamas la atención, quizás no garantiza un futuro a largo plazo con alguien, pero hay más opciones.

— Totalmente, pero usted es una persona inteligente, seguro está estudiando. – respondió muy seguro.

— Estoy en la universidad, estudió literatura. – le dije mientras lo veía en el espejo.

— No le digo, este trabajo ya me ha enseñado a leer a las personas. – dijo riéndose. Yo también me reí ante su afirmación, este señor me está haciendo considerar muchas cosas que no hacía antes.

— Dudo que se aburra, debe tener muchas anécdotas. – le dije.

— Uy señorita, he escuchado y he visto de todo, sobre todo para los que trabajamos en la noche, se ve cada cosa. – afirmó levantando sus cejas como si recordará las cosas que ha visto.

— Me imagino que sí, a mí no me gusta regresar tan tarde a casa, pero no me percaté de la hora. – le dije riéndome avergonzada y rascándome la cabeza mientras agachaba mi mirada.

— No se preocupe, ya estamos cerca, además no es tan tarde. – me dijo en tono tranquilizador.