11 #2
Sin perder la sonrisa, Jonah abrió la taquilla para guardar la carpeta. Billy echó un vistazo al interior y enseguida encontró el motivo por el que parecía distinta. Donde hasta hacía unas semanas sonreía Neve Campbell, ahora Sarah Michelle Gellar sostenía una estaca.
—¿Y Neve?
—Buffy mata vampiros. —Jonah cerró la puerta con toda naturalidad—. Los tiempos cambian.
—Eres muy raro.
—Y tú recuerda que luego tenemos que hablar con Hope.
—¿Para qué?
—Porque, objetivamente, sin Martha no hay película —Jonah levantó un dedo—, y he oído que los de octavo han conseguido que un universitario salga en la suya.
—¿Un universitario?
—Con barba.
—¿Y?
—Billy... desde un punto de vista cinematográfico, la barba da muchísima credibilidad.
Billy negó con la cabeza cuando sonó el timbre que anunciaba el siguiente cambio de clase.
El resto de la mañana fue una larga despedida.
En una clase proyectaron una película que casi nadie miró; en otra, un profesor intentó repartir las notas mientras medio curso discutía si Titanic merecía realmente tantos Óscar o si el premio debía haber sido para Salvar al soldado Ryan .
Nadie parecía demasiado dispuesto a escuchar a los profesores.
Ellos, por su parte, tampoco hacían grandes esfuerzos por hacerse escuchar.
Las puertas permanecían abiertas, las mochilas entraban y salían de las aulas sin demasiado orden y todo el instituto respiraba ese aire extraño de los últimos días de clase, cuando todo seguía en su sitio pero nadie hacía ya el menor esfuerzo por fingir que quedaba curso por delante.
Durante un rato Billy consiguió olvidarse de la flor.
Hasta el recreo.
—Devuélvesela.
La voz de Jonah cruzó el aula antes incluso de que Billy llegara a la puerta.
Aaron Mercer sostenía la margarita amarilla entre los dedos, ya un poco aplastada, mientras alternaba la mirada entre Billy, Jonah y la propia flor. Al final sonrió. Era la misma sonrisa que reservaba para las ocasiones en que sabía que estaba a punto de fastidiarle el día a alguien.
—Vaya... Mira quién ha venido.
Jonah avanzó un par de pasos, pero no apartó los ojos de la flor.
—Devuélvela.
—¿Y si no?
—Entonces confirmarás mi teoría.
—¿Qué teoría?
Jonah se encogió de hombros con absoluta tranquilidad.
—Que eres el mejor ejemplo del efecto Dunning-Kruger que he visto en mi vida.
—¿Del qué?
—Da igual. —Sonrió apenas un poco—. Si tengo que explicártelo, acabas de demostrar que tengo razón.
Aaron dio un paso hacia él.
—¿Me estás llamando gilipollas?
—¿Yo? No, no... —Jonah hizo una pausa deliberada—. Has llegado tú solito a esa conclusión.
Durante un segundo, Billy creyó que Jonah acababa de firmar su sentencia de muerte. Aaron dejó la flor sobre un pupitre y echó a andar hacia él con los puños apretados.
—Te vas a arrepentir...
—Aaron... —dijo Jamal sin levantar la voz—. Déjalo ya.
—¿No has oído lo que ha dicho?
—Sí. Y también sé que hoy es el último día de clase. ¿De verdad quieres pasarte el verano castigado por un crío de sexto?
Aaron apretó la mandíbula sin dejar de mirar a Jonah. Después desvió la vista hacia Billy y acabó señalándolo con un dedo.
—Nos vemos el año que viene, Kowalski.
Se dio la vuelta y salió del aula.
Fred y Jamal fueron tras él sin decir una palabra. Billy esperó a que los tres desaparecieran por el pasillo antes de acercarse al pupitre. Recogió la flor con cuidado y empezó a enderezar uno de los pétalos doblados con la yema del dedo.
—Ha sobrevivido mejor de lo que esperaba.
Billy levantó una ceja.
—Tan solo es una flor.
—Es mucho más que eso. —Jonah sonrió de lado—. En las películas esas cosas nunca son casualidad. Primero salvas una flor... y media hora después estás declarando tu amor bajo la lluvia mientras suena una canción de Bryan Adams.
Billy levantó los ojos al techo.
—Tío, sigo diciendo que ves demasiadas películas.
—Puede. —Se acercó un poco más para mirar la margarita—. Por eso sigo pensando que deberías dársela a Hope.
—Puede que tengas razón. Solo quería darle las gracias... supongo.
—Y, ya que estás, convéncela para hacer de Martha. Si acepta salir en nuestra película, el concurso ya no estará tan cuesta arriba.
Billy todavía sostenía la margarita cuando una voz llegó desde la puerta..
—¿Estáis haciendo una película?
Los dos levantaron la vista casi al mismo tiempo.
Era Dolores Whitmore. Llevaba la mochila colgada de un hombro y uno de los auriculares del walkman alrededor del cuello. Al encontrárselos allí sonrió con esa mezcla de curiosidad y timidez que Billy ya empezaba a reconocer.
—Hola.
—Hola —respondió él.
La mirada de Dolores cayó enseguida sobre la flor que Billy todavía sostenía entre los dedos.
—Qué bonita... ¿Puedo verla?
Billy se la tendió. Dolores la acercó despacio a la luz que entraba por la ventana y la hizo girar entre los dedos con muchísimo cuidado, como si temiera estropear alguno de los pétalos.
—Parece una margarita silvestre.
Mientras alisaba uno de ellos con la yema del pulgar, sonrió para sí.
—Mi abuela las guardaba dentro de los libros. Decía que así el verano tardaba un poco más en acabarse.
—La mía solo guardaba las facturas de la luz —murmuró Jonah.
Dolores soltó una risa baja. Billy también sonrió, casi sin darse cuenta.
—Puedes quedártela.
Dolores levantó la vista.
—¿De verdad?
Billy se limitó a asentir. Ella no dijo nada más. Abrió uno de sus cuadernos casi por las últimas páginas, colocó la margarita entre dos hojas y las cerró despacio, como si estuviera guardando una fotografía antigua.
—Gracias. —Volvió a mirar a Jonah—. Bueno... ¿y qué es eso de que estáis haciendo una película?
Jonah se aclaró la garganta y sujetó la carpeta contra el pecho con una solemnidad que solo él parecía tomarse en serio.
—Concurso de cinematografía del instituto. Nuestra primera producción independiente.
—Es un corto —lo corrigió Billy.
Dolores volvió a reír.
—Qué... shulo.
Billy siempre había pensado que Dolores pronunciaba aquella palabra de una manera distinta al resto del mundo. Nunca supo si era una costumbre de familia o simplemente una manía suya. Lo curioso era que, cuando lo decía ella, sonaba exactamente como debía sonar.
—Sí... lo será. —Jonah sonrió satisfecho.
—¿Y de qué va?
—Eso es información clasificada. —Hizo una pausa teatral antes de señalar a Billy con un gesto solemne—. Aunque, por ser tú, podemos revelar un pequeño detalle. ¿Verdad, Billy?
—Supongo...
—Es ciencia ficción. Y, antes de que lo preguntes, para nada es una copia de Spielberg. Digamos que... una inspiración muy respetuosa.
—¿En serio? Me encanta Spielberg.
Billy y Jonah se miraron un segundo antes de responder al mismo tiempo.
—¿De verdad?
—Mucho. Me parece... shulísimo.
—Pues él es el protagonista. —Jonah señaló a Billy con el pulgar—. Y, aunque nunca lo reconocerá delante de nadie, actúa bastante bien.
Dolores volvió la vista hacia Billy.
—¿Es verdad?
—Jonah exagera.
—No tanto. —Jonah se giró hacia ella—. A ver, no digo que sea Harrison Ford... pero actúa bastante mejor que Fred Nolan.
La comparación hizo reír a Dolores.
—Pues tengo muchas ganas de verla.
Durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio se quedó con ellos, como si los tres estuvieran disfrutando del último día de clase sin ninguna prisa.
—Bueno... —dijo Jonah al fin—. Yo os dejo. Tengo una reunión con producción.
—¿Producción?
—Yo mismo. —Levantó la carpeta como si estuviera presentando a todo un equipo—. Somos un estudio pequeño.
Le guiñó un ojo a Billy, alzó la carpeta a modo de despedida y salió del aula con una sonrisa que dejaba bastante claro que aquella retirada tenía muy poco de casual.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, el silencio regresó unos segundos.
Dolores se recolocó el auricular del walkman alrededor del cuello mientras sujetaba el cuaderno contra el pecho.
Billy buscó algo que decir. En su lugar empezó a fijarse en cosas en las que nunca había reparado: el olor suave a champú cuando ella se movía, la pulsera de hilo descolorida que llevaba en la muñeca o aquella facilidad para sonreír sin que pareciera estar esforzándose.
—Bueno... —dijo Dolores al cabo de un momento—. ¿Y tú qué vas a hacer este verano?
—Yo... bueno... —Billy buscó las palabras—. Supongo que me quedaré por...
—¿A hacerle compañía a tu padre?
—Sí... más o menos.
Ella asintió despacio.
—Yo mañana me voy a California. Mis tíos viven cerca de San Diego.
—Vaya... Eso tiene que estar bien. Creo que por allí florecen muchas buganvillas en esta época.
—¿Sí? —Dolores rio—. Pues gracias por el consejo. Procuraré fijarme.
La sonrisa le duró unos segundos más antes de apagarse poco a poco.
—Mis padres creen que allí estaré más tranquila... Les preocupa cómo está la situación con todo esto.
—Ya... —Billy se pasó una mano por la nuca—. Mi padre también anda un poco... encima de mí últimamente. Supongo que, después de lo de mi madre, le da miedo que desaparezca alguien más.
Dolores lo observó unos segundos con esa expresión tranquila que parecía invitar a la gente a seguir hablando, aunque ella no dijera una sola palabra.
—Vaya...
Billy bajó la vista hacia el suelo.
—A veces tengo la sensación de que eres bastante más mayor que todos nosotros. —Dolores sonrió apenas—. Y no lo digo solo por lo de Surinam. Aquel día nos dejaste a todos con la boca abierta.
—Tuve suerte.
—No. —Negó despacio con la cabeza—. Lo sabías.
Desde el pasillo llegó el golpe seco de una taquilla al cerrarse. Después sonaron varias carcajadas que recorrieron el edificio casi vacío antes de perderse por el ala de Ciencias.
—Bueno... —Dolores volvió a echarse la mochila al hombro y miró hacia la puerta—. Tengo que irme.
Luego desvió la vista hacia el final del pasillo, donde Jonah fingía revisar unos folios que Billy estaba bastante seguro de que llevaba un buen rato leyendo completamente del revés.
—Intentad no meteros en demasiados problemas este verano. O, al menos, procura mantener a Jonah controlado. Norah Roberts dice que en Teatro tiene a la señora Grace completamente desesperada.
—Haré lo que pueda.