3 #2
—Demasiado tarde —murmuró Dolores, conteniendo la risa mientras Jonah frenaba junto a ellos.
Jonah derrapó junto a ellos, plantó un pie en el suelo y miró primero a Billy, después a Dolores y finalmente a las manos que seguían entrelazadas.
—¿Interrumpo?
—Un poco.
—Perfecto.
Dolores se echó a reír.
—Llevo diez minutos buscándoos —añadió Jonah, inclinándose sobre el manillar.
—Eso suena más a amenaza que a saludo.
—Porque traigo buenas noticias. —Jonah sonrió—. A ver... ¿sabéis qué estrenan mañana?
—¿La del niño robot?
—¿La del niño robot? Lola por favor... —Jonah se llevó una mano al pecho—. Inteligencia Artificial . Spielberg. Dentro de veinte años la gente seguirá hablando de esa película.
—Vale, vale... No sabía que fuera tan grave.
—Déjame adivinar... Tu padre conoce a Spielberg.
—¡Que sí! —protestó Jonah, señalándolo desde la bicicleta—. Y gracias a ese contacto de altísimo nivel ha conseguido cuatro entradas.
—¿En serio?
—¿Ves? Mi padre nunca miente. Solo cuenta verdades que parecen mentira.
Dolores se echó a reír.
—Vale, me apunto. ¿Cuándo es?
—Esta noche.
—Jo... Yo no puedo —dijo Billy haciendo una mueca.
—Periódicos —adivinó Jonah y, al verlo asentir, dejó caer la frente sobre el manillar—. Billy... alguien tiene que explicarte para qué sirven las vacaciones.
—Me toca medio Riverbend y parte de las afueras.
Jonah dejó caer la frente sobre el manillar.
—Billy... alguien tiene que explicarte para qué sirven las vacaciones.
—Alguien tiene que pagar el pienso de Punky. Y ahora mi padre se ha empeñado en comprarle el bueno.
—Te entiendo —dijo Dolores—. Mi madre dice exactamente lo mismo de mí.
—Pues ya está. Te ayudamos —dijo Jonah levantando la cabeza.
—Ni hablar. No hace falta que vengáis.
—William... —Dolores le dio un pequeño codazo—. Vamos a pasar la tarde juntos de todas formas. Si repartimos contigo, acabamos antes.
Jonah dio una palmada en el manillar.
—Exacto. Llamamos a Jamal, dividimos Riverbend en cuatro y asunto resuelto.
—No sé...
—No hay nada que saber —lo cortó Jonah, contando con los dedos—. Maple Heights para ti, Birchwood para Jamal, Magnolia Park para Dolores y yo me sacrifico heroicamente con el centro.
—Qué casualidad que te haya tocado la zona de Antonio's —observó Dolores.
Jonah dejó de contar con los dedos.
—Eso es completamente irrelevante.
—Y del videoclub.
—Detalles urbanísticos.
Billy negó con la cabeza.
—Sois idiotas.
—Sí —admitió Jonah, apoyándose en el manillar—. Pero dentro de tres horas seremos cuatro idiotas viendo a Spielberg.
—¿Tú organizando algo? Ahora sí que empiezo a preocuparme.
—La gente cambia, Billy. Hace diez minutos quería convencerte de que faltaras al trabajo y ahora estoy dispuesto a trabajar contigo. Eso se llama madurar.
—No, perdona —intervino Dolores—. Sigues pensando que debería faltar.
Jonah hizo una pequeña mueca.
—Sí, bueno... Pero como es un aburrido, he decidido adaptarme a sus limitaciones.
—Qué considerado.
—En una cosa sí tiene razón, William —dijo Dolores, mirándolo de reojo—. Déjanos ayudarte.
Billy alternó la mirada entre los dos y terminó resoplando.
—Vale... Pero luego no quiero quejas.
—¡Sabia decisión, joven padawan! —celebró Jonah, levantando los brazos.
—Y como por mi culpa lleguemos tarde al cine...
—No pasará. —Jonah volvió a agarrar el manillar—. Confía en el poder del trabajo en equipo.
Billy arqueó una ceja.
—¿Eso también es de Star Wars ?
—No. Eso es mío. George Lucas todavía no ha llegado a ese nivel.
Media hora después recorrían Riverbend en bicicleta repartiendo periódicos.
Con cuatro personas haciendo el trabajo, la ruta que normalmente le ocupaba buena parte de la tarde avanzaba mucho más deprisa.
Jamal se lo había tomado con una seriedad casi profesional, Dolores llevaba la cuenta de las calles que dejaban atrás y Jonah había desarrollado un sistema de lanzamiento que privilegiaba claramente la distancia sobre la precisión.
Punky, mientras tanto, parecía más interesada en saludar a todos los perros del vecindario que en colaborar.
—¡Punky! —gritó Billy cuando la vio detenerse frente a la verja del señor McMannaman—. ¡Se supone que estamos trabajando!
El beagle del otro lado movió la cola y Punky respondió inmediatamente.
—Ni caso —dijo Dolores entre risas mientras recogía del seto un periódico que Jonah acababa de lanzar—. Creo que ha encontrado algo más importante.
—Eso iba al porche.
Dolores levantó el periódico y miró hacia la casa.
—Pues el porche se ha movido bastante.
—Ha sido un error técnico.
Billy negó con una sonrisa y volvió a pedalear.
Pasaron por Maple Street, dejaron atrás Oak Square y continuaron hacia las últimas calles de la ruta, donde Riverbend empezaba a abrirse hacia Cottonwood Road y las casas quedaban cada vez más separadas.
Lanzaba un periódico, comprobaba de reojo dónde había caído y volvía a pedalear antes de que los demás alcanzaran la siguiente casa.
Jamal ya se había adelantado unos metros cuando Billy lanzó otro ejemplar hacia un porche cubierto. El periódico cayó sobre algo y resbaló hasta quedar atravesado junto al primer escalón. Billy iba a seguir pedaleando cuando distinguió otros ejemplares debajo.
Frenó junto al bordillo y los contó desde la bicicleta. Había cuatro o cinco amontonados frente a la puerta, algunos doblados por la humedad y todos todavía envueltos en el plástico.
Dolores redujo la marcha al llegar a su altura.
—¿Qué pasa?
—Esos periódicos llevan ahí varios días —respondió Billy señalando el porche.
Jonah y Jamal regresaron al darse cuenta de que se habían detenido. La casa tenía las persianas bajadas y el césped empezaba a crecer junto al camino de entrada. Un aspersor lanzaba agua contra un macizo de flores y parte del chorro terminaba empapando la acera.
Billy había dejado suficientes periódicos en aquel porche para saber que normalmente no duraban allí hasta el día siguiente.
Dolores redujo la marcha al llegar a su altura.
—¿Qué pasa?
—Mira —respondió Billy señalando el porche.
Jonah y Jamal regresaron al darse cuenta de que se habían detenido. Billy contó cuatro o cinco periódicos amontonados frente a la puerta, algunos doblados por la humedad.
—Qué raro...
—¿El qué? —preguntó Jonah, apoyando un pie en el suelo.
—¿Sabes quién vive aquí?
Jonah apenas necesitó mirar la casa.
—Los Hill.
—¿Y dónde están?
—Ni idea. Casi nunca están en verano. —Jonah observó también el porche y se encogió de hombros—. Se habrán ido de vacaciones y se les habrá olvidado avisar.
Podía ser. En verano no era raro encontrar alguna casa cerrada durante semanas porque sus dueños se habían marchado a la costa.
—Sí... puede ser —admitió Billy mientras volvía a colocar el pie en el pedal.
—¡Eh! —gritó Jamal desde la esquina—. ¡Como no espabiléis, vamos a llegar tarde!
—Qué manía tiene este hombre con dar órdenes... —protestó Jonah mientras arrancaba de nuevo.
Billy se puso a su altura.
—Llevamos una hora de adelanto.
—Precisamente. Festina lente —sentenció Jonah, levantando un dedo sin dejar de pedalear.
—¿Perdón?
—Es latín.
—Eso ya lo había supuesto.
—Significa... —Jonah aguantó unos segundos antes de que empezara a escapársele la sonrisa—. Bueno, significa una cosa muy profunda.
—No tienes ni idea, ¿verdad?
—Ni la más remota. Se lo he oído decir esta mañana al señor Miller y me ha parecido que sonaba tremendamente inteligente.
—Algún día vas a meterte en un lío por repetir cosas que no entiendes.
—Lo sé. Pero hasta entonces voy a parecer cultísimo.
Jonah se puso de pie sobre los pedales y salió disparado calle abajo. Punky arrancó detrás de él sin necesitar ninguna invitación.
—¡Eh! ¡Eso es trampa! —gritó Billy.
—¡Espabila, Kowalski!
Jamal y Dolores los esperaban en la siguiente esquina. Billy volvió a colocar el pie en el pedal.
Seguramente Jonah tenía razón.
—¡Billy! —gritó Dolores desde la esquina.
—¡Ya voy!
Billy se impulsó sobre los pedales y salió tras ellos. Alcanzaron a los demás antes de llegar al cruce y Jonah volvió a proclamar que aquello era oficialmente una carrera, aunque nadie recordaba haber aceptado participar.
Todavía les quedaban periódicos por repartir, una película de Spielberg aquella noche y casi todo el verano por delante.