¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 6 ¿QUÉ TIENES EN LA CARA?
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CAPÍTULO 6 ¿QUÉ TIENES EN LA CARA?

El domingo se hizo presente con su cielo gris, logre dormir toda la noche sin interrupciones, eso es nuevo, como el que pudiera dormir temprano.

Seguro la caminata de ayer me ayudó o quizás cierto hombre alto y barbón de mirada tierna, pero intimidante tenía algo que ver en este nuevo suceso.

Me lavé el rostro, empecé a bañarme, el agua caliente recorría mi cabeza y cuerpo, estaba agradecida por eso, me sequé el cabello tratando de darle forma a mis rulos sin éxito, pero la intención cuenta, pensaba en mi mente, me coloqué un pantalón holgado y un polo.

Fui a la cocina para prepararme algo de comer y mi mamá ya estaba allí.

— ¡Hola hijita!, ¡qué bonita estás hoy! – me dijo mientras sonreía dándome un beso en la frente.

Mi mamá es una mujer muy dulce, raras veces tenemos una discusión, ni levantamos la voz, las pocas veces que se enoja ni es por algo que yo hice, pero cuando me doy cuenta que está a punto de perder los papeles, le digo que la quiero mucho, pero que para discutir se necesitan dos, agarro mi celular y me voy a mi dormitorio mientras escucho sus protestas detrás de mí.

– Buenos días mamá. ¿Cómo amaneciste? – le pregunté en tono amable, mostrando interés, ella me dijo que todo estaba bien y empezamos a desayunar.

El día transcurrió con normalidad, alisté mi mochila para mis clases de mañana, estaba leyendo una nueva historia en mi celular, pero no había recibido ningún mensaje de él.

¿Quizás este ocupado? No es que tenga que escribirme, recién teníamos un día de conocernos.

Llego la noche y otra vez no podía dormir, empecé a leer mientras abrazaba mi almohada y logré dormir a las dos de la mañana.

Ya era lunes, me desperté temprano como acostumbraba, me preparé algo rápido de desayuno sin hacer ruido para no despertar a mi mamá. Cogí mi termo con anís, un par de panqueques de zanahoria y mi mochila para irme a la universidad, llegué a tiempo y Roxana venía corriendo detrás de mí.

— ¡Sofía, espérame! – grito agitada – menos mal no estabas con audífonos – me dijo mientras trataba de recuperar el aire, tenía razón, no estaba escuchando música, eso es raro, siempre los utilizó. ¿Dónde tengo la cabeza?

–Buenos días Roxana. ¿Cómo estás? – le pregunté trayendo mi mente al presente, ella me respondió que salió con sus padres a visitar a sus tíos el fin de semana y que la paso bien, pero luego me hizo la pregunta que tanto temía.

— ¿Qué hiciste el fin de semana? ¿Saliste?

– sentía mis mejillas calientes, no quería responder eso, como le diría que conocí a alguien y que fui a comer con él, que estuvimos toda la tarde en un parque precioso, que me cargo para que pueda ver el mar en el atardecer, seguro gritaría de la emoción y media universidad se enteraría de mi cita no planificada.

Así que tomé valor, la miré al rostro masticando mi panqueque de zanahoria, ella seguía esperando por una respuesta, así que empecé a abrir mi termo para beber, sus ojos se le iban a salir de la cara como incitándome a que ya hablé, así que la volví a mirar y le dije – tengo hambre, recién estoy tomando desayuno ¿podemos ir a clase?

– le dije mientras masticaba mi panqueque abriéndome camino a clases.

La clase transcurrió con normalidad, tenía el celular en mi mesa, no paraba de mirarlo, quería que la pantalla se encendiera diciéndome que tenía un nuevo mensaje, pero no era así.

¿Y sí le escribo yo? Debe estar en clases al igual que yo, no debería interrumpirlo, además que le diría, empecé a frotarme la frente con mi pulgar e índice, debo concentrarme en la clase, por eso es que no me gusta salir con nadie, me distraen.

Ya era mediodía, faltaba poco para terminar las clases, ya había perdido las esperanzas de que me escribiera, no lo hacía desde la noche del sábado que nos conocimos. De pronto empezó a vibrar mi carpeta haciendo que salga de mis pensamientos, miré la pantalla y era él, ¡Mauricio me escribió!

–Hola linda Sofía, disculpa si te escribo en clases quería saber cómo estabas. – no podía creerlo, me escribió, de verdad era él, empecé a sonreír sin poder evitarlo, quería responderle al instante, pero empecé a sentir una mirada intimidante, lo que tanto temía estaba pasando y ya lo veía venir.

–Sofía. – su voz era firme, ¡ten piedad de mí! me dije internamente.

–¿Roxana? – traté de articular con la voz más calmada que tenía.

— ¿Qué tienes en la cara? – preguntó como tratando de ver dentro de mí, haciendo que me tocará el rostro, quizás me habían puesto un sticker en la cara, estaba tan distraída que no me hubiera percatado.

–No te conocía esa sonrisa ¿Acaso...? Ni esa mirada ¡Oh por Dios!

¡Es un hombre! ¿Conociste a alguien? Tienes que decirme, quiero saberlo todo, cuéntame ahora.

– su voz iba a en aumento con cada palabra y yo solo quería que el piso del salón se abra y me tragara, lo peor no fue eso, es que ella parece que se olvidaba que aún estábamos en clases, en eso siento otra mirada, pero esta la conocía a la perfección.

¿Qué más faltaba? Román comienza a verme achicando sus ojos, examinándome, claro que había escuchado a Roxana, estaba sentado al lado de ella y con su escandalosa voz ya no había marcha atrás, lo ignoré como siempre regresando mi mirada a Roxana.

— Necesito que te calmes, estamos en clases, no quiero que los demás se enteren de mi vida, te contaré después.

¿Puedes aguantar, por favor? – le dije con voz baja y suplicante, rogando internamente que aceptara, creo que pudo ver mi desesperación, me dijo que esperaría, pero que tenía que contarle, se dio la vuelta y por fin pude responderle a Mauricio, tanto quise que me escriba para demorarme en responder por esta locura.

–Hola Mauricio, estoy bien gracias por preguntar.

¿Cómo estás? – respondí de manera amable y cortés, quizás muy formal, no estoy segura.

Aguarde unos minutos y me respondió, me dijo que había salido de clases hace poco y se preguntaba por mí, por eso decidió escribirme, tenía que ir a la biblioteca con sus compañeros de clase para avanzar un proyecto, pero que me escribiría después.

Estaba contenta, quizás demasiado, pero no podía evitarlo.

La clase ya había terminado, quería salir corriendo del salón e irme a casa, pero mi amiga no me daría esa oportunidad, se puso frente a mí y me dijo que vayamos a la cafetería a tomar algo, no era una invitación, era una orden.

Ya no tenía escapatoria, le tuve que contar todo mientras comía un brownie para darme valor, ella gritaba de emoción a medida que le contaba y yo sentía que podía morir de la vergüenza.

Me preguntó si lo volvería a ver, le dije que posiblemente, empezó a decirme sobre la importancia de la ropa y maquillaje en las citas, hasta ahí llego mi atención, ya no pude recibir más información en mi cerebro.

Nos despedimos para regresar a nuestras casas, empecé avanzando mis tareas, me llamó una madre de familia durante la tarde porque quería que le dicté clases a su hijo, yo no rechazo trabajos al menos que sean ilegales o peligrosos, así que iría a su casa, me vendrá bien un dinero pensé.

Llego la noche, no estaba muy frío como invitándome a salir, me puse un buzo y una sudadera con la idea de salir a trotar, me puse mis audífonos para escuchar mi playlist de ACDC mientras comencé a caminar, aceleraba mi paso cada minuto hasta que empecé a trotar, era liberador, estuve una hora así hasta que decidí regresar a casa.

Me di un baño para ponerme la pijama después y me eché en la cama, ya eran las diez de la noche, mi celular comenzó a vibrar, era Mauricio avisándome que recién había llegado a su casa y quería desearme buenas noches.

¿Cómo podía ser tan atento? Ya quería verlo hasta quería conocer a su gata.

Nos despedimos y con una sonrisa en el rostro, pude dormir plácidamente abrazando mi almohada recordando cuando lo abracé en el parque.