CAPÍTULO 7 ¿QUIÉN ES ÉL?
Estábamos sentados los cuatro, el profesor había dejado unas lecturas y teníamos que hacer comentarios críticos sobre ello.
No tenía problemas con eso, así que terminé de leer y escribí mi comentario en el cuaderno.
La pantalla de mi celular se encendió, así que revisé, gran decepción me llevé cuando era el banco ofreciéndome una tarjeta de crédito, al parecer Roxana estaba al pendiente de mis movimientos porque preguntó delante de Román y José.
— ¿Es Mauricio? – elevaba la voz haciendo que me sonroje. ¡No puede ser! ¿Dónde está la salida de emergencia? ¿Cómo se le ocurre mencionarlo delante de ellos?
Lo peor de todo es que Román está aquí, que me molesta hasta por respirar el mismo aire que él. ¿Podría ser peor? Claro que sí.
— ¿Quién es él? – preguntó Román mientras miraba a Roxana, hasta José que nada le importa, empezó a mirarla para saber su respuesta, Roxana me miró como disculpándose, ya era tarde para eso, pero no había marcha atrás.
–Eso no es de tu incumbencia. ¿Ya escribiste tu comentario? – le dije a Román interviniendo con voz firme.
–Claro que ya hice mi comentario y estoy esperando una respuesta. – dijo mientras regresaba su mirada a Roxana.
–No tienes que esperar por algo que no te concierne, ocúpate de tus asuntos. – le dije de manera tajante.
— Yo ya terminé mi comentario, Roxana sí ya terminaste, deberíamos entregar esto.
- José intervino. ¡Thanks God! Dije en mi mente agradeciendo su intervención, ya iba a enloquecer por la desesperación.
Roxana y José se levantaron de sus carpetas para entregar nuestros trabajos, estaba agradecida hasta que recordé que Román estaba aquí, mirándome, no pudo evitarlo y habló.
— ¿Quién es él? – dijo en tono autoritario.
Me concentré en volver a leer la lectura, todo por un mensaje del banco, me quejaba internamente. ¡No puede ser! Sí al menos hubiera sido Mauricio, valdría la pena todo esto, pero no, ni era él, vuelvo a escuchar su molesta voz.
–¿No vas a responder? – dijo Román, lo miré sonriéndole.
–Eres optimista, debo reconocerlo. – le respondí, me miró con extrañeza y continúe – si en verdad crees que yo te contaría sobre mi vida privada, debes serlo.
No te diré nada sobre él, ocúpate de tus asuntos que, de los míos, me ocupo yo.
– le dije regresando mi vista a la lectura.
No me gusta tratarlo de esa manera, pero ya tenía suficiente con el interrogatorio de Roxana el día de ayer para sumarle a Román, además que solo vería la manera de molestarme o decirme que Mauricio podría ser un secuestrador o algo parecido, sin contar el regaño que me daría por pasar la tarde con un desconocido, no quería lidiar con eso, al menos no en este momento.
Al terminar la clase, fui corriendo al baño por mis necesidades fisiológicas que estaba tratando de controlar hace media hora.
Al regresar a clase, ya no estaba Roxana y tampoco Román, solo José, así que le pregunté por Roxana, me dijo que la vio salir, era extraño, ella siempre se despide antes de irse a casa, le agradecí a José y me dispuse a buscarla, no estaba preparada la escena que iba a ver.
Estaba caminando por el pasillo hasta que escucho la voz de Román.
–Dime, quiero saber. – decía Román con voz amenazante, me acerqué asegurándome que no me vea y tenía a Roxana en frente, le estaba sujetando el codo mientras la interrogaba.
–Deberías preguntarle a ella, suéltame de una vez o gritaré.
– era la voz de mi amiga que, aunque sonaba fuerte, sé que estaba asustada.
¿Cómo se atreve a hacerle eso? una cosa es que sea sarcástico hasta molestoso, pero tratarla de esa manera, me resultaba inadmisible, así que me armé de valor caminando frente a él.
–Suéltala ahora mismo. – le dije en voz alta, la soltó al segundo de escuchar mi voz, nunca me había escuchado alzando la voz por eso tenía su cara de sorprendido.
— ¿En qué estabas pensado? ¿Cómo te atreves a lastimarla?
Quiero que te mantengas alejado de nosotras.
Se acabó los trabajos grupales, las salidas a comer, todo.
– le dije mientras me acercaba a Roxana, pasé mi mano por su hombro para preguntarle si estaba bien, me dijo que no fue nada, pero eso no calmaba mi enojo.
Román miraba la escena sorprendido, nunca había reaccionado así.
–Sofía, déjame explicarte. – dijo Román con voz baja y suplicante, estaba enojada, pero merecía una explicación, una oportunidad, así que lo miré moviendo mi cabeza de arriba hacia abajo.
–Te escucho. – le dije y él inhalo y exhalo fuertemente, empezó a frotarse la cara como tratando de buscar las palabras correctas, me dio tiempo de relajarme también porque estaba muy enojada.
–Estoy preocupado por ti – soltó. ¿Qué? Creo que mi cara le reflejaba mi duda y desconcierto ante sus palabras que no tenían ningún sentido para mí, pero permanecí callada, aguardando por su argumentación.
–Eres mi amiga, me preocupa que alguien quiera lastimarte, lo mismo es con Roxana, yo las apreció y quiero que estén bien. – añadía. ¿Quién querría lastimarme? ¿De qué estaba hablando? Mi cerebro hacía tantas preguntas, sin embargo, mi boca permanecía cerrada.
–No hay ningún Mauricio en la universidad. ¿Quién es él? – preguntó finalmente. Ahora todo cobraba sentido, todas sus actitudes era por Mauricio, pensaba que él me lastimaría, no lo conoce, no sabe sus intenciones, yo tampoco realmente, solo lo había visto una vez.
Miré a Roxana y me dijo delante de él que le estaba preguntado por Mauricio, pero que solo me correspondía a mi hablar sobre eso, mi amiga puede ser curiosa hasta molestosa, pero siempre he valorado su respeto y lealtad hacia mí, la miré con agradecimiento en mis ojos y apretando ligeramente su codo.
Me giré hacia Román tratando de encontrar las mejores palabras, ya calmada por entender el motivo de todo, pero sin justificar su actitud hacia mi amiga, respiré profundamente y lo miré.
— Román, él que quieras saber algo sobre mí y que yo no te quiera decir, no significa que puedes tratar así a Roxana, no importa el motivo ni la razón, que te quede claro eso.
Referente a Mauricio, tienes razón, él no estudia en esta universidad, es alguien que conocí hace poco, si no te cuento más sobre él es porque no me gusta hablar de mi vida privada, entiendo que estés preocupado, te agradezco, pero confía en mis decisiones.
– le dije en tono firme y decidido con cada palabra que salían de mis labios.
Román me miró, procesaba cada palabra que le había dicho.
–Entonces... ¿Estás saliendo con él? – preguntó mirándome a los ojos.
Me tomó por sorpresa su pregunta. ¿Cómo puedo responder a eso?
No estoy segura si podría contarlo como alguien con quién salgo, salimos el sábado, pero fue así que nos conocimos, nos hemos mandado mensajes, pero no sé si eso contaría, además con los nuevos términos modernos que usan ahora sobre las relaciones, no sé si Mauricio y yo encajaríamos en algo, ni nos hemos besado... ¿Qué podría decirle?
–No es una pregunta muy difícil. – inquirió Román sin dejar de mirarme.
Sí estuvieras en mi mente, te darías cuenta que es lo que le sigue de difícil porque no tengo ni idea de que etiqueta podría poner a Mauricio y a mí en esto, Roxana debió sentir mi incertidumbre e intervino.
–Román, Sofía ya te dijo quién era, eso es lo que querías saber y ya lo sabes, así que ya deja de estar preguntando. – me tomó del brazo guiándome hacia la salida, Román se quedó de pie, mirándonos mientras nos íbamos, giré al escuchar a Roxana hablándome.
–Nunca lo había visto así, me asustó, realmente estaba preocupado, salí del salón porque te vi corriendo y tú solo haces eso cuando necesitas ir al baño o te olvidaste de algo importante. - no pude evitar sonreír ante su atinada deducción.
–Entonces Román me dijo que quería hablar conmigo, nos quedamos en el pasillo y me preguntó por Mauricio, le insistí que debía preguntarte a ti, pero dijo que tú no le querías decir, así que yo debía saber y decirle, como no quise hacerlo, fue que me sujetó del brazo y en ese momento apareciste.
– continuaba contándome Roxana. No pude evitar sentirme culpable, sí le hubiera respondido, no la hubiera tratado así, pero no tenía derecho de igual forma.
Roxana me miró y dijo -¿de verdad no volveremos a hacer grupo con él ni a salir con ellos? – preguntó, me quedé en silencio por un momento. ¿Qué debería hacer?
–Sofía, tú eres la coordinadora del grupo, sí consideras que ya no debe estar, lo entiendo. – dijo en todo comprensivo, la miré, curvé mi labio en una media sonrisa.
–Amiga, tú fuiste la que llevo la peor parte de esto, haremos lo que tú quieras, sí quieres que siga en el grupo, así será y sí no quieres, no volverá a estar. – Roxana me abrazó ante mis palabras.
–Gracias Sofía, cuando me defendiste así, me sorprendiste, estoy tan orgullosa de ti, fuiste valiente.
¡Caray! nunca te había visto así de enojada.
Quiero que sigamos con nuestro grupo, trabajamos bien, además sé que Román se disculpará conmigo.
– dijo con mucha seguridad, sé que tiene razón, conozco a Román, puede enojarse, quejarse, pero cuando se da cuenta que comenté un error, lo reconoce.
Abracé a mi amiga y le dije – me dicen Sofía, la peligrosa enojona. – soltamos carcajadas ante mi comentario y nos dirigimos a la estación del bus para regresar cada una a casa.