CAPÍTULO 31
Morris Montifore se prepara para empezar la rueda de prensa en los escalones de la comisaría de Port Silver pasado el mediodía, flanqueado por el sargento Johnson Pear y sus dos agentes.
El día está nublado; llega el viento desde el mar, manteniendo la temperatura moderada.
Aun así, el detective se ve incómodo mientras los miembros de la prensa se pelean por situarse debajo de él.
De hecho, parece estar sudando. Martin Scarsden y Mandalay Blonde se han quedado al fondo del grupo, tras haber sido fotografiados hasta el cansancio por los antiguos colegas de él.
La señal llega a través de los equipos de ABC y Sky News: Morris Montifore sale al aire en directo a todo el país.
—Damas y caballeros, gracias por venir. Seré breve, pero quería ponerlos al tanto de las últimas novedades en las investigaciones de homicidios que se están llevando a cabo aquí en Port Silver. Haré una declaración concisa y luego responderé preguntas.
”El primer punto que quiero abordar se refiere a una joven que ha estado colaborando con la investigación, Mandalay Blonde.
Quiero agradecerle su ayuda y quiero que quede claro, clarísimo, sin ningún lugar a dudas, que la policía no la considera sospechosa y ha sido exonerada de cualquier posible participación en la muerte de un residente de Port Silver, Jasper Speight.
Como sabrán, el señor Speight murió, fue asesinado, de hecho, en una casa alquilada por la señorita Blonde.
Sin embargo, reitero que la señorita Blonde ha sido descartada de manera categórica como sospechosa del homicidio.
Martin mira a Mandy. La expresión de ella es decidida, resuelta, parece preparada para desafiar a cualquiera que se le ponga delante.
Mira a los policías, no a Montifore, sino a quienes lo flanquean.
Los dos agentes tienen una expresión severa pero impasible.
Lo que le interesa son las emociones cambiantes que transmite el rostro de Johnson Pear.
Montifore continúa:
—Estoy en condiciones de confirmar que hemos hecho avances considerables en la investigación por la muerte de Jasper Speight.
Se ha recuperado el arma homicida, un cuchillo para filetear.
Nuestro equipo forense en Sídney ha examinado minuciosamente el arma utilizando tecnología de punta que ha arrojado información posiblemente crucial.
Se ha descartado a algunos sospechosos iniciales y estamos siguiendo varias pistas sólidas.
Confiamos en que en un futuro cercano se proceda a detener a una o más personas.
”Con respecto a las siete muertes ocurridas en Hummingbird Beach la noche del viernes, como sabrán, hemos imputado a una ciudadana con doble nacionalidad australiana-estadounidense, Topaz Marie Throssel, por el asesinato de Myron Florakis, también conocido como el swami Dev Hawananda.
La investigación sigue en curso, y de nuevo, estamos seguros de que pronto presentaremos cargos en relación con las otras seis muertes.
Montifore hace una pausa para tomar aire, pero antes de que pueda retomar la palabra, el vozarrón de Doug Thunkleton estalla contra las escalinatas con el ímpetu de una ola.
—Inspector, ¿puede confirmar que, antes de su muerte, Jasper Speight envió una carta en la que detallaba graves denuncias de irregularidades en Hummingbird Beach?
Montifore niega con la cabeza, con una expresión de desconcierto en el rostro.
—No, no estoy en condiciones de…
—¿Qué contenía esa carta?
—¿De dónde ha sacado esa información? —pregunta Montifore, tajante.
—¿A quién iba dirigida esa carta, inspector?
Montifore no puede responder, guarda silencio. Sacude la cabeza con vehemencia.
—Les agradezco a todos por venir. No puedo hacer más declaraciones.
Pero justo cuando se dispone a volver a entrar en la comisaría, otra voz se eleva desde la multitud.
—¡Inspector! ¡Inspector! Sobre otro asunto… —Es Bethanie Glass.
—¿Otro asunto? —responde Montifore—. Sí, dígame…
—Inspector, ¿puede confirmar que no fue una sino dos las sustancias tóxicas administradas en Hummingbird Beach y que hubo más de un responsable?
Pero Montifore ya ha tenido suficiente. Se vuelve y se dirige a zancadas hacia la seguridad de la comisaría. Martin lo ve girarse bruscamente hacia Johnson Pear antes de llegar a las puertas y decir con vehemencia:
—¿Cómo coño se filtró todo eso?
Diez minutos después, Martin está en el hotel Breakwater, llamando a la puerta de la suite de Winifred Barbicombe.
La puerta se abre. Winifred no está allí, pero sí Ivan Lucic, junto con dos técnicos que llevan auriculares.
Están sentados ante la mesa que solía ser de Winifred, ahora ocupada por ordenadores y equipo técnico.
—¿Habéis conseguido algo? —pregunta Martin.
—Sí, a Johnson Pear —responde Lucic, y se acerca a la mesa—. Esto primero: Johnson Pear hablando con Tyson St. Clair. —Lucic teclea en uno de los portátiles.
“—Johnson. Hola”.
“—Quería contártelo de inmediato…”.
“—Si se trata de la rueda de prensa de la policía, acabo de verla en directo por Sky”.
“—Ah, bien”.
“—¿Tienes algo para contarme que ya no sepa?”.
“—Bueno, no exactamente”.
“—Estoy hasta los huevos, Johnson. Debería haberlo sabido antes. No te pago para esto”.
“—Lo siento. No estaba al tanto de nada de esto. Debe de haber sucedido anoche”.
“—Bueno, despabílate”.
La llamada se corta.
—¿Hay más? –pregunta Martin.
Lucic asiente, visiblemente ofuscado.
—Johnson Pear con Harrold Drake hijo. —Vuelve a teclear en el portátil.
“—Johnno. ¿Qué hay de nuevo, amigo?”.
“—Has estado viendo televisión?”.
“—¿En pleno día? No jodas”.
“—Acabamos de dar una rueda de prensa. Los detectives de Homicidios dicen que Mandalay Blonde está libre de sospecha”.
“—¿Y qué? Siempre pensé que fue el swami quien mató a Jasper”.
[Una pausa].
“—No tuviste nada que ver, ¿verdad?”.
“—¿Con la muerte de Jasper? ¡Qué va, no! Claro que no”.
[Otra pausa].
“—Los periodistas dicen que hubo dos sustancias tóxicas en Hummingbird. Dos asesinos”.
[Una pausa, luego un cambio en el tono. Harry ya no suena tan despreocupado].
“—¿Los periodistas? ¿Y ellos qué saben? ¿Qué dijeron los polis?”.
“—Nada. El detective de Homicidios, Montifore, no lo confirmó, pero tampoco lo negó”.
“—Bueno, no tiene nada que ver con nosotros”.
“—¡Claro que tiene que ver, coño! Llevas años metiendo droga en Hummingbird. ¿Crees que los de Homicidios no iban a venir a buscarte?”.
“—Su puta madre, Johnno, cálmate ¿quieres? Sí, de acuerdo, de vez en cuando pongo a algunos a volar en las fiestas. Si se ponen pesados, lo admitiré. Pero no he matado a nadie, joder. ¿Qué motivo tendría para hacerlo?”.
“—No lo sé. Pero de aquí en adelante, no cuentes conmigo para esto”.
“—¿Y eso qué significa?”.
“—Se acabó lo de hacer la vista gorda. Se terminó”.
“—Okey. Haz lo que te parezca. Volveremos a hablar cuando pase todo esto”.
La llamada se corta.
—Parecería que Pear no sabe demasiado —comenta Martin.
Lucic no responde. Su expresión es de repugnancia, como si Winifred hubiera dejado restos de pescado en su papelera.
—¡Atención! —exclama uno de los técnicos—. Harrold Drake hijo está saliendo del hostal. Va a pie por la calle principal.
—¿Saben a dónde se dirige? —pregunta Lucic, pero nadie responde.
Pasan varios segundos de tensión para los cuatro hombres hasta que por fin el técnico vuelve a hablar:
—Está entrando en la planta baja de un edificio de oficinas en el número 18 de The Boulevarde.
—El bufete de Harrold Drake y Asociados —confirma Martin.
—Que comience la función —agrega uno de los técnicos mientras se ajusta los auriculares.
En ese momento, se abre la puerta con estrépito y entra Morris Montifore, respirando agitadamente.
—¡Justo a tiempo para el plato fuerte! —le dice Lucic—. Harrold hijo está entrando en las oficinas de Harrold padre.
—¡Silencio! —dice uno de los técnicos.
—¡Atención! —añade su compañero—, está en el despacho, no en la sala de reuniones.
—Subid el volumen —indica Montifore.
“—¿Lo viste?”. [Parece ser el hijo quien habla].
“—Sí, lo vi. [Es la voz de Drake padre]. Salió por la televisión”.
“—La han liberado de sospechas. Ella no lo mató”.
“—Eso dicen”.
“—¿Quién fue, entonces?”.
“—Harry, cálmate. Siéntate. [Una pausa]. ¿Qué pasa?”.
“—¡Dijiste que ella lo había matado!”.
“—Así es. Eso me dijo Johnson Pear. ¿A ti te dijo otra cosa? [Una pausa]. Lo único que significa es que no sabemos quién lo mató ni por qué”.
“—Dijeron que envió una carta sobre lo que pasaba en Hummingbird Beach”.
“—Sí. Tal vez sospechaba que estaba en peligro. Tal vez tenía razón”.
“—¿En peligro? ¿Quién representaba un peligro para él?
“—En mi opinión, Jota Hayes”.
“—¿Jota? ¿Por qué iba a matarlo?
“—Porque Jasper descubrió que su amante era un farsante y estaba a punto de desenmascararlo. Seguramente eso era lo que decía esa carta, la verdad sobre Myron Florakis”.
[Un silencio largo].
“—Dicen que hubo dos sustancias tóxicas en Hummingbird Beach. Dos asesinos. No fue solo esa tal Topaz”.
“—Eso dicen, sí”.
“—Dijiste que no le haría daño a nadie. Dijiste que solo era para que se sintieran mal, para desprestigiarlos. Para sacarlo del negocio a él y forzar a Jota a vender”.
“—Así es. Era solo eso. Tú no mataste a nadie”.
“—¿Quién fue, entonces? Había una segunda sustancia tóxica”.
“—Jota”.
“—¿Jota?”.
“—Claro. Mató a Jasper para proteger al swami . Pero no confiaba en Hawananda, así que lo liquidó. Y a algunos otros también, para no llamar la atención. Muy astuta”.
[Una pausa muy larga].
“—No te creo”.