Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 37
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CAPITULO 37

Bradley acompaña a Ashley fuera del gimnasio, ambos se alejan por el pasillo apresurando el paso, una vez que pasan las puertas abatibles y llegan a la sala de estar, Ashley de inmediato se hunde en uno de los sofás, con los ojos cerrados y sus brazos cruzados, al mismo tiempo que Bradley se sienta junto a ella.

—¿Quieres un poco de agua?

Ashley se mantiene en silencio y solo niega con la cabeza sin abrir los ojos.

—Bueno… —murmura él, tomándose las manos sin saber que más hacer.

Bradley traga grueso sintiéndose nervioso, hace un momento la adrenalina por protegerla lo supero y reaccionó, pero ahora que ha pasado, todas sus inseguridades salen a flote de nuevo.

«¡Carajo! ¡Carajo! Nada de esto fue lo que planifiqué antes de venir, no se supone que le hablaría, no quería que ella me viera la puta férula, y menos que estuviéramos solos tanto tiempo...

¿Qué carajo digo ahora? ¡Soy un idiota! Aunque…

tenía que ayudarla, estaba petrificada, no podía solo quedarme callado cuando estaba tan nerviosa.

Si no hubiese saltado a ayudarla, ahí sí sería un completo idiota.

» Piensa él mirándola fijamente. «Necesitaba protegerla, se ve tan frágil. »

—Si quieres vete… no quiero que tengas problemas por salirte del entrenamiento —murmura Ashley, manteniendo los ojos cerrados.

—No, no te preocupes por eso, nadie me dirá nada —afirma él sin dejar de verla, a la vez que detalla su cabello, el contorno de sus labios y lo enrojecida que está su nariz por llorar.

—El entrenador no se ve como alguien muy compresivo... así que, yo que tú no estaría tan seguro de eso.

—No me dirá nada, puedo salir si quiero, ya tengo dos horas más de entrenamiento que los demás —aclara Bradley.

—Okey... gracias por... —añade ella, negando con la cabeza—. Bueno, por eso... es una puta pesadilla de mierda, solo espero despertarme cuanto antes y que nada de esto esté pasando, no es justo que me pase esto.

«No, yo espero que este no sea uno de mis sueños... no lo es, ¿o sí? ¡Por Dios Ashley! ¡Me vas a enloquecer! En caso de que sí lo sea, te pondrás a besarme ahora mismo y eso sería tan genial, pero de pronto todo se volverá bizarro.» Piensa Bradley, sin dejar de mirarle los labios.

—¿Crees que es una pesadilla? —inquiere él, aprovechando que Ashley no está viéndolo hablar—. Quizás solo estemos soñando algo bueno y no nos damos cuenta.

«Eso fue lindo…» Piensa Ashley, a la vez que una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro.

«¡Carajo! ¡Sus labios se ven tan lindos cuando sonríe!» Piensa él.

—¿De qué manera no sería una pesadilla? —replica Ashley—.

Básicamente esta mierda es la primera impresión de mi trabajo soñado, el entrenador me odia, y no necesito decírmelo, ya que fue muy evidente.

Además de que quede mal en mi primera aparición frente a los jugadores, sumado a que ellos junto con el cuerpo técnico me vieron llorando, Rupert le gritó a Gio por mí culpa, y por eso dejo de hacer lo que sea que estuviera haciendo para jugar al detective —acota frustrada—.

Y aunque todos los juniors sean dulces y lindos conmigo, debes saber que no espero trabajar con niños, soy nutricionista deportiva de élite, pero justo ahora soy el hazmerreír —añade negando con la cabeza.

—Pues... si no es una pesadilla, déjame decirte que estás drogada con algo... y algo muy fuerte —puntualiza Bradley.

—¿Yo? ¿Drogada? —cuestiona ella indignada, a la vez que abre los ojos—. Jamás he tocado un cigarro en mi vida y ni siquiera tomo alcohol.

—Sí, muy drogada porque estás divagando…

La primera impresión que tuviste del equipo fue de parte de tres jugadores, que te vieron con un grupo de niños y de inmediato se cautivaron, no tenían porque oír la charla, pero aun así decidieron quedarse.

Ellos notaron que eras lista, preparada, astuta, de buena corazón y dulce...

si me lo preguntan a mí… esa es una fantástica impresión —afirma Bradley, al mismo tiempo que se limpia rápido un poco de saliva de la comisura de sus labios.

Ashley por su parte, se mantiene en silencio, escuchándolo y mirándolo atenta, casi sin parpadear, es ahí que Bradley nota que en el rostro de ella no hay ni una pizca de desagrado, sino todo lo contrario, él genuinamente está pensando que ella disfruta verlo hablar, lo cual se siente como una pequeña bandita en su autoestima herida.

—Y la impresión del resto de los jugadores fue muy buena, tú obviamente no lo sabes, pero cuando saliste de allí, estaban todos riendo y comentando lo increíbles que son tus paletas —comenta él—.

Con respecto a lo del cuerpo técnico... no lo tomes personal, el entrenador no es alguien que entre sus cualidades tenga ser considerado amable o gentil, es un hombre tosco si se quiere, nos lanza gritos todo el tiempo, es su forma de corregirnos, pero no es algo personal, esa es su manera de desenvolverse. No quiero que te asustes por eso…

Bradley hace una pausa para sorber la saliva de nuevo, a la vez que Ashley se mantiene con la vista fija en él.

—Yo me asusté la primera vez que me gritó, eso fue hace como tres años y después me di cuenta que ese es su temperamento, así que básicamente te acostumbras, no es el mejor ambiente laboral, eso lo entiendo —acota él, encogiéndose de hombros—.

Ashley, el hockey es así, solo te haces más duro, tú no lo habías visto antes, pero eres lista y ahora lo sabes.

Entonces… cuando son duros, tú solo no debes demostrar que eso te afecta, nunca bajes la cabeza.

Bradley nuevamente hace una pausa y utiliza su camiseta para limpiarse la comisura de los labios.

—Y esto no es exclusivo hacia los jugadores, verás como de pronto le gritan a un utilero, a un masajista o hasta el chofer del autobús y eso es lo normal, no solo en este equipo, sino en este deporte, porque es jodido, hay mucha adrenalina, son muchos partidos uno tras de otro, varias cosas sucediendo a la vez.

De repente pasas de un partido de mierda a una gran victoria, de héroe a villano, de ser el goleador y medallista olímpico a que te aplasten contra las bardas en solo segundos y que te saquen en una ambulancia…

Es difícil, lo sé, mírame, tengo un mes viviendo una puta pesadilla y ninguno de ellos lo sabe, pero no puedo llorar aunque quiero, y no es por machismo, no se trata de eso, es porque…

no puedo volverme suave, no si quiero ganarme mi puesto —confiesa él, en voz baja—.

Ashley gánate tú jodido puesto, no necesitas patear traseros literalmente hablando, tienes una enorme ventaja acá sobre todos los demás.

—¿Cuál? —pregunta ella, perdida por completo en los ojos de Bradley.

—Eres la única mujer acá. Eres más lista, astuta, empática y más observadora.

En medio de toda esta testosterona y destilación de hombría por ver quién grita más, quién golpea más fuerte y quién orina más lejos que el otro, tú no necesitas competir contra eso, tú sola presencia y tú dulzura neutraliza todo eso.

—Gracias… —murmura ella, sonriéndole.

—¿Acaso crees que no me di cuenta como tienes embolsillado al presidente?

¡Por Dios! Si de egos masculinos hablamos, él es más jodido que el entrenador, grita más, exige más, él es a quién todo mundo le teme, ser llamado para ir a su oficina es como ser citado a las fauces del lobo —acota Bradley—.

Y por lo que veo… tú lo visitas, lo tuteas, no le dices presidente, se saludan con afecto, es que pareciera que fueran familiares, pero tienen apellidos diferentes, así que intuyo que no lo son.

Entonces —hace una pausa para sorber la saliva acumulada en su boca—.

Todo esto no solo lo noto yo, ¿tú no crees que el cuerpo técnico estuvo atento viendo esa relación amistosa entre ambos?

¿Que los demás jugadores no lo notaron? Estás haciéndolo muy bien, ganarse el afecto de alguien como el presidente de los Demons, que en sus tiempos fue uno de los entrenadores más ultra jodidos de la historia...

es toda una hazaña, y tú lo haces ver tan fácil.

En ese momento, Ashley se incorpora rápidamente en el sofá y gira el rostro hacia la puerta, enseguida Bradley voltea y ambos observan en silencio como el gerente general ingresa a toda prisa a las instalaciones y se acerca por el pasillo principal.

—Ashley, ve al gimnasio —indica Gio—. Yo voy por la bolsa.

—¿La conseguiste? ¿Dónde está? —inquiere ella, levantándose.

—Sí, las conseguí. Ya voy para allá —responde Gio, atravesando las puertas.

Ashley avanza rápido hacia allá, pero luego de dar dos pasos se detiene, se da la vuelta y nota que Bradley aún está sentado en el sofá, por lo que se devuelve, se inclina lentamente hacia su cara y le da un beso en la mejilla.

—Gracias… —murmura ella viéndolo a los ojos y le sonríe, para luego acomodarle un mechón de cabello.

Sin esperar alguna respuesta por parte de él, Ashley se gira y a toda prisa atraviesa las puertas hacia el pasillo principal, para dirigirse hacia el gimnasio.

—Ay por Dios… ay por Dios… —susurra Bradley, al mismo que clava su rostro en el respaldar del sofá.

«¡Carajo! Estuve a punto de pensar que me besaría en los labios y que me pediría que hiciéramos el amor acá…

Era como en uno de mis sueños, pero… esto es mejor, porque es la realidad.

No le di asco, fue muy dulce, creo que… sí le gusto a pesar de esta mierda en mi boca.

¡Ay por Dios! ¡Solo me dio un beso en la mejilla y siento que se me saldrá el corazón!

De nuevo estoy tan caliente… me encantó que me tocara el cabello, eso fue sexy y tierno. » Piensa él, sonrojándose.

Entre tanto en el gimnasio, todos ven a Ashley entrar y unos segundos más tarde lo hace Bradley, quien camina directo hacia donde están sus compañeros.

—¿Ashley estás bien? —inquiere Rupert.

Ella de inmediato se acerca a él con una sonrisa, para luego tomarlo del brazo con ambas manos, teniendo presente todo lo que Bradley acaba de decirte.