7. Entierros #5
El 5 de septiembre, Emilia Izquierdo y su esposo Leopoldo Sánchez acudieron a declarar al Juzgado de Castuera.
Lo hicieron sobre las once y media de la mañana.
A la misma puerta del Juzgado, ante las preguntas de algunos de los periodistas allí reunidos, ella aseguraba haber recibido amenazas por parte de Antonio Cabanillas Rivera.
Sin embargo, esas amenazas, al parecer, no eran explícitas, sino que se refería al hecho de que Antonio estuviera poniéndola a ella en el foco al acusarla de haber sido otra de las inductoras de la matanza.
Así lo indicó también ante el juez Rojas, de tal modo que este no tomó ninguna medida al respecto de esas amenazas.
Tras cinco horas de interrogatorio, el juez determinó que el matrimonio nada había tenido que ver con la matanza, por lo que estos salieron del Juzgado sin ninguna acusación formal sobre ellos.
Lo que declararon Emilia y su esposo fue que ambos se encontraban en Puerto Hurraco la noche del crimen, pero que al escuchar los primeros disparos, y suponiendo —acertadamente— que tal vez aquello era otro nuevo episodio del enfrentamiento de los otros hermanos Izquierdo con los Cabanillas, se montaron en su coche junto a su hija Lola —por esos días de vacaciones en la vivienda familiar— y se marcharon de la aldea.
Sobre la relación de Emilia con sus hermanos, esta afirmó que era una relación normal, aunque no mantenían un contacto frecuente.
Esa huida precipitada de Emilia, su esposo y su hija en el momento de iniciarse el ataque era el punto que generaba más dudas.
¿Podía ser que Emilia hubiera sido prevenida por sus hermanos de que algo así podía ocurrir?
¿Había estado Emilia sobre aviso de que la matanza podía producirse, y de ahí que ella y su familia abandonaran la aldea a toda prisa, sin necesidad de informarse de lo que sucedía, porque podían adivinarlo?
No resultaba descabellado, pero desde luego sería muy difícil de probar.
De todos modos, el juez Rojas no parece que llegara siquiera a esa conclusión.
A fin de cuentas, Emilia y los suyos habían salido de Puerto Hurraco al iniciarse el tiroteo: no habían viajado fuera de la comarca el día anterior, como sí habían hecho sus hermanas Luciana y Ángela.
Por más que Emilia hubiera podido intuir lo que planeaban los otros, parecía evidente que no estaba al tanto de que iba a suceder esa noche.
Si no, se habrían marchado mucho antes, en lugar de arriesgarse a permanecer allí hasta oír los primeros tiros.
Emilia Izquierdo, por tanto, quedó excluida del proceso judicial por la matanza.
Pero no por ello quedó fuera de toda sospecha.
Antonio Cabanillas Rivera continuó señalándola en público de ser la verdadera instigadora.
Lo hizo, por ejemplo, en una entrevista publicada en El Mundo del Siglo Veintiuno unas semanas después, el 24 de septiembre, en la que relataba además cómo fue apuñalado por Jerónimo Izquierdo en 1986:
—¿Cómo le apuñalaron a usted?
—Pues igual de cobarde. A mí me cogieron por la espalda un día que estábamos comprando, yo y mi señora, en la cooperativa de Monterrubio. Y precisamente la Emilia lo sabía porque también es socia de esa misma cooperativa. Y, según dicen, acompañaba al que me apuñaló ese día.
—¿Quién es la Emilia?
—Una de las hermanas, la que está casada.
—¿La que se fue del pueblo unos días antes de la tragedia?
—No, la que se fue en el momento de la matanza, cuando sonaron los primeros tiros, justo para la matanza.
—¿Quiere decir que ella sabía lo que se avecinaba?
—¡Hombre, claro que sí, eso por descontado!, porque tenía el coche preparado, en dirección salida. Y en el mismo momento en que sonaron los tiros arrancaron el coche y se fueron del pueblo en dirección a Zalamea, ella, su marido y su hija, una tal Lola.
—Me decía que, cuando le apuñalaron a usted, Emilia Izquierdo acompañaba al agresor…
—(Interviene la mujer de Antonio Cabanillas).
¡Esos dos siempre iban juntos! (Le interrumpe su marido).
Es que ese tal [Jerónimo Izquierdo] no me podía conocer a mí porque yo tampoco le conocía a él, porque yo a ese hombre no le he visto en la vida.
Sin embargo, él sabía estupendamente quién era yo. Y su hermana le acompañaba aquel día.
—¿Y le atacó por la espalda?
—Por la espalda. Y eso que estábamos lo menos veinte personas haciendo cola para pagar.
Y estaba pagando mi señora y yo esperando al lado cuando ese tal [Jerónimo Izquierdo] me dio la puñalada, justo aquí abajo, en el lado izquierdo, en el mismo sitio en que se la dio a mi hermano [Amadeo Cabanillas Rivera].
La entrevista continuaba con Antonio Cabanillas Rivera relatando cómo vivió la matanza y cómo era el comportamiento de los Izquierdo en la comarca.
En determinado momento, en respuesta a una de las preguntas, afirmaba que los hermanos Izquierdo habían estado visitando a Emilia en Puerto Hurraco el día anterior al crimen.
No resultaría imposible que así fuera, si bien ese sábado fue cuando Luciana y Ángela partieron en tren para Puertollano.
En cualquier caso, era una acusación seria, porque de ser cierta suponía que Emilia había departido con sus hermanos unas horas antes del crimen, y por tanto era muy probable que la hubieran avisado de lo que se proponían:
Fíjese que el sábado, un día antes de la matanza, estos tales [los Izquierdo] vinieron aquí a ver a su hermana la Emilia, la que está casada.
Y vinieron como si tal cosa. Incluso una mujer les estuvo echando café y luego la mataron al día siguiente de un tiro en la cabeza.
Esta mujer [Aracelis] era la madre de una niña subnormal.
Y han matado a la mujer y han dejado a la niña.
Y fue esa madre la que les estuvo echando café el día antes.
Sea como fuera, y a pesar de estas acusaciones de Antonio, Emilia no solo no fue procesada, sino que su presencia en los medios se disipó.
Ni siquiera fue convocada posteriormente al juicio —aunque allí sí que se la mencionaría—.
A partir de que el juez Rojas la dejara en libertad, a Emilia apenas se la volvería a relacionar públicamente con lo ocurrido.
El matrimonio vendió sus propiedades en Puerto Hurraco y se estableció definitivamente en Cabeza del Buey. Emilia fue la primera de los cinco hermanos Izquierdo en fallecer. Lo hizo en el año 2002.