¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 8 ORGANIZAR LA FIESTA
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CAPÍTULO 8 ORGANIZAR LA FIESTA

Al día siguiente, me dirigí a la cafetería con Roxana al terminar la clase, José también nos acompañó, estábamos comiendo brownies, papitas y lo menos saludable que encontramos en la cafetería. Roxana se quedó mirando detrás de mí como si hubiera visto un fantasma.

— ¿Qué sucede? – le pregunté, ella miró hacia mí y regreso su mirada a la comida, no pude evitarlo y me giré levemente para ver que era o quién, lo vi, era Román que se acercaba a nuestra mesa, se sentó sin más al lado de José, se saludaron con un puño, respiró hondo y miró a Roxana para después mirarme a mí, nosotras nos quedamos en silencio.

Román aclaró su garganta y comenzó a hablar en tono pausado.

–Quiero disculparme con ustedes por lo de ayer, no debí actuar de esa manera con ninguna de ustedes, espero que puedan disculparme.

– nos miraba a ambas esperando una respuesta, miré a José que estaba frunciendo el ceño, recordé que él no tenía idea de lo que había pasado ayer entre nosotros, al parecer Román tampoco se lo había comentado.

Miré a Roxana para saber sí aceptaría sus disculpas, después de todo ella es la que salió más lastimada de esto.

Roxana levantó su mirada hacia Román, suspiró fuertemente y comenzó a hablar.

— Te disculpo Román, sé que no querías lastimarme, además ya que estás aquí, deberíamos comenzar a organizar la fiesta.

– dijo sonriendo, yo no pude esconder mi risa mientras movía mi cabeza, esa era mi amiga, estableciendo prioridades como una fiesta encima de una pelea.

Román también comenzó a reírse liberando la tensión en sus hombros, dijo que seguía en pie el ofrecimiento de su casa y la música.

Roxana no pudo evitar aplaudir de la emoción mientras que José se mantenía callado, pero atento a lo que se decía en la mesa.

— José, tú te encargarás del diseño de las invitaciones, deben tener letras grandes y de color neón, tiene que ser espectacular, confío en ti.

Sofía, te encargarás de averiguar los precios de las bebidas y bocaditos para repartirnos entre todos, Román la música es muy importante, así que haremos una lista entre todos de las músicas que tienen que haber para que las tengas listas el día de la fiesta, yo me encargaré de las luces y de conseguir una máquina de humo.

– farfullaba a toda prisa y con mucha emoción.

No pude evitar mirar a Roxana con cara de sorpresa cuando mencionó la máquina de humo y tuve que intervenir.

–Amiga...¿Máquina de humo? ¿Es realmente necesario?

Creo que las luces están bien, quizás podría ser una cortadora.

Pero ¿humo? ¡Nos vamos a ahogar! – le dije con preocupación en el rostro.

Roxana comenzó a reírse como sí no hubiera un mañana, me dijo que es lo que estaba de moda en las fiestas y que no había reportes de ahogados.

Román comenzó a intervenir mirando a Roxana a los ojos.

— Roxana, Sofía tiene razón, es mejor una cortadora a una máquina de humo, tendré problemas en casa sí comienzan a oler esas máquinas.

– agradecí internamente a Román por su intervención, de verdad no quería regresar a casa oliendo a humo, nunca he fumado, justo porque no me gusta ese olor, sé que igual fumarán algunos invitados, pero si se puede evitar más humo del necesario, no haré nada para impedirlo, no pude evitar sonreírle a Román expresándole mi agradecimiento internamente, él lo percibió porque me devolvió la sonrisa, a pesar de que no siempre nos llevamos bien, nos tenemos cariño.

Roxana hizo un mohín, pero terminó aceptando. José estaba callado haciendo trazos en su cuaderno, a veces puedes olvidar su presencia por lo callado y sigiloso que puede ser, Roxana siguió mi mirada hacia él y se acercó a ver su cuaderno.

— ¡Es perfecto, a esto me refería! – Roxana gritó extasiada, miré extrañada la escena y curiosa a la vez.

Roxana giró el cuaderno para mostrarnos que José ya estaba haciendo el diseño de las invitaciones, realmente era muy bonito hasta llamativo a pesar que solo había usado lápiz, sin embargo, era tan organizado que le había puesto números y al lado derecho del dibujo estaba colocando un color a cada número, eso me recordó porque me gustaba hacer trabajos con él, tiene habilidades y organización.

Miré a José con orgullo, no pude evitarlo y lo felicité, realmente era un gran anuncio, ya hasta me estaba animando a ir a la fiesta.

–Es perfecto José, ya estoy deseando verlo terminado. – le dije sonriendo, el curvo ligeramente su labio hacia arriba como respondiendo a mi cumplido, viniendo de él es un agradecimiento avergonzado, con el tiempo que lo conozco, ya aprendí a descifrarlos con su lenguaje corporal.

— ¡Estoy tan feliz! Esto saldrá mejor de lo que planeamos, lo presiento, será épico. – afirmaba Roxana con una gran sonrisa en el rostro, no pude evitar sonreír con ella por su emoción, me alegra ver a mi amiga feliz, su emoción es la mía. Es la persona más buena, leal y atolondrada que conozco.

— Ya debo irme, es tarde, averiguaré los precios como me indicó Roxana y se los mandaré por mensaje para que lo revisen. ¿Les parece bien? – dije en tono bajo mientras me levantaba de mi asiento y colocaba mi mochila en mis hombros, ellos asintieron y se despidieron de mí.

Roxana dijo que se quedaría para detallar más ajustes a la fiesta, así que fui al paradero sola, me coloqué los audífonos para escuchar Sail away de The rasmus mientras regresaba a casa.

Al llegar estaba mi madre cocinando, le agradecí por eso, realmente me sentía cansada para cocinar en ese momento, solo quería bañarme y comer, además que tenía que salir en la tarde para dictar clases a mi estudiante.

— Hola mamá. ¿Cómo estás? – le dije acercándome a ella, como siempre me dio un beso en la frente, dijo que me estaba esperando y que vaya a bañarme porque en un rato iba a estar lista la comida, así que eso hice, comimos juntas, le recordé que tenía que salir a trabajar, me dijo que aprovecharía para salir a comprar algunas cosas, traté de convencerla que vaya mañana ya que iba a trabajar hoy y me pagarían, así podría llevar más dinero, pero insistió en ir hoy, así que ya pensaré en otra manera de ayudarla.

— Hijita, el sábado es el cumpleaños de una amiga del trabajo, pero me da pena dejarte sola.

¿No quieres acompañarme? – dijo mi mamá con voz suplicante, la miré extrañada.

¿Realmente cree que prefiero estar con sus amigas y en una fiesta?

Preferiría que me arañe un gato a pasar por esa situación tan incómoda, le tengo un poco de miedo a los gatos, en realidad me da miedo sus garras, siento que me van a arañar, la sola idea me altera un poco, no pude evitar que apareciera Mauricio en mi mente al pensar en gatos, él quiere a Luna, hablaba con mucho cariño sobre ella, en sí es su única compañía ya que no vive con sus padres, es un hombre valiente, vivir en un país solo para tratar de hacer su vida, me resulta admirable, no pude ocultar mi sonrisa al pensar en él, no me había escrito, yo tampoco a él, pero así no lo volviera a hacer, no podría olvidar la bella tarde que me regalo, quizás debería volver a nuestro parque, sería como sentirlo cerca.

Mi mamá me sacudió el brazo, recordándome que estaba a mi lado.

— Sofía, te pregunté si querías acompañarme. ¿Estás bien? ¿Tienes problemas en la universidad? ¿Tienes mucha tarea? ¿Qué sucede? – como siempre mi mamá hace muchas preguntas de manera seguida, a veces es difícil seguirle el paso.

–Todo está bien, si no que mis amigos quieren hacer una fiesta cuando terminemos las clases, estaba distraída con eso, discúlpame y no te preocupes por mí.

El sábado estaré ocupada, creo que iré a dictarle clases de nuevo a mi estudiante y sí no, veré que hacer, pero ve a esa fiesta, te prometo que estaré bien.

– le dije con una sonrisa, ella me devolvió la sonrisa y me dijo que sí cambiaba de opinión, la oferta seguía en pie.

Comencé a preparar mis materiales para ir a la casa de mi estudiante, me despedí de mi mamá en el paradero del bus, ya que ella también tenía que salir, saludé a mi pequeño estudiante con un abrazo, él estaba sonriendo, su nombre es Marcus, tiene 8 años, su altura es un poco más arriba de mi cintura, tiene cabello negro y siempre utiliza buzos cuando está en casa, me tomó de la mano para que nos sentáramos, coloqué mis libros en la mesa, al igual que él.

Teníamos que trabajar comprensión lectora, es un niño inteligente, no me costó mucho trabajo que lo lograra, empecé a leer en voz alta las lecturas modulando mi tono de voz para captar su atención y formulándole las preguntas, empezó a responder correctamente, me di cuenta que solo le faltaba mantener la atención y concentración para mejorar, así que dos horas después ya habíamos culminado, su mamá estaba agradecida cuando vio todo lo que habíamos avanzado que termino dándome más dinero de lo que debía, le dije que no podía aceptarlo ya que solo había estado un par de horas con él, insistió y ya solo me quedaba agradecerle, apunté mentalmente regalarle algo a Marcus la próxima vez que venga.

Finalmente, ya estaba libre después de tantas lecturas infantiles, necesitaba un poco de viento en el rostro y estirar las extremidades, así que decidí regresar a casa caminando, solo eran 20 minutos, así que empecé a escuchar a Chopin durante el trayecto a casa.

Al llegar a casa, me percaté que mi mamá todavía no venía, así que me dirigí a su dormitorio, revise su primer cajón encontrando su joyero que en realidad es donde guarda dinero, así que le deje la mitad de lo que había ganado, quise darle todo, pero se acercaba la fiesta y sabía que tenía que gastar en las bebidas y comida, además de mis gastos de los pasajes hasta que vuelvan a llamarme a trabajar.

Me puse mi pijama para echarme en la cama, solo eran las ocho y media de la noche, pero me sentía agotada, tomé mi celular para leer alguna historia hasta quedarme dormida.

Tengo un mensaje de Mauricio, me levanté rápidamente de la cama de la emoción y pestañeé varias veces para saber si era real y si lo era.

–Hola Sofía, espero hayas tenido un buen día.

Te escribía para saber sí quisieras salir conmigo el sábado.

– no pude evitar sonreír, traté de contener un grito de emoción, como me di cuenta que no daba resultado, agarré mi almohada, la coloqué en mis piernas y hundí mi cabeza en ella para gritar, me erguí nuevamente acomodando mis rulos y me dije – tranquila Sofía, solo es una cita, mantén la calma, tú puedes, solo vas a salir con él, es algo normal, inhala y exhala. Ahora sí, debo responderle.

— Hola Mauricio, tuve un buen día, gracias por preguntar.

¿Qué tal estuvo el tuyo? / Estoy libre el sábado, así que podríamos vernos.

– presioné el botón de enviar mientras le sonreía a la pantalla, tenía que esperar tres días para poder verlo de nuevo, era demasiado, bueno sí no cuento esta noche, ya solo serían dos días, pero igual quería verlo, extrañaba su olor a lavanda, sentir sus brazos cuando me cargaba... ¡Para Sofía! Me regañé internamente.

— Mi día estuvo aburrido, quise escribirte desde temprano, pero no estaba seguro sí estabas ocupada y no quería molestar.

¿Te parece si nos vemos en la plaza grande a las 6 pm?

Quiero llevarte a un lugar a cenar. – ahora comienzo a creer eso de que subes de peso cuando comienzas a salir con alguien, nos conocimos por la pizza y ahora nos volveremos a ver por comida, no pude evitar reírme ante esta deducción.

— Puedes escribirme cuando quieras, cuando esté libre, te responderé. Me parece bien la hora, entonces nos vemos el sábado, cuídate. – le escribí como respuesta. Ya quería que llegará ese día para poder verlo.

— Ya estoy deseando que sea sábado, linda Sofía. Pasa buena noche. – respondió haciendo que mi corazón comience a agrandarse en mi pecho por la emoción de sus palabras. Le mandé un mensaje rápido deseándole que pase buena noche, también.

Me puse a leer una historia en el celular hasta que el sueño me venció con una sonrisa en el rostro mientras pensaba en ver a Mauricio.