Punky: El perro que nos encontró 2 #3
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—Pobrecilla... Todo ese tiempo encerrada...

Billy asintió.

—Sí... No debió de ser nada fácil.

—Y tú fuiste muy valiente, Billy. La gente no habla de otra cosa. Todo el mundo dice que eres un héroe.

—Batman. —Jonah no dejó pasar la oportunidad—. Si no fuera por el dinero... y por el Batmóvil. Aunque, pensándolo bien, quizá más bien Daredevil. Ya sabes, por lo de los sótanos.

—Jonah... —Billy negó con resignación antes de volver la vista hacia Dolores—. Cállate, por favor. No hice nada especial. De verdad. No soy ningún héroe.

Ella sostuvo su mirada unos segundos.

—Saes... la mayoría habría salido corriendo antes de bajar el primer escalón.

Volvió a ver el sótano. El olor a humedad. La oscuridad tragándose los escalones.

—Yo también quería salir corriendo. —admitió Billy.

—Sí... pero no lo hiciste.

El ruido del pasillo pareció alejarse durante un instante. Dolores dio un paso más y, con toda la naturalidad del mundo, le dejó un beso en la mejilla.

Billy se quedó inmóvil.

Ella sonrió al verlo tan descolocado.

—Mi madre dice que estás destinado a hacer cosas importantes.

Billy parpadeó.

—¿Qué? Pero si ni siquiera me conoce.

—Mi madre es... especial. —Dolores dejó escapar una risa y se encogió de hombros—. Sea... dice muchas cosas. Pero contigo suele acertar. También dice que encontraste a Hope gracias a un perro.

Jonah dejó de morder la manzana.

—Espera... ¿eso no se lo habías contado a nadie?

—Y no se lo he contado. Solo lo sabemos Hope y yo. —Billy frunció ligeramente el ceño antes de mirar a Dolores—. ¿Cómo puede saberlo?

—No ha sido ningún presentimiento. —Dolores negó divertida—. Mi madre tiene amigos por todas partes. Siempre acaba enterándose de todo antes que nadie.

—Las madres son la CIA. —Jonah levantó la manzana como si estuviera pidiendo turno.

—Pues un poco sí. —Dolores soltó una risa—. De hecho, mi madre sabía que Hope había aparecido antes incluso de que lo anunciara la policía.

—No... eso no puede ser —Billy frunció el ceño.

—Ya... pero pasó.

Jonah permaneció pensativo unos segundos. Luego levantó un dedo.

—Una cosa.

—No.

—Todavía no la he dicho.

—Me da igual.

Jonah ignoró la advertencia.

—Oeeer... una hipótesis. ¿Y si el Domino's Killer jugaba al dominó? Estadísticamente alguien tenía que preguntarlo.

—No. —Billy cerró los ojos.

—O igual pedía pizza mientras jugaba. —soltó Dolores, tratando de contener la risa

—¡Eso! ¿Ves? —Jonah la señaló con la manzana como si acabara de descubrir una aliada—. Alguien entiende la investigación seria.

—Nadie ha dicho eso.

—Lo hemos pensado. —Jonah se encogió de hombros con absoluta naturalidad.

—¿"Lo hemos"? —Billy arqueó una ceja.

Jonah buscó a Dolores con la mirada. Ella se la sostuvo un instante y ambos asintieron exactamente al mismo tiempo.

—Sí.

Billy negó despacio con la cabeza. Empezaba a sospechar que Jonah y Dolores iban a entenderse demasiado bien.

El pasillo seguía desbordándose de alumnos.

Las puertas de las aulas no dejaban de abrirse y cerrarse, los profesores empezaban a salir para vigilar el tráfico de mochilas y carpetas y, por las ventanas, entraba una brisa que hacía temblar las primeras hojas amarillas de los árboles que rodeaban Riverbend High.

El timbre sonó de repente y los tres dieron un pequeño respingo.

—Ahí está... —anunció Jonah con solemnidad—. La llamada de la naturaleza.

Dolores soltó una risa.

—Eso no significa lo que crees que significa.

—Para mí sí.

—Pobre señor Bishop.

Jonah hizo una mueca de auténtico sufrimiento.

—Más pobre yo. Acabo de darme cuenta de que he hecho el trabajo sobre los aztecas... y era sobre los mayas. Si hoy desaparezco, decidle a mi madre que la quería.

Dolores negó con una sonrisa.

—Se alegrará de recuperar el silencio.

—Eso ha sido cruel. —Jonah se llevó una mano al pecho.

—Pero justo.

Dolores cambió los libros de brazo y echó a andar hacia el aula. Después volvió un momento la cabeza para buscar a Billy con la mirada.

—¿Vienes, William?

La sonrisa que le dedicó bastó para que Billy echara a andar detrás de ella.

La riada de alumnos terminó arrastrándolos pasillo adelante.

Mochilas que chocaban al cruzarse, taquillas cerrándose de un portazo, profesores reclamando una atención que nadie parecía dispuesto a concederles...

Riverbend High recuperaba poco a poco el ruido de siempre mientras Jonah seguía defendiendo, con argumentos cada vez más absurdos, que obligar a un adolescente a estudiar Biología antes de las nueve de la mañana vulneraba algún artículo de la Constitución.

Dolores los iba desmontando uno tras otro sin demasiado esfuerzo.

Billy apenas habló. Caminaba entre los dos, escuchándolos discutir y sonriendo de vez en cuando. Entonces tuvo la extraña sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, el mundo volvía a ocupar el sitio que le correspondía.

El Riverbend Middle School dejaba de ser el lugar donde todos lo miraban por haber encontrado a Hope. Volvía a ser solo un instituto. Dos amigos discutiendo por una tontería mientras sonaba el timbre de primera hora.