¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 1 EL MISMO DÍA
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¿Qué haces conmigo?

¿Qué haces conmigo?

Por NANCY HELEN DE LA ROSA LARA

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CAPÍTULO 1 EL MISMO DÍA

¿Qué haces conmigo?

Nuevamente, despertarme a las cinco y media de la mañana para ir a mis clases de la universidad que comienzan a las siete y media, lo sé, muy temprano, pero prefiero llegar antes de tiempo que arriesgarme a llegar tarde. Me miro al espejo mientras articulo esto con mi cabello oscuro y despeinado.

¿Dónde quedó el cortejo? ¿La galantería y caballerosidad? ¿El halagar no solo tu belleza, sí no también tu inteligencia y habilidades? – Exacto, no hay – me digo frustrada mientras me alisto para ir a clases.

Estoy caminando hacia mi salón de clases mientras escucho "Come back when you can de Barcelona" es irónico ya que no tengo a alguien que deba regresar.

— ¡Sofía! ¡Sofía! – grita una voz femenina y agitada.

– Hola Roxana, buenos días - volteo al escuchar mi nombre y la veo, es mi amiga Roxana que siempre está corriendo porque la puntualidad no es algo que la caracterice.

— ¡Pero cuanta formalidad! – extiende sus brazos al aire exasperada por mi saludo – te digo mujer que necesitas relajarte, parece que no has dormido toda la noche.

Tenía razón, en efecto no había dormido más que 4 horas o quizás menos, pero valió la pena, estaba leyendo una historia muy buena en mi celular. Romántica, otra vez.

— Estoy bien Roxana, mejor entremos a clases, no quiero llegar tarde. – articulé con voz calmada.

Me di media vuelta para dirigirme al salón, sentía a Roxana atrás de mi quejándose de mis actitudes, no puedo culparla, es mi amiga y la quiero, sé que quiere lo mejor para mí, así como yo con ella, pero no sé, supongo que encontré un refugio en las lecturas.

La clase transcurrió con normalidad, los profesores nos dejaron trabajo en grupo, trabajé con mis tres compañeros de siempre, Roxana estaba incluida y los otros dos, eran José y Román.

Roxana es más baja que yo, su cabello negro le llega a la altura de sus hombros de piel canela.

José es un poco más alto que yo, su cabello también es negro, le cubre la mitad de un ojo, va acorde a su personalidad, es muy callado, pero aporta ideas cuando se necesita y nunca pone pretextos para incumplir con su trabajo, así que se puede trabajar con él.

Román es muy alto, lo que tiene en altura lo tiene de molestoso, siempre haciendo comentarios sarcásticos, yo también soy sarcástica, pero él me responde con más sarcasmo y es algo de nunca terminar, a veces puede resultar desesperante.

Su piel es clara, o al menos eso parece, siempre utiliza abrigos y pantalones, solo se puede ver su rostro y una parte de su cuello.

— ¡Sofíaa! ¡Vamos por helados con José y Román! – gritó mi querida y loca amiga cuando estaba a solo 20 cm de ella.

Torcí una media sonrisa y la miré tratando de contener la risa, ella sabe perfectamente que yo no puedo rechazar helados ni pizza. Es de las pocas cosas que disfruto sin mucho esfuerzo.

– Esta bien Roxana, vamos por helados. – le dije mientras cogía mi mochila y la colocaba en mis hombros para irnos.

— ¡Por eso te adoro! La pasaremos genial, tengo un buen presentimiento. – decía Roxana mientras me miraba con el brillo en sus ojos de la emoción por salir.

¿Qué puedo hacer con ella? Puede resultar exasperante, pero todos necesitamos un poco de locura en nuestras vidas, así que ella me ayuda en la mía y la valoro por ello.

Estamos esperando nuestro turno para pedir los helados, mientras que ellos se preguntaban que se pedirían porque no habían decidido. Yo ya sabía lo que quería desde que Roxana mencionó ir a la heladería, chocolate y lúcuma como siempre. En eso escucho la molesta voz de Román.

— Seguro que Sofía pide lúcuma y chocolate, como siempre...es que es tan predecible. – dijo con su molesta voz.

— Román, normalmente me molestaría con tus comentarios impertinentes e innecesarios, pero ¿Qué crees?

Estoy demasiado ocupada pensando en comer un delicioso helado que no pienso ocupar mi mente en otra cosa.

Disfruta mi predictibilidad. – curvé mi labio en una sonrisa diciéndole estas últimas palabras y volteé para no verlo centrándome en pedir mi helado.

De pronto veo a José ya comiendo su helado y nosotros no habíamos pedido.

– José, ¿por qué ya tienes el helado? – le pregunté con voz sorprendida y debo admitir que un poco molesta.

José elevó sus hombros y dijo: - Mientras ustedes discutían, la señorita me atendió, los veo en la mesa. -Y se fue sin voltear a vernos, que bueno que no lo hizo porque todos estábamos con cara de tontos. Tenía razón, por estar discutiendo no nos atendieron. Culpa de Román.

Finalmente nos sirvieron los helados y alcanzamos a José en la mesa, ellos conversaban sobre las clases y trabajos mientras yo estaba concentrada en disfrutar mi helado hasta terminarlo.

— Deberíamos hacer una reunión cuando terminemos el ciclo, ya falta solo un mes, será divertido, podríamos por fin conocer a nuestros demás compañeros de carrera, ampliar nuestro círculo.

– ahí estaba otra vez la mirada de emoción de Roxana mientras se le ocurría una idea que sabía que no iba conmigo, pero que haría lo que fuera por convencerme.

Román y José dijeron que podría ser una buena idea, Román ofreció su casa y se encargaría de la música.

Yo estaba callada pensando en que debí pedir tres bolas de helado en vez de dos porque ya se estaba terminando.

Podría haber pedido dos bolas de lúcuma y una de chocolate o quizás dos de chocolate y una de lúcuma...

no... mejor dos de lúcuma y dos de chocolate.

— ¡Sofíaaaaa!, ¿escuchaste lo que dije? – Roxana gritándome, otra vez.

Me sobresalté al escuchar sus gritos, traté de recordar que estaba mencionando y solo recuerdo que mencionó hacer una reunión.

— Roxana cuando dices reunión, significa que es una fiesta hasta el amanecer con alcohol y música sin sentido, ¿correcto? – pregunté en voz baja, pero segura mientras sostenía mi vaso ya vacío.

— Calma tu gran emoción, ya sabemos que eres el alma de la fiesta, no necesitas exhibirte – comenzaba de nuevo Román con su arrogante y molesta voz, ¿podría ser alguien tan desesperante? Pues sí, aquí está, se los presento: El señor Román de 24 años, estudiante de literatura.

Decidí no mirarlo ni responderle, sé que eso le molestaba más porque se sentía ignorado y su ego no soporta eso.

— Oh vamos, será muy divertido, te prometo que pondremos rock. – Roxana sabe la música que me gusta, obviamente. La miré y le dije que estaba bien, iré.

Ya se estaba haciendo tarde, así que decidimos irnos cada uno a casa.

Mi dormitorio es como mi santuario, solo está mi cama, mi ropero y mi televisión que no la uso mucho, nada de computadora ni libros de la universidad porque me puedo amanecer adelantando tareas o despertarme en la madrugada pensando en cosas que debería hacer ya que no concilio el sueño.

Mi mamá me saludo a lo lejos, ella es un poco más baja que yo, con su cabello corto y negro, es hermosa por dentro y por fuera, me gustaría darle todo lo que tengo, verla feliz día a día, pero sé que no depende solo de mí.

Empecé a hacer mis tareas en mi espacio de estudios, logre hacer las tareas de la semana, así que estaría más descansada y tendría tiempo de leer algunos libros o historias que estaba interesada leer.

Al llegar la noche, me fui a mi cama con mi celular para poder leer una historia sobre una joven que se embarazó y ahora tenía que buscar al padre de su hijo, así es, noche de copas.

No es lo más romántico, sin embargo, ¿Quién sabe cómo terminará?

Finalmente, el sueño me vencía, me quedé en que encontró al hombre después de dos meses, pero resulta que estaba en una relación con otra mujer.