1. Una larga noche de verano #4
El silencio se fue haciendo más pesado según pasaban los minutos.
El teléfono estaba constantemente ocupado, y de cuando en cuando alguien recorría la calle a toda prisa, pero ya no había la misma actividad que antes.
Con las víctimas evacuadas, los vecinos resguardados en sus casas y los agentes desplegados por las inmediaciones de la aldea, lo único que cabía hacer era aguardar acontecimientos: los tiradores llevaban desaparecidos desde las once y media de la noche, y desde entonces no se había producido ninguna novedad.
Por lo que pudieron captar a través del radiotransmisor del coche policial —y de alguna breve conversación con algún guardia—, la orden del oficial que había asumido el mando, un teniente coronel llamado José Dafonte Freán, era esperar al amanecer para actuar.
Iniciar un rastreo de los alrededores del pueblo cuando las personas a quienes pretendían atrapar eran dos cazadores expertos, que podían servirse del amparo de la negrura para causar más daño, era demasiado arriesgado: unos agentes pertrechados con linternas se convertirían en un objetivo sencillo de abatir para cualquiera que estuviera agazapado con su escopeta en la oscuridad del campo.
Las horas se antojaban cada vez más largas. Los tres periodistas procuraron no alejarse ni siquiera para orinar: temían atravesar el callejón y aliviarse en la oscuridad por si los tiradores estuvieran escondidos por allí.
Antes de las primeras luces, apareció por la aldea otro compañero de profesión, un tal Lucio Poves, de unos cuarenta años y corresponsal de la Cadena Ser afincado en Los Santos de Maimona, de donde había salido hacía algo más de una hora en su coche particular.
Lucio, tras hacer algunas averiguaciones y tratar, sin mucho éxito, de obtener testimonios de algunos vecinos, se sentó con ellos un rato, en espera de que se produjeran avances.
No había más periodistas en Puerto Hurraco aquella noche que ellos cuatro, pero la presencia de Lucio indicaba que la noticia había saltado ya a los medios nacionales.
Todavía antes de que amaneciera, Lucio Poves se marchó a Castuera para conectarse telefónicamente con las emisoras de la Cadena Ser de Badajoz y de Madrid durante la primera edición de los informativos.
Le daba apuro, indicó, ocupar para ello el único teléfono de la aldea —seguía habiendo cola para usarlo—.
Si Lucio hubiera permanecido en la aldea con sus tres compañeros periodistas, habría sido testigo como ellos de la detención de los hermanos Izquierdo.
***
Los primeros ejemplares del diario Hoy de ese lunes 27 de agosto comenzaron a distribuirse con la salida del sol.
La fotografía de portada era la de los reclutas de la fragata Santa María —tal y como habían acordado la tarde anterior en la redacción—, sin embargo, sobre la fotografía, el principal titular decía lo siguiente: «Dos individuos provocan una masacre en Puerto Hurraco, aldea próxima a Castuera».
En el texto que acompañaba al titular se añadía que había ocho fallecidos —dato erróneo: solo eran siete en ese momento— y también que la noticia se había redactado a las tres y media de la madrugada, cuando los asesinos aún no habían sido detenidos.
La información se desarrollaba en la página 10 del diario y ocupaba apenas tres columnas.
La firmaban Diego Godoy y Domingo Núñez, quienes constaban como «enviados especiales» a Puerto Hurraco, y venía acompañada de un mapa rudimentario de varios municipios de La Serena elaborado por el redactor Berna Calle.
La inclusión del mapa reflejaba a las claras que Puerto Hurraco no era una aldea conocida para muchos ni siquiera en Extremadura.
Pese a las dificultades que habían tenido los periodistas para transmitir la información de madrugada desde la propia aldea, a través del único teléfono disponible, la noticia contenía ya muchos elementos que durante los siguientes días y semanas serían comentados exhaustivamente por todos los medios del país.
Entre otros, se mencionaba el nombre de dos de las víctimas mortales —Aracelis Murillo Romero y José Penco Nogales—; que el móvil de la matanza podría estar en una «venganza entre familias»; y hasta se revelaba la identidad de los asesinos: «un hombre llamado Emilio Izquierdo Izquierdo, de sesenta años, y su hermano, que viven en Monterrubio de la Serena desde hace algunos años».
Por si esto fuera poco, se informaba incluso de que uno de los agresores podía haber matado hacía treinta años a cuchilladas a un miembro de la familia rival.
Esto no era cierto: el hermano Izquierdo que había asesinado a cuchilladas a un miembro de la otra familia —los Cabanillas— no era ninguno de los dos tiradores, sino un tercer hermano Izquierdo, Jerónimo, ya fallecido.
Pero igualmente la información no iba desencaminada.
Ni que decir tiene, el diario Hoy fue el único periódico de España que recogió la noticia de la masacre a fecha 27 de agosto.
***
Sobre las siete y media de la mañana, el teniente coronel José Dafonte Freán dio la orden de iniciar la operación de búsqueda y captura de los hermanos Izquierdo.
Lo primero fue registrar la vivienda de la familia Izquierdo en la calle Carrera de Puerto Hurraco —donde no era imposible que se hubiesen refugiado, si bien nadie había advertido movimiento en su interior durante la noche— y, a la vez, registrar algunos caseríos apartados del núcleo urbano.
Al no dar con los hermanos en esa primera fase de la operación, se procedió con la siguiente: el rastreo de los campos cercanos a la aldea.
Para que los agentes de los distintos puntos se coordinaran, se señalizó el comienzo del rastreo con un disparo al aire.
Un helicóptero de la Guardia Civil acompañó al despliegue de agentes, dándoles cobertura aérea.