Puerto de furia (Martin Scarsden 2) CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

—Esto es lo que sabemos —comienza Winifred, sin perder tiempo en cortesías ni presentaciones—.

A última hora de la mañana de ayer, un atacante (o más de uno) apuñaló a un vecino del pueblo, un agente inmobiliario llamado Jasper Speight.

El homicidio tuvo lugar en el pasillo de una casa que Mandalay alquila a través de la empresa de Speight.

Está cerca de aquí, en la calle Riverside Place.

Mandy estaba en el baño de la planta alta en ese momento.

Oyó alboroto y fue a ver qué pasaba. Bajó a tiempo para encontrar a Speight agonizando en el suelo.

No había rastro del agresor o de los agresores; habían huido.

Mandy intentó salvarle la vida a Speight, pero no había nada que pudiera hacer.

Murió poco después. Instantes más tarde, llegó Martin y encontró a Speight ya sin vida.

Mandy estaba en el salón, en estado de shock.

Martin llamó a la policía, a los servicios de emergencia… y a nosotros.

Winifred recorre la mesa con la mirada. Nick asiente. Mandy asiente. Martin también.

—Esta es otra información que he conseguido de la policía, a cambio de nuestra total colaboración —prosigue—.

El arma homicida es, casi con certeza, un cuchillo muy afilado.

Posiblemente, un cuchillo de filetear, con una hoja fina de unos veinte centímetros de largo.

La policía nos ha pedido que mantengamos esto en estricto secreto; no quieren que se haga pública esta información todavía.

—De nuevo, recorre la mesa con la mirada; de nuevo, todos asienten—.

La casa está completamente amueblada —continúa Winifred—.

El propietario ya ha confirmado que el inventario está intacto: el asesino tuvo que haber llevado el arma consigo.

Esto es importante: si el asesino llevó el cuchillo a la escena, es señal de que el apuñalamiento pudo haber sido premeditado, no un acto impulsivo.

Y si la policía tiene intención de implicar a Mandy en el crimen, entonces, debería demostrar no solo dónde consiguió el cuchillo, sino, más importante aún, cómo se deshizo de él.

Hasta el momento, no lo han encontrado. También, han hallado algunas pruebas físicas que indican que el atacante huyó por la puerta trasera de la casa y siguió el curso del río, posiblemente después de que Mandy lo sorprendiera.

De nuevo, la policía no quiere que se haga pública esta información.

No lo dicen abiertamente, pero creo que, por ahora, Mandy no es la principal sospechosa.

Martin mira a su pareja, ve el alivio en su cara. Le dedica una sonrisa de aliento.

Winifred prosigue:

—Todo indica que la víctima, Jasper Speight, se defendió y sufrió heridas graves: le abrieron el pecho y el abdomen y tenía cortes en las manos.

Es posible que estuviera intentando escapar cuando recibió una puñalada por la espalda.

Es probable que ese ataque haya sido el que lo mató, aunque ya estaba herido de muerte.

Winifred hace una pausa, dejando que el peso de la información flote como una prueba material que exige una minuciosa inspección. Martin y Mandy bajan la mirada hacia la mesa, atrapados una vez más por el horror de la escena del crimen. Es Nick quien rompe el silencio.

—El cuchillo: dijo usted que era un cuchillo de filetear. ¿Como los que usan los pescadores?

—Exacto —responde Winifred—. Se consiguen por decenas en un sitio como este.

—El cuchillo ha desaparecido, pero ¿se sabe si hay otras pruebas físicas? —quiere saber Nick—. ¿Encontraron huellas dactilares?

—Muchas —responde ella—, pero no creen que sean de gran utilidad.

Piensan que el asesino llevaba guantes. Y, otra vez, eso indica premeditación, lo que vuelve a jugar a favor de Mandy.

Si hubiera llevado guantes, ¿dónde están ahora?

Y si limpió el mango con un paño, ¿dónde está ese paño?

¿Dónde está el cuchillo? El testimonio de Martin es crucial —añade—.

Llegó tan poco tiempo después de la muerte de Jasper Speight que no habría tenido tiempo de deshacerse de nada.

Martin se echa hacia atrás en la silla, sintiendo cómo la tensión comienza a disiparse.

—Entonces, la policía sabe que no tuvimos nada que ver. Estamos fuera de peligro. —Mira a Mandy, que le sonríe.

Pero los abogados guardan silencio. Winifred inspira hondo antes de hablar: —La principal línea de investigación, aquella en la que de momento están obligados a concentrar recursos, es, sin duda, la del agresor desconocido.

Pero no debemos bajar la guardia. Hay otros escenarios posibles: que Mandy conociera al asesino, o que ambos lo conocierais; que seáis cómplices de esa persona o que la estéis encubriendo por algún motivo.

O incluso que no haya ningún asesino desconocido: que vosotros dos hayáis actuado juntos.

Mandy atrajo a Speight a su casa y Martin lo mató, para luego deshacerse de los guantes y el cuchillo y fabricar pruebas para simular que el atacante huyó por atrás y solo entonces llamar a emergencias.

—¡Es absurdo! —protesta Martin, incrédulo—. Los sanitarios llegaron enseguida. Declararán que Speight acababa de morir.

—Sí. Tienen una base aquí en el pueblo —confirma Winifred—. Ya los han interrogado.

—Hay otra posibilidad —interviene Nick en voz baja—.

Otro escenario. —Todos lo miran, pero él mantiene la cabeza gacha y la mirada fija en la mesa delante de él—.

¿Y si el atacante no siguió a Jasper al interior de la casa?

¿Y si fue al revés? ¿Y si él vio al agresor entrando en la vivienda y lo siguió?

¿Y si se enfrentó a él y fue entonces cuando sufrió el ataque?

Martin y Winifred se giran hacia Mandy. Sus ojos están muy abiertos ante lo que implican las palabras de Nick.

—¿Alguien venía a atacarme a mí? —pregunta.

—¿Tenías la puerta abierta? —indaga Winifred—. ¿Podría haber entrado alguien antes que Jasper?

Mandy niega con la cabeza.

—No. Estoy segura de que estaba cerrada con llave.

—Cuando llegué a la casa, había unas llaves en la cerradura —apunta Martin.

—Entonces, Jasper abrió y entró —dice Winifred, con los ojos fijos en Mandy, intentando tranquilizarla con el énfasis de su voz—. El blanco era él, no tú.

—Puede ser —responde Mandy, pero no suena convencida.

—Jasper abrió, entró y el atacante lo siguió —interviene Martin; de pronto, la secuencia de hechos le resulta clara—.

Esta mañana hablé con Denise Speight, la madre de Jasper.

Dijo que la policía cree que a Jasper lo atacaron, y él trató de defenderse y de huir.

El asesino estaba detrás de él, en el vestíbulo, y Jasper estaba tratando de correr hacia el interior de la casa.

La posición de su cuerpo lo confirma. —Mira a los demás y ve que coinciden.

—Hay otra cosa —dice Winifred al grupo en general—. La policía ya lo sabe, así que vosotros también deberíais estar al tanto. ¿Mandy?

Martin la mira. Ella se muerde el labio. Martin conoce ese gesto, significa que algo le preocupa.

—Escuché el ruido y empecé a bajar las escaleras.

Fui con cuidado. Y entonces, vi a Jasper tendido en el suelo, justo donde lo encontraste.

Pero no estaba muerto todavía. Bajé, traté de ayudar.

Por eso tenía sangre en las manos. Pero no había nada que pudiera hacer.

Él estaba como… —Se detiene, vacila, atravesada por un recuerdo—.

Estaba como gorgoteando. Intentaba respirar, hablar.

Le salían burbujas, burbujas rojas. Como si se estuviera ahogando.

No podía entender lo que decía. Empezó a convulsionar, a toser sangre.

Solo entendí una palabra: Martin. —Levanta la mirada—. Lo siento.

—¿Así que había ido a verme? —pregunta Martin.

Mandy asiente.

—Tenía algo en la mano. Intenté quitárselo, pero lo agarraba con fuerza, trataba de hablar. Entonces dijo tu nombre.

—Yo también lo vi —dice Martin—. Era una imagen religiosa. Cristo o uno de los santos. Parecía una postal. Su madre me dijo que tenía miles, las coleccionaba. —Mira a Winifred—. ¿La policía lo mencionó?

Winifred niega con la cabeza; se la ve preocupada y habla en voz baja.

—No. ¿Mandy?

—Sí, me interrogaron al respecto, pero no lo recuerdo con tanta claridad como Martin.

Se hace un silencio. La policía le ha contado a Winifred lo del cuchillo, lo de las heridas de Jasper Speight, pero nada sobre lo que la víctima tenía en la mano.

—¿Cómo sabía Jasper que yo llegaría hoy?

—Yo se lo dije —responde Mandy—. La semana pasada. Le conté que estabas terminando el libro y vendrías el domingo o ayer.

—Si llegaste a Port Silver ayer, ¿cómo te conocía la víctima? —quiere saber Winifred.

—Era amigo mío —explica Martin—. Crecimos juntos. Fue uno de mis mejores amigos en el bachillerato.

—¿Te criaste aquí? —continúa Winifred. Es mitad pregunta, mitad afirmación.

—Sí.

Winifred se gira hacia Mandy.

—¿Y tú lo sabías?

Mandy tiene una expresión preocupada.

—Sí. Jasper me lo contó. Le hacía ilusión volver a tenerte aquí. Dijo que iba a ser genial tener a un periodista de puta madre como tú viviendo en el pueblo.

Winifred y Nick cruzan las miradas, pero todos pueden sentirlo, el vínculo con Martin. Winifred se vuelve hacia él: —Solo para que quede claro: cuando Mandy te dijo que se mudaba a Port Silver, ¿no le contaste que creciste aquí?

Martin abre las manos en un gesto conciliador, aceptando el error.

—Creo que sí se lo dije.

Mandy frunce el ceño, niega con la cabeza.

—Martin dijo que conocía Port Silver muy bien. Eso es lo único que recuerdo.

Los dos abogados vuelven a cruzar las miradas, pero ninguno insiste con el tema.

Nick se dirige a Mandy:

—¿Cómo conociste a Jasper? ¿Estabas esperándolo?

—Era el agente inmobiliario que me alquiló la casa en Riverside Place —explica Mandy—. Esperaba que viniera en algún momento. Tenía que traerme las llaves de mi casa.

—¿Qué casa? —pregunta Nick.