PYR Tentáculos ocultos
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Tentáculos ocultos

La cola al ascensor que llevaba a Penhacoguen avanzaba con una lentitud soporífera, saqué mi cabeza por el lado derecho para tener mejor visión y vi que todavía quedaban al menos treinta criaturas delante de mí.

Estaba atascada entre un hombre almeja con la concha mugrienta y una delfína grosera que se chasqueaba con su amiga.

Qué asco les tenía a las pijas casi pescado.

Sin esperarlo la cola retrocedió y una de las patas troncudas que salían del caparazón fue a parar directa a uno de mis tentáculos.

Me quejé en alto ahogando un grito y retiré mi oscura y ventosa extremidad hasta agarrarla con cuidado.

La froté con mis manos finas y el molusco me miró con cara aburrida.

Yo le lancé una mirada iracunda y en sus ojos vidriosos pude ver reflejada mi morada piel.

Traté de crear un espacio más amplio esparciendo mis tentáculos por el fondo arenoso y funcionó por lo que por un rato estuve menos agobiada.

Poco a poco nos fuimos moviendo y cuando quedaban escasas diez personas tomé el collar en forma de concha que me había regalado mi madre y que contenía un hechizo arcano.

Con habilidad introduje una de mis afiladas uñas azules en el orificio y escuché la pequeña explosión de la burbuja que contenía la magia.

De mi interior expulsé una nube de tinta negra que me envolvió por completo como un manto de noche.

Comencé a sentir pequeñas burbujas por toda la piel y mi forma mutó siguiendo el plan acordado.

Había tomado el aspecto de una muchacha humana de piel negra, gruesas carnes y una belleza arrebatadora con labios y cabellos azules.

El ceñido y vaporoso vestido negro que llevaba flotó al mismo tiempo que yo por las saladas aguas.

Era mi turno y el revisor, que era un tiburón con unirforme y gorra ridículos me miró de arriba a abajo.

—Nombre y motivo de la ascensión —escupió con una voz grave y monótona.

—Vibeka Assenav, asciendo por asuntos de trabajo — le dije con un hilo de voz seco y casi inaudible, para respaldarme le enseñé un documento falso y un permiso creado con triquiñuelas.

El revisor sin ánimo y con cara de asco me hizo un gesto con la aleta para que pasara al ascensor de cristal.

Atravesé las puertas y me sentí eufórica sabiendo que el plan y mis tentaculos estaban bien ocultos y nadie sospechaba.

Una vez se completó el cupo en el ascensor las puertas se cerraron y comenzamos el ascenso con parsimonia mientras el sonido del agua contra el cristal fluía a nuestro alrededor.

Entre la muchedumbre me vi reflejada en las puertas, mi verdadera forma se vislumbraba con los reflejos marinos en el límpido cristal.

Me quedé mirando mi silueta ondulante hasta escontrar mis verdaderos ojos negros pintados de rojo, cuando coincidieron nuestras miradas lo supe, la venganza contra la perfecta princesa pelirroja de cola esmeralda daría sus frutos y las brujas del mar volveríamos a tener voz.