Qué había en las jaulas Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

—¿Cómo supo que habíamos visitado el taller? —preguntó Jason.

—No lo sé. Su automóvil estaba afuera. Tengo clientes durante todo el día.

—¿Había visto antes a ese hombre?

—No.

—¿En alguno de los almacenes?

—No.

—¿Qué ocurrió cuando terminó de revisar el teléfono?

—Me lo devolvió. Dijo que nadie tenía por qué enterarse de las patas blancas. Después me preguntó a qué escuela iba mi hija.

Ellis volvió a mirar hacia la puerta.

—No tengo ninguna hija. Él no lo sabía.

—Pero usted creyó que podía averiguar quiénes eran sus familiares.

—Mi hermana trabaja en la recepción. Había salido a buscar repuestos. Podría haber regresado mientras él estaba allí.

Conseguimos su ubicación e hicimos los arreglos necesarios para que un agente se reuniera con ella.

Ellis nos proporcionó las credenciales de acceso al sistema de cámaras del taller y autorizó que conserváramos las grabaciones.

El hombre había cruzado dos veces la zona de trabajo con el rostro descubierto.

Eso era mejor que cualquier imagen que hubiéramos obtenido de la furgoneta.

Mientras el técnico trabajaba con el teléfono, Ellis describió los requisitos que había recibido.

Perros grandes. Lo suficientemente sanos para caminar sin ayuda.

Primero fotografías, después el peso y una hora de entrega.

Nadie había preguntado por registros de vacunación, si el perro vivía con niños o si se llevaba bien con otros animales.

—¿Preguntó para qué los querían? —dije.

—Me dijo que los perros grandes eran más difíciles de dar en adopción.

—¿Qué hombre?

—El que hablaba conmigo por teléfono. Nunca lo conocí personalmente.

—¿El hombre que recibió al perro dijo algo?

—Solo que dejara la correa.

Ellis volvió a pasar el pulgar por el borde del vaso.

—Ni siquiera preguntó cómo se llamaba.

◆◆◆

Harding nos recibió fuera de la sala. La detective encargada de la agresión había enviado la imagen más clara obtenida en el taller a los supervisores de patrulla.

Ellis y su hermana tenían un lugar donde quedarse aquella noche, con medidas que discutirían directamente con los agentes responsables de protegerlos.

—No vas a regresar a su taller —me dijo Harding.

—No tenía pensado hacerlo.

—Bien. Él tampoco.

Le proporcioné la nueva información sobre las entregas. Los mensajes podían ayudarnos a establecer quién había organizado la transacción. La agresión podía ayudarnos a identificar a quien intentaba impedir que Ellis hablara. Ninguna de las dos cosas nos permitía ver el interior de los remolques.

—Envíale todo a Dana Ruiz esta noche —ordenó Harding—. Cualquier información que respalde una intervención en una propiedad debe llegarle ahora. No la guardaremos hasta el siguiente evento.

Había asignado otros dos detectives a la investigación de los vehículos y los teléfonos. El personal de control animal hablaría con los propietarios que Ellis había mencionado. Su declaración ya no iba a quedarse esperando en mi lista de pendientes mientras yo observaba cuatro pantallas.

—¿Alguna noticia sobre el perro atigrado? —pregunté.

Harding negó con la cabeza.

Ellis me había hecho la misma pregunta. Todavía no tenía nada que responderle.

Jason esperó hasta que Harding se marchó.

—Te quedaste con él.

—Estaba en la carretera.

—Después ya no. Podrías haber perseguido al otro hombre.

A través de la estrecha ventana de la puerta podía ver a Ellis sosteniendo el vaso. No había bebido ni un sorbo.

—Pensó que lo habíamos delatado.

Jason siguió mi mirada.

Regresé al interior y me senté. La detective encargada de las medidas de protección estaba en camino. Hasta que llegara, yo podía ofrecerle algo: alguien que permaneciera a su lado.

◆◆◆

La semana siguiente conseguimos una imagen clara del agresor, pero ningún nombre que asociar con ella.

El número utilizado para organizar las entregas había dejado de contestar.

Los investigadores continuaron revisando las llamadas y la furgoneta, mientras control animal confirmaba que el perro café estaba con el hermano de su propietario.

El perro atigrado seguía desaparecido.

Dana recibió los mensajes y las declaraciones de los propietarios.

Seguimos investigando las solicitudes relacionadas con los animales, mientras la investigación independiente de la agresión perseguía a los hombres de la furgoneta.

Cada mañana revisaba las transmisiones de los almacenes y después llamaba a los detectives que investigaban a las personas responsables de las entregas.

Vigilar los edificios se había convertido en solo una parte de mi jornada.

En la siguiente reunión del caso, coloqué las fotografías de los perros encima del mapa de las rutas.

Harding las revisó antes de hablar.

—Dime qué podemos hacer hoy por estos animales.

El investigador de maltrato animal tenía testigos de las entregas a quienes entrevistar. Yo tenía propietarios que identificar y un fiscal al que poner al día. Ninguna de aquellas tareas requería una invitación a la Arena.

—¿Y el siguiente evento? —pregunté.

—Seguimos vigilando. No retrasaremos otra parte de esta investigación para proteger tu vigilancia.

Escribí las tareas asignadas junto a cada fotografía. Un perro ya tenía una familia dispuesta a identificarlo. De otro solo contábamos con la descripción de un testigo asustado. Para cuando terminamos, el mapa estaba casi cubierto.

Llamé al investigador antes de salir de la sala. Necesitábamos un lugar donde llevar a un animal el mismo día que lo encontráramos, no otra reunión sobre lo que podría transportar el camión.