PYR Esmeralda de sangre
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Esmeralda de sangre

La noche había llegado al reino de Horrelton y a Lucilda le apetecía tomar una buena jarra de cerveza y mover el cuerpo.

Se puso unos pantalones verdes anchos y un top naranja, como bruja vegetal siempre le gustaba parecer un floripondio gigante.

Se llenó de accesorios mágicos y se ató su grimorio al muslo.

Llevaba el pelo suelto y tras ella dejaba un aroma a flores frescas que la caracterizaba.

Entró en el pub rústico y se introdujo entre la marea de criaturas de todas las razas que rozaban sus cuerpos a ritmo de una música alta y moderna.

Las luces le molestaban en los ojos, pero llegando al centro de la pista se fijó que se había formado un círculo alrededor de alguien.

Extendió su cuello hasta ver a la que le pareció la goblina más hermosa.

Su piel verde refulgía como una esmeralda bajo los focos con sus movimientos sensuales.

La goblina miró en su dirección y sus ojos oscuros enmarcados con su violáceo pelo se fijaron en ella.

Le hizo un gesto con el dedo para que se acercara, pero Lucilda roja hasta las orejas huyó hasta la barra.

Tras cuatro intentos el camarero seguía ignorándola y soltó un bufido de enfado.

—Tranquila, preciosa, esto corre de mi cuenta — dijo una voz seductora y melosa tras ella.

—Gracias, parece que todos solo tienen ojos para ti. Y no me extraña —soltó Lucilda impulsiva.

La goblina se apoyó en la barra y acercó su voluptuoso cuerpo al de la bruja, que se había puesto nerviosa y la boca se le secó. La goblina apartó las ondas cobrizas detrás de la oreja de Luci y se carcajeó.

—Me llamo Falkia, encantada — se presentó mientras le extendía la jarra fría.

—Lu…Lucilda —se deslizó entre sus labios.

—¿Quieres divertirte conmigo Lucilda? Estoy cansada de esta gente ya.

Lucilda no estaba segura, pero asintió y Falkia agarró su mano con firmeza.

El tacto era suave, pero rugoso y distinto a lo que había experimentado.

Llegaron hasta el centro de la sala y ambas comenzaron a bailar.

Sin que la humana se hubiera dado cuenta mientras todas las miradas se dirigían hacia ellas Falkia sacó dos cuchillas y comenzó su danza mortal.

Poco a poco las criaturas se iban desplomando degolladas y la sonrisa pérfida de Falkia se iba dibujando enseñando cada vez más sus gruesos colmillos.

Lucilda estaba hipnotizada y no respondía a lo que pasaba alrededor.

La pista de baile se convirtió en una marea espesa de sangre y la música dejó de sonar.

En su lugar una profunda risa macabra comenzó a salir de la bailarina esmeralda cubierta ahora de sangre.

La bruja se alejó de ella saliendo del hechizo del baile y horripilada se miró el cuerpo bañado en sangre como el de la goblina. Ella se intentó alejar poco a poco intentando no resbalar, pero Falkia corrió hacia ella sin problema y la noqueó con un golpe seco.

—Lo siento, Luci, nuestra diversión acaba de empezar.