CAPITULO 34 #2
En cuanto lo escucha, Ashley se voltea y se seca las lágrimas con rapidez, al notar que él se encuentra muy cerca.
—No… no estoy llorando —acota ella, con la mirada gacha.
—Sí lo estás —afirma él, tomándola del mentón con suavidad y le levanta el rostro.
En el momento que ambos hacen contacto visual, se miran con intensidad por un par de segundos, hasta que el sonido de un disco cayendo provoca que Ashley se sobresalte.
—Tranquila… son los niños, ellos venían entrando detrás de mí —explica Bradley.
—Okey…
—Por cierto… Gracias.
—De nada —murmura ella, sonriéndole—. ¿Si te gustaron?
—¡Me encantaron! Me gusta el pollo, me gusta el aguacate, me gusta el maíz, me gusta el pavo, incluso me gustan los dinosaurios —puntualiza Bradley y ambos se vuelven a sonreír—. Aunque… ¿sabes que es lo que más me gusta? —inquiere con ternura posando sus manos en la cintura de ella.
—No… ¿qué cosa? —replica Ashley, intimidada.
—Me gustas tú —susurra él, muy cerca de su oído.
En ese instante, las piernas de Ashley literalmente fallan y Bradley es quien la sostiene.
—¿A dónde crees que vas? —bromea y ambos sonríen tontamente—. Dime... ¿te gusto? ¿Aunque sea un poquito? —pregunta viéndola a los ojos.
Ashley de inmediato se ruboriza, por lo que Bradley sabe que la respuesta es sí.
—Bueno… creo que ahora quien tiene una férula y no puede hablar eres tú, perdón por esto... sé que me veo horrible. Solo tengo que aguantar esta mierda un poco más, y podré volver a ser yo, el yo de siempre —explica él, avergonzado.
—No, ya eres tú, está bien, no digas eso —responde ella, finalmente—. No hay nada de malo —añade sonriéndole.
—¿Lo dices en serio? —murmura él, incrédulo.
—Sí, muy en serio.
—Ashley...
—¿Si? —responde ella suspirando, perdida en sus ojos.
—Puedo... besarte... por favor —susurra él—. Aunque si te da asco… entonces está bien, yo…
En ese momento, Bradley es interrumpido por Ashley, quien de inmediato se abalanza hacia su boca y comienza a besarlo, él le corresponde enseguida. Ambos se besan con una intensidad desmedida durante varios segundos.
—Espera… espera —dice él soltándola, para asomarse al pasillo, cierra la puerta y regresa con ella—. No hay nadie.
Bradley vuelve sobre sus labios y continúan besándose, al mismo tiempo que él posa sus manos sobre la cintura de ella, luego comienza a bajarla lentamente hacia sus glúteos, donde la acaricia y finalmente la levanta desde los muslos para colocarla sobre el mesón.
—Brad —susurra Ashley, en medio de los besos.
—Dime.
—¿Te gustan las paletas?
—Si babe, me encantan desde niño —responde él y sigue besándola con pasión.
—Bien… porque yo las amo.
—Genial… Por Dios, en serio me gustas, me estás volviendo loco.
—Espera… no enloquezcas aun.
—¿No? —pregunta él, viéndola a los ojos.
—No —recalca ella bajándose de mesón y camina al congelador, saca una paleta de fresa, le quita el envoltorio y la chupa un par de veces con lentitud enfrente de él.
—¡Basta! En serio… te dije que me estás volviendo loco, no hagas eso.
—¿Que no haga qué? —inquiere ella, volviendo a chupar la paleta.
Bradley suspira al mismo tiempo que se acerca a Ashley y la besa en los labios.
—Sabes tan rica babe, a mora—susurra entre besos, a la vez que ella comienza a desatar el nudo del pantalón deportivo de él—. ¡Ay babe! ¡Para! ¡Para! ¡Ya estoy muy excitado!
—Pero… ¿cerraste o no? —indaga ella preocupada, mirando hacia la puerta.
—Sí, claro que la cerré.
—¿Y acá no hay cámaras, verdad?
—No babe, no hay.
—Bueno… —añade ella depositando un suave beso en sus labios, para luego mirarlo a los ojos—. Tú solo disfrútalo —indica ella agachándose, para luego bajarle los pantalones.
—¡Ay por Dios! ¡Me encanta esto! — exclama él, al notar como ella le quita el bóxer.
En ese instante, ambos hacen contacto visual, Bradley mirando hacia abajo detalla extasiado como Ashley alterna entre lamer la paleta de mora y luego lamerlo a él.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Ay sí! ¡Sigue así! Dios… Chupas tan rico, mi vida —dice él agarrándole la cabeza con una mano mientras que con la otra le acaricia la mejilla, y mueve la pelvis con lentitud.
Ashley lo saborea un par de segundos más, para luego volver a succionar la paleta con picardía, sin apartar la mirada de él.
—Ahora chúpame a mí babe, hazlo mi vida... chúpame de esa misma manera… después yo hago todo lo que tú quieras —murmura él viéndola a los ojos y ella le sonríe.
—¿Puedes cargarme por las escaleras? Es que me canso al llegar al piso cinco —explica Ashley, levantándose.
—Sí babe, te cargo desde el sótano, no tengo problema, solo chúpame así de rico, lo haces tan bien…
¡Carajo! Solo sigue… En serio me estás enloqueciendo —afirma él acariciándole los labios con el pulgar—.
Eres preciosa… lo estoy disfrutando tanto, me gusta que seas tan dulce y atrevida, eso me encanta.
—Okey… —susurra Ashley besándolo con pasión unos segundos, luego se detiene y se separa un poco de él—. ¿Brad?
—Sí… dime —responde él, acariciándole los glúteos.
—¿Podemos... ir a colocar casas a las ardillas? Es que, no quiero que se congelen, pobrecitas.
—Claro babe… pondremos las que quieras.
—Bueno… ¡Vamos! —exclama ella, halándolo del brazo.
—¡¿Qué?! ¡¿Ahora mismo?! —cuestiona él, frunciendo el ceño.
—Sí… es que míralas, están ahí —comenta ella señalando con su mano.
Bradley gira la mirada y observa a través de la ventana de su habitación un montón de ardillas temblando de frío, mientras que ven el partido de hockey desde afuera de su casa.
—Ashley, pero… ¿cómo... —inquiere él, volteando a verla para darse cuenta que ella ya no está—. ¡Ashley! ¡Babe! ¡¿Dónde estás?!
En ese instante, Bradley escucha un bullicio proveniente de la ventana, por lo que vuelve a girar la mirada hacia allá y detalla como las ardillas están aplaudiendo, eufóricas de alegría.
—¡Gol! —grita una de ellas, sobresaltándolo.
—¡Mierda! ¡Una ardilla que habla! —exclama él, incrédulo.
De pronto, Bradley se sienta de golpe en su cama, delante de él se encuentra su televisor, desde el cual escucha como el narrador del partido grita un gol, al mismo tiempo que sus padres desde la habitación principal también lo celebran.
—¡Carajo! ¿Qué pasó? —inquiere él, confundido—. ¡Me dormí! ¿Quién fue? ¿Gol de quién? ¿Fue de Dylan? ¡Sí! ¡Fue Dylan! ¡Vamos carajo! ¡Vamos Demons! —grita emocionado después de ver la repetición.
Bradley se deja caer hacia atrás con una sonrisa enorme en el rostro, para luego girarse boca abajo a la vez que abraza una de sus almohadas.
—¡Por Dios! ¡Esta chica me va a enloquecer!
—suelta él, con un resoplido—. Ya Brad… debes dejar de soñar con ella…
¡Maldita sea! ¡¿Cómo hago ahora para no calentarme cada vez que la vea?
! ¡Maldición! ¿Cómo saco esa imagen de mi cabeza?
Es que... ella me estaba chupando y saboreaba la paleta…
santo cielo, esto ahora se convirtió en una jodida fantasía y me encanta…
Qué clase de fantasía más genial —murmura apretando con fuerza la almohada, al mismo tiempo que recuerda