Puerto de furia (Martin Scarsden 2) CAPÍTULO 24 #4
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CAPÍTULO 24 #4

—¿De qué estás hablando? —pregunta Royce.

Martin saca el teléfono, hace una foto de la mujer; encogida, sin vitalidad, con la mirada vacía, sentada en un banco de una pequeña estación rural, mirando a la cámara. Hace un par de fotos más hasta que Royce entra en el encuadre, se sienta junto a su mujer, la rodea con el brazo.

—¿Topaz? —dice Royce.

—No estaba en los planes, ¿verdad? —pregunta Martin—. Ni siquiera sabías que él estaba aquí cuando los recogí en la autopista el lunes.

Topaz niega con la cabeza y responde en un susurro:

—No.

—Entonces, ¿cuándo lo supiste?

—Estaba sentada en la playa contigo y Garth. Lo vi sumergir a esos seguidores en el agua. Parecía un bautismo. Luego, las marcas en la frente. Algo hizo clic, hice la conexión.

—Pero ¿siete muertos? —prosigue Martin.

—Cariño… —Royce la rodea con el brazo, la mira con ojos preocupados en los que asoma un indicio de lágrimas.

Topaz parece vacía de emociones cuando le responde a Martin.

—No tenía que suceder así. Solo iba a ser él. Él y yo.

Martin recuerda haberla visto inconsciente, cubierta de vómito. Había tomado una dosis letal, pero su estómago no la retuvo el tiempo suficiente.

—Entonces, ¿qué pasó?

—No lo sé.

—¿Qué sustancia era?

—No importa. —Y se deja caer sobre el hombro protector de su marido, cuyos ojos reflejan angustia. Solo los de él.

Se oye un zumbido distante. El tren se acerca. Martin asoma la cabeza por la puerta. A lo lejos, se ve una sola luz. Está muy cerca.

—Ven, cariño, vámonos —dice Royce, poniéndose de pie—. Llega el tren. Vámonos.

Pero Topaz no se mueve. Se queda sentada, abatida, con los ojos cerrados.

—Él merecía morir. Yo merecía morir. Pero los demás, no. Lo lamento mucho.

No dice nada más, y Martin se queda mirándola, incapaz de hacerle otra pregunta.

El tren llega a la estación, frena y espera, respirando expectante. Si alguien sube o baja, Martin no lo sabe. Está de espaldas al tren, con la atención fija en los dos fugitivos.

Nick Poulos entra en la sala de espera. Se acerca a Topaz y Royce. Ella no lo reconoce; él le entrega silenciosamente su tarjeta a Royce. El joven la coge, la mira, aún sin comprender del todo.

—Por favor, ayúdala —le suplica a Nick, con voz débil y temblorosa.

Entonces, aparece Montifore, agitado, respirando pesadamente, con Lucic a su lado y la oficial de Hummingbird Beach, que ha desenfundado la pistola y apunta al suelo. Montifore se detiene, evalúa la escena frente a él. Ignora a Martin y a Nick, y se centra solo en Topaz y Royce.

—Topaz Throssel —dice en tono formal—, queda detenida por el asesinato de Myron Florakis, también conocido como el swami Dev Hawananda.

—Se vuelve hacia su marido—. Royce McAlister, queda detenido por complicidad posterior al hecho.

—Royce parece atónito; Topaz, resignada, pero ambos se dejan esposar.

El tren se aleja, ajeno, prosigue su viaje hacia el sur.

Llegan dos policías más y reciben instrucciones de recoger las mochilas.

El pequeño y triste grupo abandona la estación, condenándola a su larga noche de desolación iluminada: dos agentes uniformados, uno que guía a Topaz y otro a Royce; les siguen Montifore, Lucic y la agente; después, Martin y Nick, y al final, los dos policías, que cargan las mochilas con manos cubiertas por guantes de látex.

No hay prisa, nadie está apurado, todo está en calma.

Hasta que la noche se ilumina de repente con un destello: el flash de Baxter James.

Montifore no intenta quitárselo; en cambio, da un paso adelante, entra en el encuadre mientras suben a Topaz al asiento trasero de un coche patrulla. Solo después de que el coche se aleja, habla, mirando a Baxter y Bethanie, pero dirigiéndose a Martin:

—¿Están contigo?

—Sí. Son del Herald .

—Bien. Los he detenido, pero no presentaremos cargos hasta mañana al mediodía, como mínimo. —Aparece una sonrisa rápida—. Gracias, Martin. —Y se aleja hacia un coche que lo espera.

—Voy a la comisaría; necesitan representación legal —dice Nick, más como afirmación que como pregunta.

—Por supuesto —responde Martin. Y luego, casi como si se le hubiera ocurrido en ese momento—: Oye, Nick…

—¿Qué?

—Gracias. No hubiera llegado a toda esa información sin ti, no lo hubiera resuelto sin tu ayuda.

—Puede ser —responde el abogado, pero no sonríe.

—¿Qué fue todo eso? —pregunta Baxter, revisando sus fotos en la pantalla de la cámara—. ¿No los van a acusar?

Bethanie le explica.

—Nos están dando tiempo para informar de todo. Una vez que se presenten los cargos, el asunto queda pendiente de resolución judicial y los medios deben ser cautelosos para no influir en el proceso.

—Pero es demasiado tarde para el periódico —dice Baxter, mirando su reloj.

—Sí, voy a llamar a Terri. No querrá guardarse esta información —agrega Bethanie, y saca su teléfono.

Hay un McDonald’s en la carretera, con wifi gratuito, pero es demasiado lento; usan sus teléfonos para conectar los portátiles.

Baxter sube las fotos en un instante, pasándolas a través de su tableta.

Martin trabaja en su ordenador mientras Bethanie coordina con el equipo de producción del periódico.

—Quieren que esté lista para las nueve; en caso contrario, retendrán la información hasta la mañana.

Así que Martin escribe lo más rápido que puede, sin preocuparse por revisar, por errores de tecleado, gramática o estilo; las palabras fluyen como una catarsis. Bethanie lee por encima de su hombro, sugiere mejoras y corrige errores. Terminan en quince minutos.

EXCLUSIVA

Por Martin Scarsden y Bethanie Glass, desde Longton

Topaz Throssel, una joven australiana-estadounidense, ha quedado detenida y se espera que se la acuse del asesinato de siete personas, incluyendo al actor Garth McGrath y al autoproclamado líder religioso swami Dev Hawananda.

Un equipo de investigadores del Herald interceptó a Throssel y a su marido, el australiano Royce McAlister, mientras intentaban huir en tren de Longton, en el norte de Nueva Gales del Sur.

La pareja intentaba escapar al mismo tiempo que la investigación del Herald descubría nuevas pruebas que demuestran que el swami Hawananda era un impostor con un pasado oscuro.

En una primicia extraordinaria, el Herald está en condiciones de revelar que Hawananda era en realidad un prófugo greco-indio llamado Myron Florakis, a quien la policía buscaba en relación con la muerte de tres personas en Creta, ocurrida hace ocho años.

Se cree que una de las víctimas era Cascade Throssel, la hermana menor de Topaz Throssel. Se presume que este fue su motivo para asesinar a Florakis.

La noche del sábado, siete personas murieron en una fiesta en la playa de la aislada comunidad y sitio de retiros de Hummingbird Beach, cerca de Port Silver, después de que una poción ceremonial fue contaminada con una sustancia tóxica desconocida.

Se cree que Throssel intentó suicidarse bebiendo el mismo brebaje letal, pero se salvó gracias a la rápida acción de la policía y de los sanitarios.

Royce McAlister está detenido bajo sospecha de complicidad posterior al hecho. Se cree que no tenía conocimiento de las acciones de su mujer y se enteró cuando el equipo de investigación del Herald los encontró en la estación de ferrocarril…

Martin y Bethanie hacen una última revisión, le dan los toques finales a la nota y la envían por internet a una pantalla de la redacción del Sydney Morning Herald . Un mensaje de texto confirma la recepción.