¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 3 ¿QUIÉN ERES?
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CAPÍTULO 3 ¿QUIÉN ERES?

¡Jesus Christ! dije en mi mente mientras sentía que el corazón se me iba a salir por boca. Volteé con miedo y vergüenza porque esa persona había escuchado mi queja al aire. ¿Qué tan patética podía verme?

– Eh...es que...no hay pizza – dije mientras cogía uno de mis rulos poniéndolo detrás de mi oreja, ya que me estaba tapando el ojo, me arrepentí al segundo de hacerlo porque sus ojos seguían el movimiento de mi mano en mi cabello, mis mejillas debían estar tan rojas como mi blusa.

–Me llamo Mauricio, es un placer conocerte amante de las pizzas. - me dijo con su voz grave, pero amable, sin dejar de mirarme y estrechó su mano.

¿Se puede tener las mejillas más rojas que el color del tomate? Estaba tan avergonzada que no sabía qué hacer, pero lo miré y le dije con la voz más calmada que tenía mientras le estrechaba mi mano.

–Mi nombre es Sofía, también es un placer conocerte.

– él me miraba en todo momento como sí buscará algo dentro de mí, como sí quisiera saber mis secretos, podía ser atractivamente intimidante.

Finalmente abrió su boca y me dijo que conocía una pizzería que estaba en la esquina del centro comercial, sé que es verdad porque la vi antes de ingresar al centro comercial, solo que supuse que debía haber una pizzería dentro del centro comercial.

— La conozco, es una pizzería muy buena, creí que ya pondrían uno de sus locales dentro del centro comercial, pero me equivoqué.

Bueno, iré a almorzar, fue un gusto conocerte Mauricio.

– le dije mientras me giraba para salir del centro comercial, sentía su mirada en mi espalda y debo admitir que me hacía sonreír eso hasta que escuché de nuevo su voz.

— ¡Espera¡ ¡Sofía! – dijo y apareció delante de mí con su imponente estatura.

Realmente quería volverme loca este hombre, no se da cuenta lo difícil que es poder verlo a los ojos sin que me sonroje.

¿Es un torturador o algo? ¿Un asesino serial o secuestrador?

, inhale y exhale de la manera más sutil posible mientras articulaba lenta y claramente – ¿Qué sucede Mauricio?

– él me miró otra vez y por un momento o quizás minutos solo nos mirábamos sin saber que decir, estábamos a mitad de camino, la gente pasaba y nos esquivaba, pero solo nos mirábamos como si fuéramos algo desconocido, poco común, creo que podría mirarlo todo el día sin cansarme.

¿Cómo podía tener una presencia tan varonil y unos ojos tan penetrantes?

Lo observó que pestañea dos veces seguidas, se aclara la garganta y me dice – yo también comeré pizza ¿te importa sí te acompaño o quizás vienes con alguien?

– articuló está última pregunta mirando al piso, en todo el momento desde que nos conocimos, me veía al rostro, pero cuando me pregunta si estoy con alguien mira al piso.

Está confirmado, quiere enloquecerme, lo peor es que lo está consiguiendo, sin embargo, algo me atraía a él, es como si mi blusa tendría un imán y su camisa también, no quería separarme de él, quería saber más de él, así que hice lo que normalmente no haría.

— Vine para comer pizza, pero sí quieres acompañarme, puedes hacerlo Mauricio.

– articulé lentamente su nombre, saboreándolo en mis labios, me encantaba su nombre, no utilizaría esos apodos de Mau o Mauri, es Mauricio, me encanta llamarlo así.

Él me mostró su sonrisa, yo hice lo mismo y empezamos a caminar hacia la pizzería.

Me preguntó sobre mi edad, le dije que tenía 22 años, él tiene 25 años, yo estudio literatura y él ingeniería, letras más números me decía en mi mente.

¿Qué tan compatible puede ser esto? No importaba ni el dolor en mis mejillas por sonreír todo el momento que estábamos conversando, no podía evitarlo, no recuerdo haberme sentido de esta manera antes.

Finalmente llegamos a la pizzería, nos sentamos en una mesa para dos, un joven se acercó a nuestra mesa ofreciéndonos la carta, yo ya sabía lo que quería, lo tenía decidido desde el momento en que pensé en comer pizza, solo vi el precio y dejé la carta a un lado.

Mauricio me miró en todo momento con su sonrisa, me preguntó si ya sabía lo que quería, le dije que me pediría una pizza con jamón y tocino, me dijo que era una excelente elección, cuando vino el joven a preguntar por nuestra orden, Mauricio se adelantó y le dijo que queríamos una pizza familiar de jamón y tocino, él pidió una gaseosa y yo pedí un anís que es mi favorito.

Mauricio se giró para verme muy sorprendido cuando pedí mi bebida, creo que trato de contener una risa, pero lo disimulo aclarándose la garganta.

Volvimos a estar solos mientras preparaban nuestro pedido, lo miré sin evitar preguntarle.

— ¿Quién eres? – ¡No puede ser! ¿Lo dije o lo pensé? Por su rostro me di cuenta que si lo dije y hasta lo había escuchado.

Mauricio sonrío y me dijo – Soy Mauricio Castaño, tengo 25 años y estoy estudiando ingeniería en la universidad, vivo solo porque mis padres viven en el extranjero, también tengo una gata que se llama Luna.

– lucía tan tranquilo y seguro mientras me decía que vivía solo, quería preguntar más sobre sus padres, pero no quería incomodarlo, así que calme mi curiosidad y asentía con mi cabeza mientras me contaba sobre él.

Me miró una vez más y me dijo – me gustaría saber más de ti, Sofía.

– elevé mi mirada hacia él cuando dijo mi nombre, creo que a él también le gusta mi nombre, lo menciona varias veces.

Traje mi mente a la realidad y le dije – Soy Sofía Rosas, tengo 22 años, estoy en tercer año de la carrera de literatura, vivo con mi mamá y trabajo dictando clases particulares sobre comunicación.

– él me miraba asintiendo con su cabeza, como si solo escuchará mi voz.

El joven se acercó con la pizza haciéndome olvidar todo, mi momento más feliz había llegado, mientras tomaba unos sorbos de mi anís, Mauricio cortó una tajada de pizza y la puso en mi plato, después hizo lo mismo para él, me pareció un lindo detalle y le agradecí por ello.

Quince minutos después no había nada en la mesa, realmente le gustaba la pizza como a mí, hasta dejamos de hablar por comer y beber, lo cual me hacía sentir bien porque no me gusta hablar cuando estoy comiendo.

Mauricio me miró para preguntarme sí me había gustado la pizza, le dije que sería muy hipócrita de mi parte decir que no después de haber comido como si mi vida dependiera de ello, nos empezamos a reír por eso y me dijo que quería volver a verme, otra vez mis mejillas me delatarían, estaba segura de eso, pero yo también quería lo mismo, así que le dije que me gustaría, decidimos intercambiar nuestros números de celular para comunicarnos después.

Me preguntó si tenía algo que hacer, le dije que podía quedarme por aquí dos horas más, pero que no había decidido ir a ningún lugar en especial, él me dijo que conocía un parque que estaba a diez minutos de la pizzería ¿Cómo podía saber que me encanta ir a los parques?

Es lo más relajante que hay, acompañada de una buena lectura, sin pensarlo mucho le dije que me gustaría ir.

Pedimos la cuenta, cuando iba a sacar mi billetera para pagar la mitad, me dijo que él invitaba, le dije que no era necesario, me sentía mal que pagará mi parte, recién nos conocíamos, no era ni mi cumpleaños o algo así para que tuviera que hacerlo, pero me dijo que le diera ese gusto y no pude decir más después de eso.

Le agradecí por el almuerzo, nos encaminamos al parque, teníamos que cruzar una pista en la que no había semáforo, yo ya me estaba preparando para correr, pero él me tomo de la mano sin mirarme, miró a los autos que venían, elevó su otra mano a la altura de su pecho y con su palma abierta delante de los autos hizo que se detuvieran para que pasemos.

No sabía si me impresionaba más que los conductores se detuvieron o que él me tomará de la mano, cuando llegamos a la vereda, pensé que me soltaría la mano, pues ya no había peligro aparente, pero no me soltó, mantuvo su mano apretando ligeramente la mía y yo hice lo mismo.

¿Qué me está pasando? Yo no tomo la mano de nadie, siempre mantengo mi distancia, raras veces mis amigos me abrazan, pero él ¿Qué me pasa con él?

Yo no creo en eso del amor a primera vista, la atracción sí, concuerdo, quizás es atracción, debe ser eso, físicamente me resulta muy atractivo, debe ser por eso que comí con un desconocido, ahora dejo que tome mi mano llevándome a un parque al que nunca he ido.

Debería compartir mi ubicación a Roxana por si me pasa algo, en ese momento me doy cuenta que desde que nos conocimos ninguno de los dos ha utilizado el celular excepto para intercambiar nuestros números.

¿Quién eres Mauricio y qué estás haciendo con mi mente? – me pregunté internamente.