PYR Renich Viasa Avage Lilith Lirach
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Renich Viasa Avage Lilith Lirach

(My songs know what you did in the dark)

Su cuerpo impactó con violencia sobre la tierra haciendo que soltara un aullido quejumbroso de dolor.

Su aliento era pesado y una espesa fumata de vaho salía entre sus labios ensangrentados.

Su vestido celeste estaba hecho jirones por la frenética persecución que estaba sufriendo.

Sus ojos se aclararon lo justo para ver que él seguía su paso firme para cazarla con aquella ballesta que ya le había dejado un agujero en la pantorrilla derecha.

Sentía un peso enorme, sus extremidades no respondían, la cabeza se le iba y aquel hombre ya estaba a escasos metros de ella.

Layla se había rendido, esperaba que la violación fuera rápida y luego su madre pudiera vivir con la pena de haber perdido a su pequeña de ojos diferentes y pelo de fuego.

Él, sir Ansell Lancaster, la miraba con desespero y satisfacción relamiéndose sus finos labios con el pelo grasiento pegado a la cara.

Había levantado el arma después de haberla insultado y Layla cerró los ojos aceptando su destino inmediato, pero la brisa nocturna le trajo un canto cercano.

El sonido entró en su cuerpo y algo dentro de ella vibró, abrió los ojos y hundiendo sus negras manos en la arenisca tomó la valentía para arrojársela al malnacido cegándolo y salir corriendo de nuevo con un esfuerzo titánico.

Layla había dejado de sentir su cuerpo desplazándose por inercia hacia la fuente de la melodía.

Cada vez era más notoria y al final del camino en lo alto de cerro lo vio.

Un hermoso templo oscuro se erigía majestuoso, iluminado por cuencos llameantes y construcciones intrincadas.

La esperanza cayó en su interior como una gota en el estanque de la vida.

Apuró su paso y una sonrisa se limpió con las lágrimas de felicidad que brotaban de ella.

Hasta que un nuevo sonido estalló en la noche, una flecha cortó el viento y pasó directa al lado de su hombro.

Había fallado, pero su cuerpo se había quedado desnudo al resplandor de la luna al desgarrar el pequeño trozo que todavía mantenía la pieza.

No le importó, su supervivencia era más importante y con las fuerzas que sacaba de su interior esprintó hasta entrar por fin en los jardines del templo.

Un delicioso olor a rosas y mirra la envolvió desde la puerta, en respuesta al canto que ya escuchaba nítido comenzó a gritar pidiendo auxilio hasta que entró por la puerta principal y tropezó con el escalón.

Hizo una entrada atropellada rodando por el mármol azabache y las hermanas que estaban haciendo el ritual pararon en el acto para mirarla.

Corrieron hacia ella con ímpetu y la examinaron.

Ordelia, la sacerdotisa, las detuvo y miró hacia la entrada, en su mente ya lo había visto y estaba preparada.

Ansell entró como un lobo acechando a su presa, sus labios se curvaron al instante al ver a todas las siete mujeres que ahora allí estaban.

—Será mejor que abandones el templo de Lilith de inmediato o habrá consecuencias —Espetó con serenidad la sacerdotisa.

—Ninguna mujer me dirá lo que cojones hacer y esa zorra de ahí es mía —Soltó con agresividad y escupió el suelo.

—Ninguna mujer te pertenecerá jamás engendro, lárgate de aquí o…

—O qué? Cállate ya vieja zorra, ahora me las voy a follar una a una y luego bañaré estas infectas paredes con su sangre —rió Ansell.

Un viento fuerte entró levantando los trajes de gasa granate que las hermanas portaban y haciendo que el fuego se agitara con fuerza.

En el fondo del templo un sonido hueco comenzó golpear, la estatua de la diosa se había rodeado de un aura oscura, brillante y que se movía como una serpiente.

La sacerdotisa abrió los ojos al darse cuenta y comenzó a entonar de nuevo el canto Renich Viasa Avage Lilith Lirach.

Las hermanas se unieron una a una alzando su voz.

La serpiente se deslizó hasta el centro del templo y una mujer terriblemente hermosa de piel blanca y largos cabellos negros se formó.

Con frialdad miró primero a Layla y luego al hombre.

Hizo una floritura con la mano y remolinos de viento recogieron las llamas de los cuencos hasta llegar al hombre y fulminarlo con voracidad.