PYR La ciudad escalofriante
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La ciudad escalofriante

Las hojas de otoño crujían bajo sus botas haciendo eco en las paredes de la casa derruida.

El viento se colaba entre las grietas de las paredes y alborotaba su rubia melena que flotaba tras de sí como una estela de velocidad.

En su mirada tenía su objetivo marcado, como tantas otras veces.

Entró a la estancia y su cuerpo se relajó comenzando una vez más el ritual.

Entre sus dedos sintió las chiribitas y tocó la superficie del espejo, que se volvió líquida y la recibió como una vieja amiga.

El viaje sería corto, como de costumbre, su cuerpo precipitado estaba acostumbrado al vacío de la caída, al torbellino de colores que la envolvía y a los reflejos que la envolvían.

Todo iba como siempre, hasta que una pluma rozó su mejilla.

Sintió como si una daga la hubiera acariciado, pero no había herida real.

Su confusión hizo que perdiera la concentración y el hechizo que la rodeaba comenzó a distenderse.

Su realidad la comprimía como una garra y el aire escapaba de sus pulmones.

En un intento desesperado se aferró a uno de los reflejos, para solo recibir un corte que provocó una lluvia espacial de estrellas de sangre.

Cerró los ojos y apretó su muñeca para contener el dolor.

Sin poder evitarlo comenzó a girar vertiginosa sobre sí misma, hasta que colisionó con un destino incierto.

Su ser rodó con fuerza por una calle asfaltada expedido de un charco y la adrenalina hizo que se levantara de golpe mirando a su alrededor.

Una noche oscura la recibía en una ciudad extraña.

Un escalofrío le recorrió la espalda haciendo que su incomodidad aumentase y salió en busca de algo de luz.

En la avenida principal un desfile de criaturas grotescas portaban faroles, instrumentos y comida en una algarabía tétrica y que se perdía a la vista.

La maga miró a un lado y a otro, buscando un lugar donde refugiarse, pero una de los monstruos se le acercó señalando su mano y hablando en una lengua ininteligible para ella.

Aquella cosa se llevó la zarpa enguantada hasta su rostro, pero ella abriendo mucho los ojos salió corriendo chocándose con cada cosa a su paso.

A su espalda dejaba gritos, quejas y un caos general que los habitantes no recibieron con agrado.

Después de un rato huyendo se adentró en una casa que estaba abierta y parecía solitaria.

Su interior era lujoso, cuidado y exquisito, lo que la desconcertó aun más.

Comenzó a subir las escaleras, con la esperanza de que en ese mundo existieran los espejos o al menos encontrar una fuente de agua que manipular.

Escuchó el sonido de la puerta y con horror vio de nuevo al monstruo del principio.

Tropezó en las escaleras y aquella cosa la agarró por la pierna.

Con patadas consiguió liberarse y se lanzó estancia tras estancia hasta dar con un pequeño baño.

Su mano sangrienta impactó contra el cristal y su magia la absorbió frenética al instante.

Al girarse para comprobar el portal vio a la criatura quitándose una máscara, revelando un joven de piel blanca y unas alas negras extendidas a su espalda.