Puerto de furia (Martin Scarsden 2) CAPÍTULO 17 #4
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CAPÍTULO 17 #4

Montifore espera a que su subordinado se retire y cierre la puerta antes de hablar: —Entonces, tu teoría es que Jasper Speight estaba al tanto de la estafa y amenazaba con exponer a St. Clair.

—Sí. Tal vez, esa era la razón por la que quería verme la mañana en que lo mataron.

—Pero ¿por qué expondría a St. Clair?

—Para sacar ventaja con el consorcio que quiere desarrollar Hummingbird Beach.

Según dice el propio St. Clair, si Jota Hayes accede a vender, hay una comisión de un millón por la venta.

Y, además, se convertiría en el representante del consorcio en Port Silver.

Y, sobre todo, si a St. Clair lo condenaran, ya no podría urbanizar la marisma de Mackenzie.

Jasper se oponía a ese proyecto. Eso lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, sí —responde Montifore. Reflexiona unos segundos—. ¿Supongo que Mandalay Blonde está dispuesta a declarar sobre lo ocurrido con St. Clair?

—Tendrías que preguntárselo, pero estoy seguro de que sí.

—¿Y tu fuente, la mochilera? ¿Cómo se llama?

Martin respira hondo.

—No puedo decírtelo. Le prometí que permanecería en el anonimato.

Montifore niega con la cabeza.

—Joder, era obvio que lo harías. —La exasperación se refleja en su cara, su voz se mantiene neutra—. Vosotros los periodistas y vuestra manía de proteger a las fuentes. No es necesario que te recuerde que eso no tiene ningún valor legal. Ninguno.

Martin se encoge de hombros.

—No puedo revelar su nombre sin su consentimiento.

—Pues en ese caso, no tenemos nada. El testimonio de Mandalay Blonde casi no tiene utilidad sin corroboración, lo sabes bien.

En el mejor de los casos, St. Clair hizo una proposición indecente.

Repugnante, sí, pero no es un delito. Y delante de Mandalay Blonde no mencionó las visas ni ningún trueque, ¿verdad?

Martin asiente.

—Bien. Además, ella no es precisamente una testigo imparcial.

Speight murió en su casa y sigue siendo sospechosa para la investigación.

Así que cualquier declaración que haga puede interpretarse como una maniobra para protegerse, un intento de desviar las sospechas.

El abogado de St. Clair se la comería viva.

—Pero puedes investigarlo, ¿no? Eres policía. No necesitas a mi testigo; puedes buscar otros.

—Ah, ¿sí? Si St. Clair les cambia una visa por un polvo, ¿por qué iban a quedarse en la zona?

¿Y por qué hablarían con nosotros para incriminarse?

No olvides que les estaríamos pidiendo que admitan haber infringido la ley.

Tendrían miedo de ir a la cárcel, de que las deporten o ambas cosas.

Y todo lo que los demás mochileros del albergue pudieran haber oído no pasaría de ser un rumor, sin valor legal.

Necesitamos a tu testigo o a alguien como ella: alguien que haya conseguido los papeles para la visa.

Martin no sabe qué decir. Siente que algo no encaja, que Montifore debería mostrarse más entusiasmado. Le ha traído una pista sólida, que podría ser clave en el caso, y el policía parece más molesto que agradecido.

—¿Qué pasa, Morris? Hay algo que no me estás contando.

—En primer lugar, no te he dado permiso para usar mi nombre ni para tutearme. En segundo lugar, soy un detective de Homicidios, y tú, un periodista. No tengo obligación de contarte nada. Más bien lo contrario.

—Entonces, ¿por qué le pidió a Ivan Lucic que saliera?

—¿Qué quieres decir con eso?

—No hay testigos. Ni grabaciones.

Montifore suelta una carcajada y se echa hacia atrás en la silla.

—Por el amor de Dios…, no puedes ser más idiota, ¿no?

—¿De qué se trata? Dígamelo. —Pero Montifore niega con la cabeza, sin dejar de sonreír.

Al menos, ya no se muestra indiferente—.

Escuche —insiste Martin—, usted sabe por qué estoy aquí.

No estoy ocultando nada. Quiero ayudar a que Mandy quede libre de toda sospecha.

Y no se lo voy a negar, si esto termina siendo una buena historia, mejor todavía.

Pero estoy siendo completamente transparente. Usted sabe de qué lado estoy.

Montifore asiente, parece llegar a una conclusión.

—Muy bien, esto es lo que puedo decirte. No es para publicarlo, ¿entendido?

—Por supuesto.

—Lo primero: tienes información vital para una investigación de homicidio en curso, conoces la identidad de un testigo clave y estás ocultándosela a la policía.

Eso es delito. Podría detenerte aquí mismo.

Y si siguieras negándote a revelar esa información cuando te llevara ante un juez de instrucción, digamos mañana, también estarías infringiendo la ley. Cárcel. Eso es lo que puedo decirte.

Martin mira los ojos serios del policía, manteniendo su propio rostro impasible, resistiendo la tentación de soltar la sarta de improperios que se le agolpan en la cabeza. Está pensando cómo responder cuando Montifore vuelve a hablar.

—Pero no voy a hacerlo. En cambio, quiero que encuentres a esa fuente tuya y la convenzas de hablar conmigo.

En privado. Mantendré su identidad en reserva.

Si tu teoría resulta correcta, es muy probable que ni siquiera necesitemos que declare en el juicio; podremos usar su testimonio para conseguir pruebas más contundentes.

Órdenes de registro y allanamiento, registros telefónicos, todo.

Pero para lograrlo, necesitamos que declare.

Martin sonríe.

—Le preocupa Johnson Pear.

—Sin comentarios —responde Montifore, aunque en sus ojos se adivina un leve reconocimiento.

Por supuesto, piensa Martin, por eso hizo salir a Lucic; no quiere que su ayudante lo vea cuestionando la integridad de un colega.

—Bien, la situación es la siguiente —prosigue Montifore—: A partir de mañana, solo estaremos Ivan Lucic y yo, más un agente sin ninguna experiencia.

El equipo forense y el resto de la unidad volverán a Sídney.

Dependo de Pear y de su buena disposición para operar desde esta comisaría, para recibir ayuda administrativa y cualquier refuerzo.

No puedo enemistarme con él, y desde luego no puedo darle la información.

Necesito que me consigas a esa testigo; hasta entonces, tengo las manos atadas.

Y tienes que asegurarte de que cualquier otra persona que esté al tanto, incluidas tu novia y la pesada de su abogada, también lo entienda.

Martin guarda silencio, sabe que debe andar con cuidado.

—Voy a investigar esa teoría tuya —dice Montifore—, pero quiero hacerlo con discreción.

Si Jasper Speight descubrió que St. Clair estaba cometiendo delitos, es muy posible que primero haya ido a ver a Johnson Pear, y al ver que no pasaba nada, haya decidido buscarte a ti.

Puedes atar cabos tan bien como yo: Pear no investigó.

Los dos hombres se miran un momento antes de que Martin vuelva a hablar.

—No creerá que Pear pueda tener algo que ver con el asesinato, ¿no? —pregunta.

—Ve a buscar a tu fuente, Martin. Dile que hable conmigo. Dile que no hable con nadie más. No la pongamos en peligro.