¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 10 EL ROMANCE EXISTE
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CAPÍTULO 10 EL ROMANCE EXISTE

Mauricio aguardaba por mi respuesta, giré mi mirada hacia el callejón y vi que al fondo había pequeñas luces que irradiaban arriba de una puerta, parecía un letrero. Quizás, si había un restaurante después de todo por aquí, suspiré cerrando mis ojos por unos segundos y volví a verlo.

— Está bien Mauricio, vamos al restaurante.

– espero no arrepentirme de esta decisión, yo no entrego mi confianza a la ligera, pero realmente quería creer en él, así que caminamos tomados de la mano y se detuvo en esa puerta que tenía luces por el letrero, leí rápidamente "Vegetarian Pizza" ¿Pizza vegetariana?

¿No recuerda que comí pizza con jamón y tocino la semana pasada?

¿Luzco como alguien que es vegetariana o quiere serlo?

¿Él es vegetariano? No, él comió la misma pizza que yo.

La señora que estaba en la entrada de la puerta nos dio la bienvenida con una sonrisa.

— Buenas noches. ¿Mesa para dos? – nos preguntó, yo me mantuve en silencio mientras miraba las paredes, tenían enredaderas de plantas pegadas en las paredes con pequeños focos amarillos que las rodeaban, sus paredes eran de color amarillo claro, realmente era un lugar acogedor.

–Buenas noches, tengo una reservación a nombre de Mauricio Castaño. - escuché a Mauricio responder. ¿Reservación? Realmente tenía esto muy planificado. La señora sonrió ampliamente y se dirigió a él.

–Señor Castaño, permítame guiarlos a su mesa, es por aquí.

– caminamos detrás de ella, seguíamos tomados de la mano, cuando ingresamos a la sala del restaurante me quedé impresionada, no podía creer lo que veía, había pocas mesas, las conté rápidamente y solo había 8 mesas, pero lo que más me impresionó es que la mayoría de su clientela eran parejas, sus mesas tenían una vela encendida y un florero con una rosa, las paredes mantenían las enredaderas de plantas con las luces como en el pasillo, al fondo había un árbol.

¿Cómo podía haber un árbol dentro de un restaurante?

Tendría que ser artificial, seguro que sí.

La señora nos guio a una mesa vacía, tenía un sofá muy amplio, nos sentamos en él y miré la mesa, había un pequeño cartel que decía Señor Castaño (2 personas), sonreí ante eso, realmente este lugar es impresionante, pero no estaba preparada para lo que seguía.

Se acercó una azafata sonriendo, retiró el pequeño cartel de la mesa y colocó una vela, sacó un encendedor de su mandil y la encendió, después puso el florero color blanco con una rosa roja dentro de él, me percaté que las otras mesas tenían la misma temática, pero las rosas que estaban en esa mesa eran blancas, solo nuestra mesa tenía la rosa roja que es mi favorita.

¿Será coincidencia? Bueno, es una hermosa coincidencia.

La azafata nos dejó la carta y yo no podía ocultar mi asombro y sonrisa, este lugar es lo más romántico que jamás soñé, ni en todas mis lecturas esperaba imaginarme una cena así.

¿El romance existe? Sentía un ligero ardor en mis ojos, me di cuenta que tenía ganas de llorar ante esta escena, pero yo no lloro, al menos no delante de las personas.

Mauricio empezó a hablarme haciendo que trajera mi mente al presente.

–¿Te gusta? Sí no te gusta, podemos ir a otro lugar, pero realmente quería traerte aquí.

– lo miré y veía incertidumbre en su mirada, esperaba pacientemente mi respuesta, cerró la carta como diciendo que no tenemos que pedir nada, podemos irnos si quieres y sonreí ante la idea de escuchar su voz en mi cabeza.

–Mauricio, este lugar es precioso, disculpa por lo que pasó hace un rato, no debí reaccionar así.

Quiero que nos quedemos aquí, si aún quieres.

– le dije esto último agachando mi mirada por la vergüenza, después de todo lo que había pasado, él pudo decirme que me acompañaba al paradero del bus y se acabaría todo, pero no fue así, espero pacientemente hasta que me decidiera.

–No tengo nada que disculparte, sé que el aspecto por fuera no es el mejor, pero es como un diamante en bruto, su interior vale la pena, aunque su exterior no lo demuestre.

– explicaba mientras tomaba mi mano, me quedé anonada ante su descripción, es un hombre inteligente sin duda, tenía razón, este lugar es realmente hipnotizante, bello, pero su exterior no invita a querer conocerlo.

— Tienes razón, gracias por traerme aquí, por todo esto. – le dije extendiendo mis brazos al aire – es más de lo que esperaba, es realmente hermoso.

— Me alegra saber que te gusta, además que venden pizza. – me dijo mientras sonreía y me empujaba ligeramente con su hombro al mío, no pude evitar sonreír y mover mi cabeza de lado a lado por su comentario.

— Bueno, miremos que hay por aquí. – dijo abriendo la carta nuevamente, yo no entendía mucho, eran pizzas vegetarianas, nunca había comido una, revisé las imágenes para darme una mejor idea, una tenía avocado con unas semillas negras encima, le dije que mientras tenga avocado, podía comer lo que fuera y él empezó a reír conmigo diciendo que también le gustaba el avocado.

Finalmente escogimos cuatro tipos de pizzas, había tomates, aguaymantos, hongos, avocado y otros insumos que no conocía, pero al parecer, él sí.

No tardaron mucho en traernos las pizzas y me dijo que probará un poco de cada una, le hice caso comenzando por la pizza con avocado, después de haber probado todas las pizzas, me di cuenta que realmente estaban muy buenas, incluso la masa del pan que no tenía gluten tenía buen sabor.

Mauricio me miraba mientras comía, como tratando de describir mis gestos, al terminar de probar, comencé a beber un líquido de color rosado, tenía unas hojas dentro de él, cuando regresé el vaso a la mesa pude observar que no solo eran hojas, si no que había un tallo dentro de la bebida que era de donde salía las hojas, realmente espero no terminar en emergencia después de esto.

Mauricio empezó a comer las pizzas y a beber el mismo líquido que yo, no lo noté preocupado, disfrutaba lo que comía y bebía, se notaba que no era la primera vez que venía aquí y eso me hizo pensar en cosas que normalmente le llamarían celos, pero en mi caso, era improbable, yo no sentía celos de nada ni de nadie, ni con mi mamá o Roxana que era mi amiga por años, cuando a veces sale con sus amistades o cuando tenía novios, nunca me sentí mal o aislada, así que no podía sentir celos ahora.

— ¿Vienes aquí con mucha frecuencia? – le pregunté arrepintiéndome al segundo de lo que había dicho. ¿En qué estaba pensando?

— Es la segunda vez que vengo. – respondió mientras regresaba a la mesa su bebida rosada.

— Realmente es un hermoso lugar, no lo conocía. – le dije y mastiqué la pizza con tomate esperando que dijera algo más, hubo silencio por varios minutos, seguíamos comiendo, normalmente me gusta el silencio mientras como, no me gusta estar hablando en ese momento, pero quería saber más.

— Fue con mi mamá. – dijo Mauricio mientras miraba la pizza. No entendí a que se refería, estaba distraída con mis pensamientos, como siempre.

— ¿Qué cosa? – le pregunté mirándole a los ojos.

— La primera vez que vine aquí, fue con mi mamá, ella es vegetariana, fue hace un par de años, como ella no está aquí, no quise regresar aquí, pero después...

- se quedó callado, no dijo más, así que lo miré para saber por qué se había detenido y me estaba mirando, luego empezó a comer.

¿Después qué? Quería preguntarle, me dejaba con incertidumbre, mi curiosidad estaba gritándome por dentro, protestando ante su silencio.

— Me gusta que hayas querido venir conmigo aquí, me gusta mucho este lugar, debo admitir que es lo más romántico que he vivido hasta ahora. – le dije soltando una risa nerviosa, el comenzó a mirarme, sonriéndome y yo le devolví la sonrisa.

— Durante la semana pensaba en que nos veamos de nuevo, quería que fuera especial y recordé este lugar, me alegra que te guste tanto como a mí. – dijo con su voz calmada y grave.

Terminamos de comer, yo ya no podía más y creo que Mauricio tampoco, empecé a sentir mis párpados pesados invitándome a dormir, esto solo me pasa cuando disfruto demasiado de lo que comí y realmente lo había disfrutado. Mauricio me miró y empezó a reír.

— ¿Tienes sueño? – me dijo tratando de aguantar la risa, no pude evitar hacer un puchero de molestia ante su burla.

–No seas molestoso. – le dije mientras cruzaba mis brazos en mi pecho.

— Ven aquí. – dijo Mauricio, yo lo miré extrañada.

¿A dónde debo ir? Ya no pude pensar más, él se acercó y me rodeó con su brazos alrededor de mi cintura y puso su mentón encima de mi cabeza, cerré mis ojos y pude oler la lavanda, creo que ahora sí puedo dormir pensaba mientras él seguía abrazándome, no quería que me soltará, levanté mis brazos y rodeé su cintura, estábamos abrazados en el sofá, el tiempo se había detenido, solo somos él, yo y nuestra cena romántica, la más romántica que podría haber existido.

No debo llorar me regañaba mentalmente, se preguntará por qué lloras y qué le vas a decir.

Inhale para poder oxigenar mi cerebro, pero solo podía oler la lavanda, no me ayudaba a pensar con claridad, no hablábamos solo estábamos abrazados, no nos importó los otros clientes que estaban comiendo en sus mesas.

— Quiero seguir viéndote, Sofía. – me dijo en tono suplicante, sentía que su corazón latía con rapidez y él mío le respondió de la misma manera cuando escuchó su deseo.

— Yo también, Mauricio. – le dije con voz entrecortada, sentía mi garganta seca, me costaba respirar.

Fue quitando fuerza a su abrazo y levantó su mentón de mi cabeza, se alejó y extrañé su tacto al instante, quería que volviera a abrazarme, pero no lo hizo, tomó mis manos, agradecí mentalmente por eso.

— Aún quiero llevarte a otro lugar. ¿Le tienes miedo a las alturas? – preguntó enarcando su ceja izquierda.

No le temo a las alturas pensé sin responder en voz alta, he viajado en avión, me gusta viajar, algún día me gustaría subirme a un teleférico y parapente, pero no estaba segura a que altura podría referirse, además que ya era de noche.

¿Qué planes tienes ahora, Mauricio?

Nota: avocado es palta o aguacate.