¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 9 LA DESCONFIANZA
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CAPÍTULO 9 LA DESCONFIANZA

Ya estaba comenzando el fin de semana, es viernes, los últimos días nos dedicamos con mi grupo a organizar todo lo que nos faltaba para la fiesta.

Estaban de acuerdo con los precios que encontré, nos costaba menos ya que compraríamos a mayoristas.

Roxana se ofreció de hacer las compras porque su papá tenía auto y no tenía problemas con ayudar.

La tarde se hizo presente y mi mamá estaba sentada en el sofá con cara de preocupación, me acerqué a ella con inquietud por verla así, quizás el dinero que le había dejado días antes no era suficiente y necesitaba más.

— ¿Qué sucede? – le pregunté en tono bajo, pero reflejando mi preocupación. Ella se giró hacía mí y comenzó a hablar.

–Es que no sé qué regalarle a mi amiga por su cumpleaños. – soltó. ¿Es una broma? Realmente pensé que era algo grave, ahora entiendo por qué crearon ese emoji en el que la persona se golpea el rostro con la mano, eso mismo hice yo ante su comentario.

— Mamá...– tuve que inhalar y exhalar para calmarme, cuando me frustro, mis gestos lo demuestran, pero después de la situación frustrante, comienzo a reírme, no puedo evitarlo, así que empecé a reírme, pero tuve que detenerme ante la cara de reproche de mi mamá.

Suspiré sonoramente y volví a dirigirme a ella.

–Mamá, qué opinas de regalarle alguna pintura o quizás algún cosmético que usé regularmente. – le dije en tono pausado.

Ella me miró como analizando las ideas que le estaba dando, finalmente me sonrió y habló.

–Gracias hijita, me hiciste recordar sobre un cuadro que vio en un restaurante, dijo que le gustaba y creo que ya sé dónde puedo conseguir al menos uno parecido.

– se levantó del sofá y me abrazó. Miré a mi mamá y le devolví el abrazo, a veces las personas nos ahogamos en un vaso con agua, creo que es porque le brindamos mucha importancia a las situaciones o personas, no digo que este mal, pero si te afecta en tu estado de ánimo, hay que buscar alternativas.

Finalmente, es sábado, podré ver a Mauricio, cenaremos.

¿Dónde iremos? No podía ocultar mi emoción, realmente ya quería ir a la plaza.

Empecé a alistarme, traté de darle forma a mis rulos para no verme tan despeinada, me puse un pantalón ceñido color beige y una blusa un poco holgada de color azul marino, por último, me coloqué bloqueador solar y brillo labial color rosado en los labios.

Ya faltaba una hora y media para verme con él, calculé mentalmente cuanto me demoraría debido al tráfico y pensé que era mejor salir ahora que llegar tarde.

Estaba sentada en el bus, mi pierna derecha se movía de arriba hacia abajo sin parar, me di cuenta que la ansiedad se estaba manifestando, así que me coloqué mis audífonos para escuchar a My chemical romance, es de mis bandas favoritas, empecé a cantar en tono bajo para calmarme y estaba funcionando.

Ya estaba cerca de la plaza, miré mi celular y faltaba veinte minutos para reunirme con Mauricio...

¿Ahora qué hago? Me pregunté internamente.

Bajé del bus y busqué una silla para sentarme hasta que Mauricio llegará, mientras caminaba, vi a un hombre de su estatura, estaba con sus manos en los bolsillos y movía su pie derecho como cuando escuchas una banda de rock, no sé qué paso, pero me sentía atraída, quería ver su rostro, me acerqué lentamente hacia su dirección y pude ver tenía el mismo cabello que Mauricio, seguí caminando para darme cuenta que también tenía barba en su rostro, pero seguía sin ver su rostro completo.

Pensé y analicé, su ropa es parecida a cuando nos conocimos, utiliza camisa manga larga y un pantalón oscuro. ¿Pero...será él?

Me dije mentalmente que solo había una manera de saberlo, tomé mi celular y le mandé un mensaje.

–Hola Mauricio. – aguardé detrás de él mientras corroboraba si era él. Este hombre de alta estatura sacó su mano derecha del bolsillo con un celular, miró la pantalla y comenzó a teclear en ella.

Mi celular vibró en mi mano, era un mensaje de Mauricio.

–Hola, linda Sofía. – no pude evitar sonreír ante su mensaje, realmente era él, incluso sin saberlo me sentí atraída.

¿Qué haces conmigo? Me pregunté internamente.

Tomé valor y caminé hacia él, me detuve detrás de él, miré su espalda, sus brazos, su cabello, podía ver un poco de la barba que tiene en el rostro, mi ritmo cardíaco comenzaba a dispararse, me resulta tan atractivo.

— ¿Estás esperando a alguien? – le pregunté en un tono un poco alto para que pueda escucharme, se giró, inclinó un poco su cuello y comenzó a mirarme con una gran sonrisa en el rostro, yo hice lo mismo, éramos una pareja a mitad de la plaza sonriéndose solo por verse después de una semana.

Mauricio abrió sus labios mientras me miraba con sus lentes.

— Solo a ti. – respondió y ahí estaba otra vez el calor en mis mejillas, mi corazón latiendo de prisa ante sus palabras, su presencia, su olor. Curvé mi labio en una media sonrisa y lo miré.

— ¿Te hice esperar mucho? – le dije en tono bajo y debo admitir que algo culposo, no dejo de mirarme en ningún momento y me respondió.

–Quizás sí, quizás no. – lo miré con el ceño fruncido, no esperaba una respuesta así, no entendía y mucho menos sabía cómo responder ante eso, él se percató de mi indecisión volviendo a abrir su boca.

–No me molestaría esperar por ti mientras pueda verte.

– añadió y esto era demasiado, mis piernas estaban perdiendo la estabilidad, creo que podría caer al piso, no puede decirme algo así cuando estoy de pie, al menos que espere a que me siente, tuve que quitar mi mirada de la de él, miré mis pies mientras trataba de ocultar mis mejillas sonrosadas. Tomó mi mano y volvió a hablar.

–Vamos, ya quiero que conozcas el lugar donde comeremos. – decía y sujetó mi mano con delicadeza y yo la de él, estaba contenta, después de todo lo que había pasado durante la semana, este era el mejor momento sin duda.

Mientras caminamos, conversamos de las cosas que hicimos durante la semana, me contó que le fue muy bien en su proyecto, Luna seguía igual de cariñosa y traviesa, me hizo reír cuando me contó que, al enviarme mensajes a mi celular, Luna se sentaba encima de su celular para quedarse dormida.

Nos acercamos a una calle poco iluminada para girar hacia un callejón, comencé a asustarme.

¿Dónde estábamos yendo? Esto no luce como un restaurante, no había salida, Mauricio seguía sujetando mi mano, tenía miedo, mucho miedo, empecé a pensar que Román tenía razón, yo me busqué esto.

Me detuve haciendo que Mauricio también se detenga, pensé que sí me iba a hacer daño o dejaría que alguien me lo hiciera, quería saberlo por él, tenía que asumir mis decisiones, yo decidí salir con un desconocido, arriesgarme de esta manera, pero merecía una explicación.

Lo miré fijamente y le dije en tono serio.

— ¿Qué lugar es este? – le solté y él me miro con extrañeza, como sí no entendiera mi pregunta, abrí mis labios para volver a hablarle.

— ¿Por qué estamos caminando hacia un callejón? – añadí y su rostro me reflejaba que ahora si entendía mi pregunta, me tomo de la otra mano, ahora ambas manos están debajo de las de él, uniéndose con nuestros dedos.

–Sofía, sé que no se ve muy elegante por fuera, pero realmente quiero que cenemos aquí, por favor, acompáñame. – me dijo con calma mientras me miraba con ternura.

Algo dentro de mí, impulsaba mi cuerpo hacia el callejón mientras él me guiará con su mano sujetando la mía, mi parte racional me decía que debía irme, que esto no era un lugar muy romántico para comer sí es que de verdad había comida.

Tenía que tomar una decisión.

¿Debería confiar en Mauricio y caminar con él hacia el restaurante o debería decirle que quiero ir a otro lugar?