CAPÍTULO 2 EL ENCUENTRO
— ¡Al fin viernes! - exclamé mientras salía de la universidad.
— Bueno Roxana, nos vemos el lunes, que disfrutes tu fin de semana - le dije mientras le daba un abrazo.
– Sofía. ¿Qué harás el fin de semana? - Roxana me respondió y me abrazó.
La miré con duda en mis ojos, no lo había pensado, mucho menos había decidido hacer algo, estaba al día con mis tareas, había leído la última historia en mi celular, resultó que el hombre terminó la relación al enterarse del embarazo de esta mujer con la que pasó la noche de copas y decidieron vivir juntos para que él la apoyará durante el embarazo, en esos meses se enamoraron, se casaron, vivieron felices, fin.
Un final predecible, pero estuvo bien, me hubiera sentido mal sí la dejaba con el bebé en el vientre mientras él seguía con su vida como sí no hubiera pasado nada.
Traigo mi mente al ahora para responder a Roxana, pero realmente no sabría qué haría.
Miré a Roxana diciéndole que aún no tenía decidido algo, pero que era posible que salga mañana, ella me miró achicando sus ojos como sí buscará más respuestas de las que le había brindado, podía llegar a ser muy intimidante esta mujer de 1.
55 cm cuando se lo proponía, sin embargo, como valoro mi vida, me despedí rápidamente y me fui trotando para subirme al bus que me llevaría a casa.
Escuchaba sus gritos detrás de mí exigiéndome que le cuente algo interesante el lunes sobre mi fin de semana.
Al llegar a casa, mi mamá estaba en el sofá hablando con el celular, al parecer era su amiga, así que le hice un gesto con mi mano saludándola para no interrumpirla. No le importaba al parecer porque empezó a hablar.
— ¡Oh, mi hijita acaba de llegar!, ¿Cómo te fue?
- mientras se acercaba a besar mi frente.
Sentí vergüenza por la persona que esté escuchando esta llamada, pero así es mi mamá.
Le dije que todo estaba bien y que iría a bañarme para después prepararme algo de comer, que continuará con su llamada, así que eso fue lo que hice.
Ya eran las diez de la noche, no había decidido nada para el fin de semana, empecé a dar vueltas en la cama, siempre me cuesta conciliar el sueño, tengo que leer hasta ya no poder más, pero esta noche estoy muy pensativa, no sé si pueda concentrarme en leer o quizás deba intentar hacer algo más...
¿Ejercicio?...¿Yoga?...Tal vez lo que necesito es pizza, la pizza y los helados siempre me ayudan a sentirme bien, cerré mis ojos visualizando mi adorada pizza con jamón y tocino, debo admitir que comencé a creer en las mariposas en el estómago cuando veía la pizza frente a mí.
Finalmente pude quedarme dormida sin interrupciones.
Es sábado y no tenía un plan, eso es común, así que no me sentía tan mal por ello, me di un baño para después ir a la cocina, vi a mi madre cambiada y maquillada.
–Buenos días mamá, ¿ya vas a salir? – le pregunté en tono bajo e intentando sonreír por ella. No me había dicho que saldría, tampoco es que tenga que hacerlo, solo me pareció extraño. Mi mamá se giró para verme con su gran sonrisa.
–Si hijita, veré a mis amigas para almorzar, pero vuelvo en la noche. Tú también deberías salir, es un bello día, siempre estás encerrada, tienes que divertirte. – respondía mi madre con pesar.
Sé que mi mamá tiene razón, no suelo salir con frecuencia, al menos que sea para algo de la universidad o algún trabajo que surgió.
Sonreí diciéndole que yo también tenía planes de salir a almorzar, así que no se preocupará.
Me miró con duda en su rostro, es mi mamá, puede detectar la mentira, pero si es verdad que iba a salir a almorzar, ya que ella no estaría.
Me dio un beso en la frente para finalmente irse a su reunión.
Ahora estaba sola, decidí ponerme mi jean pitillo color negro y en vez de usar un polo como siempre, opté por una blusa de color rojo que tenía unas ondas debajo de la cintura, utilicé mi crema de peinar para darle forma a mis rizos, no ayuda mucho, pero es mejor que nada, un poco de brillo labial y bloqueador solar, finalmente estaba lista.
Me miré al espejo y dije: Ok, ya estoy lista...
¿Pero a dónde voy? Recordé que anoche pensaba en pizza y pensé que sería el mejor almuerzo, así que fui al centro comercial que está a una hora de mi casa, hay dos centros comerciales que están más cerca, pero decidí ir al que estaba más lejos, así me demoró más en volver a casa.Comencé a caminar dentro del centro comercial hasta llegar al patio de comidas, había: Pollo frito, comida criolla, hamburguesas, parrilladas, comida marina...
espera... ¿No hay pizza? ¿Es una broma de mal gusto?
Frustrada y un poco enojada, no pude evitar quejarme en voz alta.
— ¿Cómo es posible que no haya una pizzería en el centro comercial? ¡Es que no lo entiendo!
En eso escucho una voz grave de hombre detrás de mí.
— Yo tampoco lo entiendo. – me paralicé ante su voz. ¿Quién es?