CAPÍTULO 4 NUESTRO PARQUE
Tenía mi mente echa un lío, no sé si Mauricio estaba igual, sin embargo, sentía que mi ritmo cardíaco aumentaba, no sé si era porque estábamos caminando tomados de la mano, porque estaba con un completo desconocido o qué, pero una parte de mí no quería dejarlo, esta emoción que sentía, no recordaba haberla tenido antes, ni algo que se le asemeje.
— Sofía, ya llegamos... ¿Te gusta? Es mi parque favorito, siempre vengo aquí cuando quiero relajarme, pensar, espero te guste tanto como a mí. – dijo eso último mientras me miraba con un brillo en sus ojos como si de verdad le importará mi opinión.
Empecé a observar el parque y realmente era hermoso, había bancos de madera amplios, podrían sentarse tres personas sin problemas, árboles altos con sus hojas muy verdes, palmeras tan altas que tenía que cubrirme un poco los ojos por el sol para ver hasta donde llegaban, debajo de los bancos de madera estaba el césped, lo más hermoso fueron las rosas, me encantan las rosas rojas y había de ese color, me quede viendo por diez segundos o quizás más esas rosas, Mauricio se dio cuenta de ello, claro que se daría cuenta, no dejo de observarme en ningún momento.
Giré mi rostro para ver a Mauricio, tenía la mirada expectante, deseoso de conocer mi respuesta, no pude evitar sonreír y le dije – es el parque más lindo que he visto, muchas gracias por traerme.
– no pude evitar darle un pequeño apretón a su mano mientras le dije esto, ya que no me había soltado en ningún momento, tampoco quería que lo haga.
Él me sonrío, esta vez me mostró sus dientes al hacerlo, sentía su emoción y eso me hacía feliz hasta que me dijo – eres la primera persona a la que traigo aquí, Sofía.
– creo que mi corazón se detuvo en ese momento, volví a ver el parque dándome cuenta que no había mucha gente, empecé a contar y solo había cuatro personas, no era un parque muy concurrido a pesar de su belleza.
— Gracias por traerme aquí Mauricio, la vista es impresionante le dije mientras veía las rosas. – le respondía con mucha emoción en mis palabras.
Él se acercó y me dijo – quiero que veas la otra vista, creo que te gustará más. – añadió guiñándome un ojo.
Lo seguí sin preguntar más, a pesar que la curiosidad me estaba invadiendo, a lo lejos podía ver un pequeño muro de ladrillos.
–Sé que recién nos conocemos, pero me gustaría que confíes en mí, aunque sea unos minutos y cierres tus ojos.
– lo dijo con el tono más amable que su voz grave se lo permitía.
Normalmente diría está bien, me van a secuestrar, se acabó mi vida, pero no podía evitarlo, cerré mis ojos sin pensar de más, podía sentir su mirada y sonrisa.
Seguía tomándome de la mano haciéndome caminar, le pedí que no me dejará tropezar con algo y me dijo que no me preocupará, que no dejaría que eso pasé, trataba de controlar mis mejillas sonrosadas, pero ya era inútil.
— Sofía, ya puedes ver. – su voz estaba tan cerca a mi oído que me producía escalofríos con su aliento.
Abrí mis ojos, al acercarme un poco más al muro, pude ver el mar debajo del parque, no pude evitarlo y le mostré mi sonrisa más grande – Mauricio, esto es realmente hermoso, un parque con vista a esas bellas rosas y ahora...
el mar, muchas gracias. – no pude evitarlo y me giré para abrazarlo, acercando mi rostro a su pecho e inhalé su aroma de lavanda.
Sé que lo tomé por sorpresa, pero abrió sus brazos rodeando mi cintura a los pocos segundos, no sé cuánto tiempo paso hasta que nos despegamos, yo solo podía mirar al piso porque moría de la vergüenza de haberlo abrazado, es un desconocido.
¿Qué sucede conmigo y con mi respeto al espacio personal?
Su cálida mano toca mi mentón haciéndome levantar mi mirada a sus ojos y me dijo – me hace feliz que te haya gustado este lugar, será nuestro parque a partir de ahora.
– lo dijo con su voz firme, como afirmando un hecho, como si fuera a poner un cartel en la entrada del parque que diga "Propiedad de Mauricio Castaño y Sofía Rosas", yo sentía que mi corazón se me saldría del cuerpo con cada palabra que él decía de sus labios.
Me ayudó cargándome con gran facilidad arriba del muro de ladrillos, él hizo lo mismo y nos quedamos viendo el mar por unos momentos, mi cabello estaba un desastre con el viento, trataba de colocarme algunos mechones detrás de la oreja, pero era una causa perdida y sé que Mauricio se reía internamente de mi batalla, pero no me importaba mientras él mantuviera esa bella sonrisa en su rostro.
¿Puedo detener este momento para siempre?