Puerto de furia (Martin Scarsden 2) CAPÍTULO 5 #4
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CAPÍTULO 5 #4

Ella no dice nada, lo observa detenidamente. Él no logra descifrar qué está pensando. Cambia de tema, inclina la conversación hacia el futuro.

—Entonces, fue por la casa…, la casa Hartigan. ¿Por eso elegiste Port Silver?

Ella sonríe.

—Sí, por la casa. Necesitaba alejarme de Riversend, de la sequía, del pasado.

Empezar de cero. Siempre quise vivir junto al mar.

Pensé en Sídney, en Bondi, o Manly o Balmoral…

, pero con Liam, en la ciudad… no. Consideré lugares como Bermagui o Tassle.

Y entonces, Winifred me dijo que había heredado la casa aquí.

Parecía perfecta. Ya fui a verla desde fuera: una casa antigua revestida en madera, en lo alto del acantilado, con una vista que parece no tener fin.

Me inscribí en la universidad Southern Cross, en el programa de educación a distancia.

Hay sedes en Lismore y en Coffs Harbour; solo tengo que ir unas semanas al año, el resto puedo hacerlo desde aquí.

Arreglar la casa, criar a Liam, estudiar literatura, comer pescado.

—Sonríe otra vez, recupera un poco la ligereza de antes, asoman los hoyuelos, la picardía—. Y… estar contigo. Si te animas.

—Claro que sí —afirma él, y le toma la mano. Los demonios de su juventud no son los demonios de ella; su pasado no es el presente de ambos.

Pero ahora la sonrisa de ella desaparece, como si la arrastrara una ráfaga que cruza la playa.

—¿Crees que puede ser perfecto? Jasper Speight murió en mi pasillo…, es como una especie de presagio. Una advertencia. —Fija los ojos en Martin, la mirada intensa—. ¿Crees en el destino?

Martin sonríe.

—Ya hemos tenido esta conversación.

—¿En serio?

—La primera vez que nos vimos, en la librería de Riversend.

—Tienes buena memoria.

—Imposible olvidarlo. Imposible olvidarte a ti.

Sonríe radiante; se le marcan los hoyuelos.

—Muy hábil —dice, antes de ponerse seria otra vez—. Has cambiado, Martin Scarsden.

—Eso espero.

—¿Y cuál fue tu respuesta?

—¿A qué?

—Al asunto del destino.

—No. Nosotros nos lo construimos.

—¿Y qué dices del karma?

Martin baja la mirada hacia la arena, hacia los que se broncean al sol; las trayectorias separadas de sus vidas se entrecruzan en este preciso momento, en este día, en esta playa.

—No lo sé, tal vez exista. —Sabe que hace unos meses hubiera dicho que la idea era ridícula. Ahora no ahonda en el tema. Quizá haya cambiado de verdad.

—Si alguien quería matar a Jasper, ¿por qué hacerlo en mi casa? —pregunta Mandy.

—Mandy, no es un presagio. La casa, la universidad. La playa. Liam. Tienes razón. Port Silver es el sitio perfecto.

—El pasado siempre está con nosotros, como un fantasma en la habitación.

Ahora es él quien frunce el ceño, inquieto por su tono.

—¿Tú crees?

—Sí. —Los pensamientos cruzan por su rostro como ondas en el agua—.

Somos barricadas. Mamparos que resguardan a la próxima generación, que mantienen a raya el pasado para que no los dañe.

Para protegerlos. Para proteger a Liam. Todo está allí, detrás de nosotros: los crímenes de su padre y de su abuelo.

Lo mismo te pasa a ti, con lo que sea que vivieses aquí.

Tenemos que cargar con eso, avanzar con la carga, dejarla atrás.

Pero Liam…, él nació limpio, sin mancha.

Inocente. Por eso quiero estar aquí. Eso es lo que busco en Port Silver.

Quiero que Liam crezca como cualquier otro niño, libre de lo que hubo antes.

—Lo mira—. Y quiero que tú también estés aquí. Es nuestra oportunidad, Martin.

—¿Y el destino?

—A la mierda con él. —Otra sonrisa, pero esta vez es desafiante, no divertida.

—A la mierda con el destino —repite Martin como un eco, y le toma la mano.

El mar parece tan calmado, tan benévolo.

Pero él lo ha visto en otros días, desatado y feroz, cuando la espuma cubría la playa de extremo a extremo y los barcos se quedaban anclados sin remedio en el puerto durante jornadas enteras, tras el paso de ciclones del norte y depresiones del este.

Ahora, hacia el sur, en el horizonte, más allá del faro y de los surfistas, distingue un frente de nubes.

Se acerca un cambio desde el sur, trayendo consigo recuerdos, isobaras de remordimientos.

Ya ha dicho bastante: habrá tiempo para contarle más, pero no ahora.

Antes deben recuperarse del golpe estremecedor que ha sido el asesinato de Jasper Speight.

—Háblame de la casa —propone Mandy, como si le leyera la mente—. Tú y Nick Poulos parecían conocer bien su historia.

Martin hace una mueca. Sabe que eso implica hablar de su pasado. La casa es, al menos, un buen punto de partida.

—Cuando éramos niños, no vivía nadie allí.

Siobhan Hartigan debió de mudarse a Riversend antes de que naciéramos, así que la casa estaba allí arriba, en el promontorio, deshabitada.

Poco a poco se iba deteriorando. Tal vez la usaban como casa de veraneo, no lo sé, pero nosotros siempre creímos que estaba vacía.

Era legendaria; creíamos que estaba embrujada.

—¿Embrujada? —dice ella, sonriendo—. Eso sí que es interesante. ¿Entraste alguna vez?

—Solo una.