PYR Viernes 6
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Viernes 6

Querido diario:

Hoy ha sido un día peculiar, como cada viernes de principio de mes el amo Córvex le ha dado el fin de semana libre a todos los moradores de Cuervedra.

La soledad me gusta, solo me hacen falta mis preciados libros, pero hoy tenía ganas de jugar, así que he ido a explorar.

Al principio todo estaba correcto, había fulminado con mi aliento a mi enemigo natural, el polvo en las estanterías.

Di varias vueltas por los pasillos, volé hasta las arañas de cristal y comprobé el registro de préstamos.

Bueno, también intenté coger la última galleta del cáliz, pues me estaba haciendo ojitos y me llevé un latigazo en la cola.

Cómo odio esos latigazos. Grité por permiso en voz alta y mi deseo se cumplió para mi inmensa satisfacción.

La protección mágica se disipó y me lancé a por la última de mis delicias.

Que maravilla de dulzor y chocolate en la boca.

Todavía puedo saborear la textura y las sensaciones que renuevan mi magia en el paladar.

Continuo, que si no voy a babar todo el libro.

Esto me agradó mucho, hoy el amo parecía estar especialmente contento y yo sabía que era porque el señor Sphenix, su marido, estaba en casa.

Es tan bueno el señor, siempre que vuelve a casa me trae dulces de todas las regiones que visita, por eso quise ir a visitarlo a los aposentos del amo.

Pero primero debía pasar por la cocina para decirle a Cidreira que se habían acabado las delicias.

Puse mi cartel de “No tengo galletas, no hay libros, vete por donde has venido”, me colgué la llave al cuello y partí raudo volando por los pasillos.

Casi llegando a las cocinas algo en el exterior llamó mi atención, en medio del jardín estaba Arminda, haciendo un ritual debajo de la tormenta moviendo su ondeante tela al viento.

Vislumbré a su amada descendiendo entre las gotas de lluvia, espero que me haya traído néctar, si no no las dejaré darse arrumacos en la sección oscura de mi biblioteca.

El panorama en la cocina no era diferente, Cidreira tenía todos los ingredientes por los aires: pollo, sopa, setas, especias, legumbres, etc.

Y cantaba como una posesa al ritmo del radiófono.

Me quedé quieto negando con la cabeza y en lugar de molestarla decidí dejarle una nota, que mandé en forma de avioncito hasta su mesa.

Antes de que pudiera girarse desaparecí para llegar a mi último destino.

Tras un buen rato recorriendo y entreteniéndome con las decoraciones del castillo llegué a la puerta del amo Córvex.

Puse la oreja para escuchar y los gritos de dentro me alteraron “Oh sí, dame con tu cola de sireno” “Entiérrame el cuerno de unicornio, mi amor”.

Sin pensarlo dos veces huí despavorido, yo no quería que me hicieran daño con nada.

Volví a mi segura biblioteca y me quedé en calma leyendo un libro.

Ahora me toca dormir y esperar que el caos se calme.

Hasta mañana y con cariño,

Uururz