Capítulo 42
Hace más de una hora que se han acostado. Para dormir, se entiende. Aunque él todavía no ha podido pegar ojo. ¿Cómo va a hacerlo teniendo a Nirvana en la habitación de al lado? Eso es imposible. Una quimera.
Se revuelve en la cama de un lado a otro. Tanto que incluso tiene calor. Suda. Siente las manos ardiendo. Si alguien le hubiese dicho hace un mes que iba a acabar allí no le hubiese creído.
Antes el Celta de Vigo ganando la Champions.
Pero ahí es tá. En la oscuridad de la habitación de invitados. Con los ojos abiertos como un lémur y fijos en la lámpara que cuelga.
Mira el móvil. La Peleona le ha enviado las instrucciones para la próxima cita. Esta vez son complicadas. Contraseñas, etc.
Vuelve a guardar el teléfono debajo del colchón. Tiene la paranoia de que, mientras duerme, Nirvana entra y lee los mensajes que le incriminan.
Eso es imposible, porque para eso tendría que averiguar su contraseña, pero aun así se siente más seguro metiéndolo bajo el colchón.
Afuera se escucha un ruido. Varios ruidos. Debe de ser normal. En casa ajena uno nunca conoce los sonidos endémicos del lugar. Unos pasos. Será Nirvana, que va al baño. Seguro que lleva un camisón corto. Aunque es invierno.
¡Qué más da! Hace calor.
Solo de pensarlo… Sus piernas desnudas.
De pronto, otro ruido. Este, más fuerte y seco. Como un golpe.
Carallo.
¿Y si se ha caído? ¿Sale? No, eso sería indiscreto. Podría parecer desesperado.
Mejor se queda allí.
Pero ¿y si se ha hecho daño?
Se incorpora y se acerca a la puerta sin hacer ruido. Asoma la cabeza por el quicio.
Nada. Oscuridad y ni rastro de Nirvana.
Sale. Se acerca al baño. Está vacío.
¿Va a su dormitorio? Eso ya sería pisar terreno pantanoso. Pero ese golpe… podría estar herida en su habitación.
La puerta está entreabierta. Se dirige a ella. Mejor da unos golpecitos para asegurarse.
—¿Nirvana? —dice en voz queda.
El silencio a veces es ruidoso.
Retrocede unos pasos. Se aleja de la puerta como si quemase. Entrar ya sería demasiado. ¿Y si te la encuentras medio desnuda? Tumbada en la cama…
¿Qué harás? ¿Arroparla? ¿Pedirle perdón por la intromisión?
Vamos. Pero ¿y si está herida y te necesita?
Siente un calor raro en la parte baja de la barriga. Es posible que sean nervios, Lino. No pasa nada. Lo del colon ya lo descartaron. Estás bien.
Es posible que ese calor venga de más abajo, ¿no crees?
Sí. La tienes dura como una mazorca de maíz.
Se acabó. Regresa a la puerta del dormitorio de Nirvana. Toma aire y la empuja. Poco a poco.
Dentro todo está oscuro. Ve la silueta de Nirvana tumbada en la cama. Destapada. En camisón. Está en una posición extraña pero no parece que se haya caído.
Y entonces lo nota.
Demasiado tarde.
Un trapo húmedo le tapa la cara. Olor a químico. Alguien…
Fran acelera al volante de una furgoneta con los cristales tintados. Detrás, los dos paquetes duermen como niños.