CAPITULO 37 #2
Al mismo tiempo que los jugadores vuelven a detener sus rutinas, para poder prestar atención a la trama de las paletas desaparecidas.
—¡Sí! ¡Muy bien! Resulta que Gio acaba de regresar, me dijo que viniera, que ya consiguió nuestras paletas. Las está buscando —explica Ashley.
—¡Sí! —exclama Bradley con fuerza, al mismo tiempo que aplaude desde el otro extremo del gimnasio.
Stan y Dylan se unen de inmediato al festejo, lo que ocasiona que el resto de sus compañeros comiencen a vitorear y aplaudan por la resolución del misterio de las paletas.
—¿Pero dónde estaban? ¿Quién las tomó? —cuestiona Rupert.
—No lo sé, él no me dijo, solo entró rápido, me dijo que viniera para acá pero no me comentó nada más —aclara Ashley, dándose cuenta que el cuerpo técnico a su lado está atento a la conversación de ambos—.
De todas maneras, discúlpame Rupert, por lo de hace un rato, es que me angustió mucho, porque yo soy muy responsable y no quiero quedarle mal a los jugadores.
Ellos esperaban sus paletas y obviamente quería que se las llevaras a Rosalie y a mi tocaya favorita Ashley.
—No tranquila, no te disculpes, tenías derecho a angustiarte, no se pueden perder tus cosas, ni las de nadie —declara Rupert, en tono serio.
Justo en ese momento, las puertas del gimnasio se abren y entra el gerente general con una bolsa grande en las manos.
—¡Vamos Gio! —grita Bradley con todas sus fuerzas,
—¡El inspector Gio! —añade Stan, a la vez que los demás jugadores vuelven a aplaudir entre risas.
—¡Que nadie se coma la evidencia! ¡No aun! —bromea Dylan, provocando otra ronda de risas.
—Acá están —dice Gio acercándose a Ashley, entregándole la bolsa.
—¡Gracias! ¡Eres el mejor gerente de toda la liga! ¡Lo resolviste tan rápido! —comenta ella, emocionada—. ¡En serio gracias!
—No… no fue nada —responde Gio, sonriéndole.
—Bueno… ¿y dónde demonios estaban? ¿Quién las tomó? Y lo más importante de todo… ¿por qué? —inquiere Rupert cruzándose de brazos.
En ese instante, todos en el gimnasio se quedan en completo silencio para poder escuchar.
—Presidente… vayamos afuera un momento —indica Gio en voz baja
—Okey… —replica Rupert entrecerrando los ojos, a la vez que comienza a salir, pero se detiene un momento y se voltea para ver a Ashley—Repártele a los chicos y me guardas las mías.
—Por supuesto —afirma ella sonriéndole, y luego se acerca a los jugadores—. Bueno… perdonen que no estén en una bandeja bien presentadas, y que además no tenga los guantes puestos —añade abriendo la bolsa.
De inmediato, los chicos comienzan a tomar una o dos paletas en sus manos, mientras que Bradley se queda sentado en la banca bebiendo el frappé que ella le había preparado, a la vez que no deja de observarla.
Afuera en el pasillo frente del gimnasio se encuentra Rupert y Gio conversando sobre lo sucedido.
—Bueno, dime. ¿Qué fue lo que pasó?
—Ya revise las cámaras y en efecto Ashley tuvo una crisis de pánico cuando se dio cuenta que las paletas no estaban en el congelador, en el video se le escucha llorando y diciendo que estaba preocupada porque los jugadores las estaban esperando, y porque te daría unas a ti para Rosalie y Ashley —explica Gio.
—Sí… comprendo, ¿qué más?
—Luego retrocedimos unos minutos antes de eso y vimos como Norris abría el congelador mientras ella estaba usando las licuadoras, por eso no lo escuchó, ni se dio cuenta que él entró abrió el congelador y se llevó la bolsa.
—¡¿Y ese quien es?! ′—inquiere Rupert, con el ceño fruncido.
—Will Norris, el nutricionista del equipo.
—Ahhh... ¿el nutricionista? ¿Por qué demonios se llevaría las paletas de Ashley? ¿Es idiota o qué? —cuestiona Rupert, confundido.
—Pues… eso aún no lo sé, apenas vi el video, me vine corriendo a recuperar la bolsa antes de que la metieran al contenedor de basura —acota Gio—. Ni siquiera sé dónde está Norris ahora mismo, no he hablado con él.
—¿Al contenedor de basura? —pregunta Rupert, sorprendido—. ¿Es que las botó?
—Sí, bueno… casi lo hizo, lo seguimos en las cámaras y vimos cómo le entregaba la bolsa a una de las chicas de la limpieza, él le indicó que las botara —comenta Gio—.
Después vimos a la empleada abrir la bolsa y mirar el contenido, por suerte no le hizo caso y no las tiró en el momento, sino que solo la coloco en el fregadero.
Por eso salí corriendo para acá y cuando entré al área de servicio, aun seguían allí en el mismo sitio.
La chica me dijo que esperaría que se derritieran un poco para botarlas por el desagüe, ella pensó que quizás estaban vencidas y que por eso Norris se las dio para botarlas.
—¡Qué demonios le ocurre! —exclama Rupert molesto, a la vez que camina hacia la puerta del gimnasio, abriéndola—.
¡Caballeros! —dice con fuerza, provocando que no solo el cuerpo técnico voltee a verlo sino también los jugadores, quienes notan como el presidente les hace señas a los entrenadores para que salgan de la sala.
—¡Vaya! —murmura Dylan terminando de comer su paleta, al mismo tiempo que toma su palo de hockey y lo acerca a su boca simulando un micrófono—.
¡Estamos en presencia de un caso que al parecer es más complicado de resolver que el de Jack el destripador, el del asesino del zodíaco, o el de la proveniencia de un repentino mal olor dentro del autobús de los Demons!
Todos sus compañeros comienzan a reírse, al mismo tiempo que continúan comiendo las paletas y prestan atención al reportaje.