PYR Amarillo
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Amarillo

La puerta metálica se deslizó hasta crear un muro frío de chips y cables, como el que había sentido toda su vida entre elle y sus progenitores.

Su cuerpo alto y firme mostraba las secuelas del maltrato físico, pero el verdadero dolor lo llevaba rasgado en el interior.

Sus manos se aferraron a su cara como una jaula tratando de contener sus emociones.

Notó el tacto de su piel grisácea y los embellecimientos de platino que le permitían operar de manera correcta.

En segundos miles de conexiones eléctricas se establecieron en su cerebro, para solo después quedarse en actividad cero.

Sus brazos languidecieron y cayeron a sus costados.

La puerta se volvió a abrir y un brillo triste se reflejó en sus azules ojos, pero la realidad le golpeó como la oxidada maleta que había volado hasta sus pies.

Soltó un suspiro y se agachó para recogerla con pesadumbre, miró por última vez aquella casa que había sido su techo por veinte años, porque nunca fue su hogar, y arrastrando las suelas partió.

Tras un poco llegó a la estación de trenes interestelares de su ciudad, durante el trayecto solo le había mandado un mensaje a la razón de todo aquello, su pareja Bhigo Uh´ul.

Llevaba puesto uno de sus monos carmesí y las botas, por lo que no incumplía con el código de vestimenta interplanetario para viajar.

Se acercó a la ventanilla redondeada y metálica de la estación donde une androide repartía los billetes de manera incansable.

—Buenas tardes, bienvenide a la estación interplanetaria de Qhakails, a dónde desea viajar? —Articuló le androide asistente.

—Hola, deme un billete con destino a Cietis por favor, solo ida…

—Si, gracias —Dijo elle con un hilo de voz extendiéndole su muñeca para que la escaneara.

Le androide escupió el billete por la boca y se lo entregó.

Le joven comenzó a revisarlo y todos sus datos estaban correctos.

Vio su nombre, Vrix Dhiphu, y el corazón le dio una punzada al ver su apellido.

Aquel del que sus progenitores le obligarían a renegar sin ninguna duda.

A la hora establecida el tren salió rumbo a su destino, las chispas de los raíles parecían polvo de estrellas y la mente de Vrix se perdió en la galaxia recordando los insultos que había recibido desde temprana edad en su propia casa por sus colores distintos.

Al llegar al planeta vecino en tiempo récord bajó sin ánimos y de improviso recibió un abrazo por la espalda.

El olor a bosque lo envolvió y se giró para recibir un beso en sus labios rojos de su compañere de vida.

Las joyas de sus frentes se conectaron, la de Vrix roja como el fuego volátil, la de Bhigo verde como la naturaleza en calma.

Un destello de color amarillo les envolvió, el color de su amor, y supo que estaba en su verdadero hogar.