PYR Alea iacta est
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Alea iacta est

El timbre sonó como un abejorro molesto aguijoneándole el tímpano y con mala gana se levantó de su cama.

El sol del mediodía le dio directo en la cara y se quejó molesto hasta alargar la mano hasta el pomo y abrir.

El dron flotó delante de él y sin aviso ni permiso le escaneó la cara con un laser anaranjado.

—Brais Fidalgo, gracias por tu pedido, hasta la próxima — salió del dron la voz robótica de Alexa y dejó caer el paquete sin espera, haciendo que rebotara en el felpudo.

—La próxima vez pedid permiso antes de escanear, sinvergüenzas — gritó tras recoger el paquete del suelo y terminando de frotarse la cara con una sensación desagradable.

El dron ya se había ido antes del insulto y el muchacho dio un portazo indignado. Fijó su vista en el paquete marrón y lo movió. Antes de abrirlo habló en alto y ordenó a su sistema centralizado del hogar que recogiera el cuarto y le cocinara el menú del día.

Brais se sentó en la barra de la cocina y rasgó el paquete como un niño el día de reyes para descubrir su nuevo juego.

Lo levantó en el aire para admirarlo, el Fantasino, el casino virtual más grande online donde podías ser lo que quisieras.

Desde la temprana muerte de su marido se sentía como una rana falta de oxígeno al fondo de un pozo.

No había vuelto a probar la afición que los había unido, pero quería y quizá online sería mucho más sencillo.

Tras una desinfección rápida en la cámara del baño se sentó en el sofá e insertó en su antebrazo el pequeño chip que descansaba en la caja de plástico. Sus ojos se volvieron blancos y su cuerpo se quedó inmóvil, pero en su mente comenzaba una nueva aventura.

En segundos comenzó a ver una luz cálida, como una antorcha que le guiaba hasta su destino.

Una musiquilla rítmica de un instrumento desconocido comenzó a vibrar en su mente aislándolo del resto de sonidos.

Una pantalla saltó delante de él para configurar su personaje.

Con maestría diseñó su imagen, un hechicero atractivo de facciones y cuerpo definidos, con ropajes ajustados en tonos cálidos, acorde a su magia de fuego y con estadísticas muy favorables.

Una sonrisa se dibujó en su boca y con un movimiento de la mano dio paso al juego principal. Apareció en una enorme estancia llena de los colores del arcoiris y se quedó fascinado mirando las infinitas máquinas y juegos que ocupaban cada centímetro.

—¡Hola Siarb, bienvenido a Fantasino! Yo soy Estnom, tu asistente, dime todo lo que necesites—se presentó una usuaria con unas hermosas alas de fénix y gran desparpajo.

—Gracias, por ahora iré a explorar — dijo él con una mueca ansiosa.

La mujer asintió y con un gesto le puso una chapa identificativa en la solapa de la chaqueta y le dejó marchar.

Se alejó más rápido de lo que hubiera querido de ella y trató de respirar pronfundo para no entrar en un ataque de pánico.

Caminó por el lugar sin acercarse a ningún juego, hasta que se sentó para entrar calor en la gran ruleta.

Un alto hombre búho la giraba y animaba a la gente a tirar, él jugó varias partidas y decidió cambiar.

Unos pasillos más allá vio su juego favorito y el de Aleix, con respeto se acercó a la mesa de los dados y la vampira morada que los agitaba lo azuzó a sentarse.

Él lo hizo y las últimas palabras que su marido le había dicho resonaron en su mente “Alea iacta est”.