PYR Gaviota de luna
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Gaviota de luna

Los primeros rayos del sol acariciaron el límite del cielo y el viejo marinero se dispuso a salir a la faena.

Pero escuchando un pequeño repiqueteo se dio la vuelta y con una gran sonrisa bajo su blanco bigote recibió a su pequeña de castaños bucles y sonrisa inmensa.

Ella se agarró a su cuello y entrelazando sus manitas en los cabellos de su padre liberó el aroma a sal que siempre lo acompañaba.

—¿Vendrás para la cena pa’? —le preguntó ella con ojos brillantes.

—Aquí estaré hija, mi pequeña Mar —dijo él con tono tierno.

Él la puso de nuevo en el suelo, pero la niña no quería despegarse de él y resignado dejó que lo acompañara agarrándole uno de sus grandes dedos.

Pronto llegaron al gran puerto en el que estaba atracada su embarcación, La Nuez.

En el muelle ambos se despidieron y la niña lo llenó de todos los besos que pudo antes de que su padre comenzara a surcar las olas de plata.

Para entretenerse la pequeña se transformó en una golondrina de aire y comenzó a jugar con las brisas que llegaban. Su plumaje se movía grácilmente de un lado a otro, como si bailara al ritmo las coplas que tanto amaba.

En el agua el día comenzó complicado, las corrientes no daban tregua y las mismas brisas con las que jugaba Mar en el puerto en mitad del gigante salado hacían que el barco se tambaleara.

Sin poder evitarlo Juan cayó estrepitosamente en la cubierta dañándose las alas.

Con esfuerzo continuó la jornada hasta bien entrada la tarde.

Dado por acabado el día y queriendo ver de nuevo a su pequeña puso rumbo a tierra.

Sin esperarlo, nubes negras se cernieron a lo largo y ancho del cielo, un viento aciago sopló y las olas comenzaron a batir el océano de manera hostil.

Con sumo esfuerzo los motores del barco lucharon contra viento y marea, hasta que un rayo blanco cayó dando de lleno a la mitad de la embarcación.

Fue entonces cuando La Nuez y su capitán zozobraron y las profundidades del mar acogieron dos almas.

En la orilla la pequeña había vuelto a su forma humana, preocupada buscó con la mirada al barco de su padre, pero no lo encontró.

La tempestad que se había desatado en el puerto era ingente, pero más aun la que ella sentía en su corazón.

Su alma inocente comenzaba a sacudirse y ya no aguantaba más sin saber dónde estaba su querido pa´.

Pasaron las horas y ella seguía inamovible bajo las luces del muelle.

Tanto era el dolor que estaba sintiendo que sus pequeñas alas de golondrina crecieron y arrancando el vuelo se transformó en una blanca gaviota.

Surcó el ancho océano y la tormenta no impidió ni un ápice que cesara su vuelo.

Desesperada buscó y buscó, hasta que vio los restos del barco flotando hasta la superficie entrada la madrugada.

Con el alma líquida Mar lloró y sus lágrimas de gaviota de luna se perdieron en el mar junto a su padre.