Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 35 #2
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CAPITULO 35 #2

En el instante que Bradley nota que ambos están caminando, se apresura y sale antes de topárselos, dirigiéndose a toda velocidad hacia el gimnasio, donde comienza a ejercitarse con los pensamientos mezclados entre Ashley y sus fantasías.

—¡Hola mi corazón de pavo con maíz! —exclama Dylan, entrando al gimnasio.

Bradley en ese momento estaba haciendo saltos con bandas de resistencia, pero al desinflarse de la risa pierde el equilibrio, luego se queda viendo a su compañeros con las manos en la cintura.

—¡Bro! —dice Stan, acercándose—. ¡Mírate! Todo un guerrero hecho de pollo y pavo —añade golpeándole el pecho.

—¡Sí!! ¡Y ahora también de cerdo! —informa Bradley con orgullo, a la vez que se ríe y se seca el sudor con una toalla.

—¡Qué! —replica Dylan, sorprendido.

—¿Me estás jodiendo? ¿Cerdo? —inquiere Stan, incrédulo.

—Sí… solomillo de cerdo con arvejas verdes. Con eso me sorprendió hoy —murmura Bradley, jadeando.

—¡Vaya! Esperen… ¿es que acaso el cerdo se puede hacer puré? —indaga Dylan, confundido—. ¿Cómo rayos te lo comerás?

—Por cierto… no son purés, son cremas —acota Stan.

—¿Cremas? —pregunta Bradley.

—Sí, se le dice crema de pollo, crema de pavo, etc, pero no sopa, porque esa es la aguada, es decir la que no te gusta, y tampoco es puré, porque vendría siendo como el de papas que es muy espeso y denso —aclara Stan, sonriéndole—.

Claro… solo que a ti, mamá cuervo te los hace más aguaditos…

para que te pase por la pajita, pero eso que Blaze te prepara son cremas.

—Okey… gracias por iluminarnos con tú sabiduría pequeño saltamontes de la gastronomía —bromea Bradley.

—¡Ay míralo! ¡Ya lo recuperamos! ¡Es nuestro Brady de siempre! —exclama Stan, orgulloso.

« Sí… volver a ser el Brady de siempre, bueno… solo falta poder quitarme esta mierda de la boca para no solo poder jugar, sino que finalmente poder dejar de verme asqueroso y encarar en persona a la chica de mis fantasías.» Piensa Bradley, sonriendo.

Justo en ese momento, comienzan a entrar los demás jugadores de los Demons, quienes se van saludando entre ellos a medida que avanzan, luego ingresa el cuerpo técnico, después de una pequeña reunión, finalmente empiezan a realizar varios circuitos de trabajo.

Media hora después, Ashley termina la charla y degustación con el grupo de adolescentes, en cuanto ellos saltan al hielo, ella comienza a limpiar el mesón y recoger la basura, para luego dirigirse hacia la sala de nutrición.

Una vez allí, abre el congelador, saca una de las bolsas que trajo y va organizando en una bandeja varias paletas de dos sabores, luego guarde el resto. Tomando una respiración pausada, se coloca unos guantes desechables, mira al techo durante un segundo y luego sostiene la bandeja.

—Concéntrate… no estés nerviosa, todo estará bien…

Si los niños y los adolescentes fueron así de receptivos…

¿por qué no lo serían los demás? —murmura para sí misma—.

Sé positiva Ash… esto es lo que querías...

una oportunidad para brillar, ahora solo hazte notar.

Confía en ti misma... ¡Sí puedes! ¡Vamos! ¡Qué yo sí puedo!

Ashley sale de la sala de nutrición, a medida que avanza por el pasillo principal, la cantidad de voces masculinas se intensifica junto con los sonidos de las máquinas.

En cuanto llega a la puerta abierta del gimnasio, observa que todos los jugadores de los Demons están ejercitándose, soltando un suspiro y agarrando con firmeza la bandeja, ingresa en la sala.

Un par de chicos la ven pero siguen con lo suyo, Ashley en ese momento gira el rostro hacia la derecha y mira al entrenador principal conversando con parte del cuerpo técnico, al mismo tiempo que observan las rutinas del equipo.

—Buenas tardes… permiso —dice Ashley dando dos pasos más hacia adelante.

En ese instante, no solo los entrenadores giran su mirada hacia ella, sino que también varios de los chicos lo hacen.

—¡Hola Blaze! —exclama Stan, sonriéndole.

Bradley por su parte, estaba haciendo sentadillas búlgaras y al escuchar el sobrenombre, voltea para notar que ella se encuentra avergonzada por el grito de Stan.

—Hola… —murmura Ashley moviendo su mano, para luego volver su atención hacia los entrenadores—. Perdonen la interrupción, solo…

—¡Blaze! —interrumpe Dylan—. ¡Sea lo que sea, yo quiero probar dos! ¡Te aviso de una vez! ¡No me vayas a joder dándome solo uno! —añade jadeando, lo que provoca la risa de Bradley y Stan.

En ese instante, Ashley se encuentra completamente roja, trata de mantenerse sería pero por dentro solo quiere reírse a carcajadas.

—Okey… ya solo déjenme saludar... al menos —acota viendo a los chicos y luego regresa nuevamente su atención a los entrenadores.

—¿Qué pasa? —inquiere Hansen.

—¡Ya cuenten! —añade Weston.

—¿Esa quién es? —cuestiona Kyle.

Varios de los jugadores que se encuentran cerca de Bradley, Stan y Dylan comienzan a murmurar intrigados por la aparición de Ashley, pero el trio de amigos solo se mantiene en silencio, a la vez que observan atentos lo que ocurre.

—Bueno...como decía. Perdonen la interrupción, entrenador Carrier, soy Ashley Roy, nutricionista deportiva del club.

—¿Nutricionista? ¿Es que.... tenemos a otro nutricionista? Eso no lo sabía —comenta Carrier sorprendido, mirando al resto de su cuerpo técnico, quienes al mismo tiempo comparten miradas entre sí, evidentemente desconociendo la información.

—Sí, esta es mi primera semana, soy la nutricionista de los Juniors —aclara ella, sonriendo.

—Hola Ashley —dice una voz masculina y ella de inmediato voltea.

—Hola Doctor Collins, ¿cómo está?

—Muy bien, ¿y tú? —inquiere Collins, acercándose.

—Genial, gracias —responde ella, para luego voltearse hacia el cuerpo técnico—.

Como les decía, tengo una semana trabajando con los Juniors, y quería preguntarles, ¿si estaba bien para ustedes como entrenadores que les ofrezca a los jugadores estas paletas?

Son completamente naturales, las hice yo con frutas cítricas, por lo cual son ideales por que aportan energía rápida, vitamina C y una alta cantidad de agua, lo que ayuda a retrasar la fatiga y mantener la hidratación durante el esfuerzo físico intenso.

Además de que les aporta electrólitos, contienen minerales esenciales que previenen calambres y mejoran la función de los músculos.

Algunos estudios indican que el ácido cítrico ayuda a disminuir la acumulación de lactato, mejorando la tolerancia al esfuerzo —explica Ashley, con seriedad.

—Sí, he leído algo sobre ese estudio que mencionas, el de la disminución del lactato —afirma Collins y ella le sonríe.

—Pues... —murmura Carrier, cruzándose de brazos—.

No estamos hablando de niños, ellos son atletas profesionales, adultos funcionales con libre albedrío.

Comen y beben lo que decida el criterio de cada uno, ya sea que lo traigan ellos o que lo tomen de la sala de nutrición —acota con un pequeño aire de soberbia.

—Sí, por supuesto que lo comprendo, pero me pareció correcto hacerlo del conocimiento de ustedes como entrenadores, ya que si los ven comiendo paletas por allí, no quiero que piensen que son helados comunes.

Esos comerciales que están llenos de azúcares químicos e ingredientes que no son beneficiosos para su rendimiento deportivo, solo por eso es que me tomé el atrevimiento de hacérselos saber —aclara ella pausadamente, al mismo tiempo que por dentro piensa que la respuesta del entrenador fue grosera y pedante.

—¡Ashley!

En cuanto ella vuelve a escuchar su nombre de nuevo, voltea y de inmediato sonríe.

—Cariño… ¿cómo estás? —inquiere Rupert acercándose y la saluda con un beso en la mejilla.

El entrenador Carrier mira la escena y entrecierra los ojos, luego se gira y comparte una mirada con su asistente técnico, quien solo se encoge de hombres, igual de confundido.

—Muy bien, acá trabajando —comenta Ashley, mostrando su bandeja.

—Espera… ¿las hiciste tú? —indaga Rupert.

—Obvio, ya sabes que prefiero preparar lo mejor, y ahora mismo no hay nada en el mercado más saludable en forma de helado que estas paletas —responde ella, orgullosa—. ¡Pruébalas! ¡Hay de limón y maracuyá!

—Pero... ¿si puedo? —murmura Rupert, esto último.

—Sí, no tienen azúcar —susurra ella, para luego regresar a su tono normal—. Según todo el equipo infantil y juvenil están muy buenas. Ahora falta saber si los profesionales las aprueban o no.

—En ese caso… yo quiero una de maracuyá —dice Rupert, tomándola—. ¿Collins no comerás?

—Pues sí, recién Caleb me dijo que se comió como tres —acota el Doctor, agarrando una de limón.

—¿Y ustedes no quieren? —cuestiona Rupert mirando a los entrenadores, a la vez que le da una mordida a su paleta—. Mmm… sí Ashley, está muy buena, ácida con un toque dulce, todo a la vez. Me gusta.

Ashley solo le asiente y le sonríe.

—Coincido, es muy refrescante —añade Collins, saboreando la suya—. Con razón Caleb se comió tantas.

En ese momento, alguien carraspea con fuerza y Ashley voltea para ver a los jugadores, notando que Stan y Dylan tienen las manos en la cintura, al mismo tiempo que ambos mueven la punta de un pie de manera impaciente.

—Ya voy chicos… denme un momento —indica ella, sonriéndoles.

—Claro, cuando se acaben —refuta Dylan indignado, justo cuando el entrenador de los porteros toma una paleta y comienza a comerla.

—Bueno… perdonen la interrupción, se las ofreceré a los jugadores que quieran probarlas —informa ella, viendo al cuerpo técnico.

—Ashley Cariño… —interviene Rupert—. En la oficina están Ashley y Rosalie, ¿me das algunas para llevárselas?

—Por supuesto, déjame reparto estás y te traigo varias en un envase —responde ella, viéndolo.

—Gracias —añade Rupert asintiendo, para luego conversar con el entrenador, al mismo tiempo que se sigue comiendo su paleta.

—¡Por aquí! ¡Por aquí! ¡Empieza por aquí! —exclama Stan, levantando la mano.