5 #3
Siguió su camino entre los alumnos y, antes de llegar al otro extremo de la pista, ya se había detenido para impedir que dos chavales utilizaran los vasos de ponche como pelotas.
Después de aquello el baile pareció soltarse un poco. Alguien derramó un refresco junto a la pista, un chico tropezó intentando impresionar a una chica y hasta los profesores dejaron de mirar el reloj. Kaplan, por supuesto, seguía completamente entregado a su nueva carrera como DJ.
Billy acabó apoyado contra una de las paredes cuando Dolores regresó con dos vasos de plástico.
—He sobrevivido —dijo tendiéndole uno.
—¿Tan mal estaba?
—Billy... aquello parecía la evacuación del Titanic.
Billy cogió el vaso y sus dedos se rozaron apenas un instante.
—Pero qué bonito...
—Vete, Jonah —dijo Billy sin volverse.
—¿Cómo sabías que era yo? —protestó él llevándose una mano al pecho.
—Porque solo hay una persona capaz de comentar una escena romántica antes de que empiece.
—Eso ha dolido.
—Además —añadió Billy después de beber un trago—, el señor Bishop nos ha pedido que no te dejemos acercarte demasiado al ponche.
—Pues no entiendo por qué. Está buenísimo. —Jonah se inclinó hacia ellos y bajó la voz—. Jamal dice que lleva vodka.
—¿Vodka? —repitió una voz detrás de él.
Los tres se volvieron. Jamal acababa de llegar con Mónica Summers y miraba a Jonah con los ojos muy abiertos.
—Tío, he dicho boca. Que no te metieras eso en la boca. No que llevara vodka.
Billy soltó una carcajada.
—Ah...
—Vale... —Mónica pasó la mirada de uno a otro hasta detenerse en Billy y Dolores—. ¿Alguien va a contarme qué está pasando aquí?
—No está pasando nada —respondió Dolores demasiado deprisa.
—Claro que no —intervino Jonah señalándolos con el vaso—. Igual que entre Ross y Rachel tampoco pasaba nada.
—¿Tú ves Friends , tío?
—¿Que si veo Friends ? —Jonah lo miró como si acabara de insultar a toda su familia—. Llevo años viéndola. Descubrí el Unagi antes que la mayor parte de la población mundial.
—Pero, Jonah... —Dolores lo señaló con el vaso—. La comparación está mal. Si alguien aquí es Ross, eres tú. Al fin y al cabo, es el judío.
—Totalmente —dijo Jamal—. Los Geller son los Kaplan de Riverbend.
—Aunque también tienes bastante de Chandler —añadió Billy.
—Espera, espera... —Jonah se volvió hacia Billy tan deprisa que estuvo a punto de derramar el refresco—. ¿Tú no decías que no veías Friends ?
—He visto algún capítulo.
—¿Algún capítulo? Hace diez minutos no sabías ni quién era Ross.
Jonah miró a Billy, después a Dolores y finalmente a Jamal.
—Vale... ¿os habéis puesto de acuerdo o qué? Porque empiezo a pensar que hay una conspiración contra mí.
—Cállate, Sr. Bing. —Jamal le dio un golpecito en el hombro al pasar, todavía sonriendo.
—Dios mío... No esperaba semejante traición.
Las risas todavía se mezclaban con la música cuando terminó la canción y empezaron a sonar los primeros acordes de una lenta.
Casi al momento, varias parejas dejaron los vasos y salieron hacia la pista; otras hicieron exactamente lo contrario y encontraron de pronto interesantísimo cualquier rincón del gimnasio.
Un chico llegó a dar dos pasos hacia una compañera, perdió el valor y regresó con sus amigos entre las carcajadas del grupo.
Billy levantó la vista y se encontró con Dolores mirándolo.
—Bueno... —dijo ella haciendo girar el vaso entre las manos—. Supongo que para esto hemos venido.
—Supongo.
—Porque quedarnos aquí mientras baila todo el instituto sería un poco raro.
—Bastante.
—¿Te das cuenta de que llevamos un rato hablando para no hacer lo evidente?
—Puede.
—William...
—Vale, sí.
Dolores dejó el vaso sobre la mesa y le tendió la mano.
—Ven aquí, Kowalski.
Billy sonrió y aceptó la mano que Dolores le tendía. Tenía los dedos fríos.
Caminaron hacia la pista entre las demás parejas. Billy miró alrededor y respiró un poco más tranquilo: casi nadie sabía cómo demonios se bailaba una canción lenta con quince años. Algunos parecían saber lo que hacían. Otros bailaban a medio metro de distancia. Billy decidió fijarse en esos.
Puso una mano en la cintura de Dolores y durante los primeros segundos estuvo demasiado pendiente de sus propios pies. Ella debió de notarlo.
—William, si sigues mirando al suelo vas a acabar chocando con alguien.
—Estoy intentando conservar tus dedos.
—Qué detalle.
Billy levantó la vista y Dolores sonrió.
A un par de metros, un chico pisó a su pareja. Ella soltó un grito, él empezó a disculparse y los dos terminaron riéndose mientras seguían bailando.
—¿Ves? —murmuró Billy—. No soy el peor.
—Todavía.
—Gracias por la confianza.
—No bailas tan mal... —dijo Dolores después de que consiguieran dar una vuelta completa sin pisarse.
—Eso significa que bailo mal.
—Un poco.
—Gracias por la confianza. —La hizo girar con bastante menos elegancia de la que pretendía y sonrió cuando consiguió recuperarla—. Tú tampoco.
—¿Tampoco qué?
—Quería decir que bailas bien.
Le dio un pequeño golpe en el hombro y Billy se echó a reír.
Siguieron moviéndose despacio bajo las luces de colores. Poco a poco Billy dejó de mirar sus propios pies. Dolores se acercó un poco más y él notó su perfume; cuando volvió a equivocarse con un paso, ella sonrió y Billy acabó haciendo lo mismo.
—William...
Él notó que varias parejas cercanas también estaban dejando de bailar. Un profesor se había vuelto hacia la entrada y las conversaciones empezaban a apagarse por aquel lado del gimnasio.
—¿Qué pasa? —preguntó Billy, siguiendo las miradas hacia la entrada.
—Creo que vas a querer ver esto.
Billy siguió su mirada hasta la entrada. Su padre estaba junto a la puerta sin saber muy bien qué hacer allí en medio.
—¿Qué hace mi padre aquí?
—Mira detrás. —Dolores tuvo que morderse el labio para no reírse.
Rick dio un paso a un lado. Punky apareció junto a él.
Todavía cojeaba un poco y llevaba alrededor del cuello una pajarita roja tan grande que Billy no necesitó preguntar quién se la había puesto.
La perra olisqueó el aire, ladeó la cabeza y miró aquel gimnasio lleno de gente como si intentara averiguar dónde demonios la había llevado Rick.
—¡Es Punky! —gritó una voz desde la pista.
—¡Ha venido Punky! —se oyó enseguida desde otro lado.
Eso bastó. Las parejas empezaron a separarse y varios alumnos se acercaron a la entrada. Punky movió la cola, desconcertada por el recibimiento, hasta que encontró a Billy entre la gente.
Intentó ir hacia él, pero no llegó ni a mitad de camino antes de que una chica de último curso se agachara para acariciarla.
Después se agachó David Mitchum para rascarle el lomo y, en cuestión de segundos, Punky quedó rodeada de manos que le acariciaban las orejas y procuraban no acercarse demasiado a la pata vendada.
—Eh, dejadme algo de perra —protestó Billy abriéndose paso entre ellos.
Punky consiguió meter el hocico entre dos alumnos y la cola empezó a golpear el suelo en cuanto lo vio acercarse.
Hasta los profesores habían abandonado cualquier intento de mantener el orden. Arnold Bishop estaba agachado junto a ella, rascándole detrás de una oreja, cuando una voz sonó a pocos metros.
—Profesor...
Arnold levantó la cabeza y apartó la mano de Punky con una rapidez bastante sospechosa.
—Yo no estaba acariciando ningún perro —dijo aclarándose la garganta.
—Claro —respondió Jonah.
—Solo estaba comprobando una teoría.
—¿Qué teoría? —preguntó Billy.
Arnold miró a Punky, que en aquel momento aceptaba una galleta de una chica de último curso con absoluta concentración.
—Que es imposible estar triste cerca de ella.
—Cuidado, profesor —dijo Dolores entre risas—. Está empezando a hablar como mi madre.
—Entonces tu madre debe de ser una mujer muy sensata —respondió Arnold. Volvió a rascarle una oreja a Punky, esta vez sin molestarse en disimular—. Los perros tienen esa costumbre. A veces arreglan cosas que nosotros no sabemos ni por dónde empezar.
Punky ya había reanudado su recorrido por el gimnasio. No avanzaba más de unos pasos sin que alguien la llamara, se agachara para acariciarla o intentara ofrecerle algo de comer.
—¿Es ella?
—Sí.
—¿La del periódico?
—La misma.
—¿La que encontró a Hope?
Punky respondió al creciente interés intentando comerse una servilleta que acababa de caer al suelo.
Dolores se la quitó antes de que pudiera tragársela.
—Vas a tener que aprender a gestionar la fama.
—Déjala —dijo Billy riéndose mientras Punky buscaba la servilleta debajo de su mano—. Lo está llevando bastante mejor que Jonah.
—¡Te he oído! —gritó él desde algún lugar entre la gente.
Billy buscó a su padre. Seguía a una distancia prudente de toda aquella gente. Apenas sonreía, pero Billy conocía demasiado bien aquella media sonrisa.
Poco a poco el gimnasio recuperó el ritmo. Las parejas volvieron a la pista, Jamal desapareció entre la gente con Mónica y el señor Kaplan decidió que había llegado de nuevo su momento.
—La próxima canción va dedicada a todos los corazones rotos de Riverbend...
—No...
—...y muy especialmente a mi hijo —continuó Kaplan por los altavoces. Localizó a Jonah entre la gente y lo señaló desde la cabina—. No desesperes, hijo. Algún día encontrarás a la chica adecuada.
Varias risas empezaron a recorrer el gimnasio.
—Y si además es judía, tu madre y yo te lo agradeceremos muchísimo.
Esta vez las carcajadas estallaron por toda la pista.
—Voy a cambiarme el apellido. Y posiblemente de continente.
—¿Qué pasa, Jonah? —preguntó Penelope acercándose con un vaso de refresco—. Pensaba que con ese desparpajo tuyo serías el rey de la fiesta.
—Estoy atravesando una etapa complicada —respondió él con un suspiro.
—¿Ah, sí?
—La chica con la que pensaba venir ha decidido, con muy buen criterio por su parte, que tenía cosas mejores que hacer esta noche.
—Vaya... —Penelope hizo una pequeña mueca—. Lo siento mucho Jonah.
—Supongo que estas cosas pasan.
Terminó el refresco, dejó el vaso sobre la mesa y le tendió una mano a Penelope con una solemnidad que hizo que Billy empezara a sospechar inmediatamente.
—¿Qué me dice, Pe...?
Penelope arqueó una ceja.