2 #3
Las risas se extendieron entre los que estaban más cerca. Harper aguantó unos segundos la seriedad antes de mirar otra vez la fotografía.
—Una delincuente. Eso es lo que era.
—Sí —admitió Billy—. Bastante.
Harper cogió uno de los churros y lo dejó junto al marco.
—Pero tenía buen gusto.
Esta vez Billy no pudo evitar reírse.
Harper se alejó para buscar su asiento y, poco a poco, los demás fueron haciendo lo mismo.
Alguien dejó una taza de café sobre la mesa, varias sillas arrastraron sus patas sobre el césped y la señora Feldman llamó a dos niños que todavía correteaban cerca de la verja.
Las conversaciones fueron apagándose sin que nadie tuviera que pedir silencio.
Billy se quedó junto a la fotografía. Desde allí veía a Jonah con aquella camiseta espantosa y a Jamal sentado a su lado, todavía vestido como si fuera a una entrevista de trabajo.
Kevin había ocupado una silla cerca de los voluntarios de la perrera; el señor Kaplan se peleaba con una corbata que probablemente llevaba más años en Riverbend que muchos de los presentes, y Morrigan permanecía algo apartado, junto a la valla.
Dolores encontró su mirada desde la primera fila y le sonrió.
Billy iba a devolvérsela cuando vio a alguien detrás de ella.
Su padre acababa de salir de la casa. Se había quedado al final del jardín, entre dos vecinos, con las manos en los bolsillos y la mirada puesta en la fotografía de Punky. No llevaba ninguna botella ni hizo ademán de acercarse.
Billy lo miró unos segundos antes de volver hacia la mesa.
Respiró hondo, rodeó las flores y se colocó delante de todos.
Desde allí la cantidad de gente resultaba todavía más difícil de creer: vecinos, profesores, policías, compañeros del instituto, clientes de Antonio's, familias enteras y personas a las que Punky probablemente solo había olisqueado una vez antes de seguir corriendo detrás de cualquier cosa que se moviera.
Se aclaró la garganta.
—Bueno... —Billy recorrió todas aquellas caras y terminó soltando una pequeña risa nerviosa—. Creo que Punky conocía a más gente que yo.
—¡Y tenía más amigos! —gritó Jamal desde la tercera fila.
—Gracias, Jamal. Justo el apoyo que necesitaba.
Jamal levantó su vaso a modo de brindis mientras las primeras risas relajaban un poco el jardín.
—La verdad es que no esperaba veros a tantos. Sé que algunos habéis venido por mi padre, otros por mí y otros porque esto es Riverbend y aquí basta con que alguien saque comida al jardín para que aparezca medio pueblo.
—¡Sobre todo si es gratis! —se oyó desde el fondo.
—También. —Billy esperó entre risas y miró la fotografía que tenía a su lado—. Pero creo que la mayoría estáis aquí por ella. Y supongo que eso explica bastante bien quién era Punky.
Harper asintió desde su silla, todavía con medio churro entre los dedos.
Billy lo vio.
—Aunque cada uno tendrá sus motivos. El señor Harper, por ejemplo, sigue convencido de que Punky le robó más churros de los que vendió durante aquel verano.
—¡No estoy convencido! —Harper levantó el churro para hacerse oír—. Tengo las cuentas.
Billy negó con la cabeza y varias personas volvieron a reírse.
—El señor Peterson estuvo recibiendo el periódico todos los domingos durante casi tres años sin estar suscrito.
—Al menos repartía mejor que el chico anterior —dijo Peterson, levantando una mano desde su silla.
—Señor Peterson… el chico anterior era yo.
Esta vez hasta Rick sonrió desde el fondo. Billy lo vio, pero continuó antes de que aquel pequeño gesto pudiera llevárselo a otra parte.
—Y la señora Feldman consiguió por fin librarse de las palomas del jardín.
—Gracias a Dios —dijo ella.
—Bueno, gracias a Punky. Aunque tampoco quiero que esto se convierta en una canonización. Punky robaba comida, destrozaba pelotas, perseguía ardillas y se comía los deberes de Jonah...
—¡Eso solo pasó una vez! —protestó él desde su silla.
—También le declaró la guerra al buzón de los Parker. Hacía todas esas cosas y otras muchas que probablemente irán saliendo hoy en cuanto empecéis a beber. Pero... —Miró alrededor del jardín—. No creo que estéis aquí por ninguna de ellas.
Billy recorrió el jardín hasta encontrar a Dolores en primera fila. Detrás estaban Kevin, Harper, la señora Feldman, Morrigan junto a la valla y, algo más apartado, su padre.
—Punky tenía una cosa... —Billy se pasó una mano por la nuca—. Siempre sabía cuándo tenía que aparecer. Si alguien estaba solo, aparecía. Si estaba asustado, también. Y cuando todo se iba a la mierda...
—Aparecía —terminó Jonah desde su silla.
—Sí. Eso hizo conmigo. —Miró alrededor del jardín—. Y por lo que veo, conmigo no fue la única.
Billy bajó la vista hacia Punky.
—Gracias, chica —dijo Billy, pasando un dedo por la esquina del marco—. Por aparecer.
El jardín permaneció en silencio unos segundos. Solo se movían las hojas sobre sus cabezas y, en algún lugar al otro lado de Maple Street, un perro empezó a ladrar.
— Haaands…
—Jonah, te lo advierto.
—¿Qué? Era su canción.
—No era su canción.
—Lo era desde que ella decidió que sí.
Jamal ya se estaba poniendo en pie.
—Jamal, ni se te ocurra.
—Demasiado tarde, tío.
— Touuching haaand s—cantó Jamal, y Jonah se llevó una mano a la oreja, esperando la respuesta del jardín.
—No pienso participar en esto —advirtió Billy.
— Sweeet Carolineeee —respondieron Jonah y Jamal al unísono.
Esta vez Dolores tuvo que taparse la boca para dejar de reír.
—Sois idiotas.
—Gracias, Lola —dijo Jonah haciendo una pequeña reverencia antes de continuar—. Good times never seemed so good...
—¡SO GOOD! —gritó Donelly desde el fondo.
—¡Señor Donelly, sabía que podía contar con usted! —celebró Jonah, abriendo los brazos hacia él.
—¡Por Punky! —respondió Donelly—. ¡Y por los Red Sox!
El señor McAllister fue el siguiente en unirse y la señora Feldman apenas tardó unos segundos. Para cuando Billy quiso darse cuenta, medio jardín acompañaba a Jonah mientras Jamal marcaba el ritmo con las palmas.
—Sweeeet…
Billy se llevó una mano a la frente.
—Vamos, William —dijo Dolores entre risas, dándole un pequeño golpe con el hombro.
—Ni hablar.
—Vamos.
—He dicho que...
—¡GUAU, GUAU, GUAUUUU! —Dolores se unió a los demás y Billy se volvió hacia ella con fingida indignación.
—¿Tú también?
—Lo siento. —Se secó una lágrima con el dorso de la mano—. Es pegadizo.
A esas alturas ya no había nada que hacer. Jonah cantaba a gritos, Jamal daba palmas y Harper seguía el ritmo desde su silla con el churro todavía en la mano. Incluso Morrigan movía ligeramente la cabeza junto a la valla.
Billy buscó a su padre entre la gente. Rick también estaba cantando. Cuando sus miradas se cruzaron, levantó un poco la barbilla y Billy sonrió.
—Vamos, William.
Billy volvió a negar, pero cuando Jonah atacó otra vez el estribillo ya estaba cantando con ellos.
Cuando terminó la canción, el jardín estalló en aplausos. Jonah hizo una reverencia absurda mientras Jamal levantaba los brazos como si acabara de ganar la Super Bowl y la señora Feldman protestaba porque alguien le había pisado las flores.
Billy regresó junto a la mesa todavía riéndose. Alrededor de la fotografía se amontonaban las flores, los juguetes, la vieja pelota de tenis y, junto al marco, el churro que Harper había conseguido proteger de Jamal.
Apoyó dos dedos sobre una esquina de la foto.
—Menuda la que has montado, chica.
Un perro ladró al otro lado de Maple Street.
—Sí, Ya te he oído—murmuró con una sonrisa.
Billy levantó la cabeza. Esperó un momento, todavía con los dedos sobre el marco, pero no volvió a oírlo.
A su alrededor las conversaciones empezaban otra vez. Alguien servía café, Harper discutía con Jamal por los churros y Jonah trataba de convencer al señor McAllister de que cantara otra canción. Billy dejó la fotografía en su sitio y regresó con los demás.