PYR Yksihw
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Yksihw

La selva permanecía tácita mientras la luz de la luna bañaba las hojas de las plantas aquí y allá.

Las criaturas minúsculas recorrían las tierras lindadas a su ritmo nutriéndose de las bendiciones del cielo y la lluvia que regaba los campos de tanto en tanto.

En una cabaña entre los árboles reposaban en el lecho dos amantes, uno arraigado a aquel lugar, otro que comenzaba a llamarlo hogar.

Entre las sábanas las caricias no cesaban, pero el descanso no llegaba a culminarse.

—Podrías contarme una historia? Eso siempre me ayuda a dormir —dijo uno de ellos con las mejillas ardientes.

—Eres adorable, por supuesto —rió entre dientes y comenzó su relato.

Fue entonces cuando el hombre sintió un presencia en una de las rústicas ventanas de su hogar.

Afuera pudo discernir una silueta grande y que se agitaba de manera rítmica ante su cristal, donde una nube de vaho se quedaba impregnada.

La huella de una nariz húmeda se quedo fijada y él exhaló con calma.

Al girar la cabeza vio que su amante reposaba tranquilo y posando su frente contra la suya le dio un beso para formar también parte de sus sueños.

Apagó la vela que quedaba encendida y se derretía sobre un candelabro antiguo.

Su cuerpo se adentró más en las sábanas y juntó su cuerpo con el otro en busca de calor reconfortante.

No tardó mucho en escuchar cómo la quietud de la noche se veía interrumpida por ronquidos que atravesaban los mundos.

La vibración llegó a su pecho y se dejó conducir hasta el mundo onírico del guardián que los había bendecido.