CAPITULO 34
Un par de horas después, Bradley acaba de salir de la ducha con la toalla atada a su cintura y se acerca nuevamente a su locker.
—¿Cuál de ustedes se extinguirá primero?
—murmura él viendo los dos termos—. Tienen que saber que me los comeré a ambos hoy, así que…
ustedes decidan quien quiere morir primero: Pollosaurio o Pavosaurio —añade riéndose de su propio chiste, y aunque él no lo nota a simple vista, su humor cambió por completo.
Justo en ese momento, el sonido de su teléfono lo interrumpe, él de inmediato abre su mochila y lo toma, atendiendo la llamada.
—Hola Bro.
—Brady mi vida, ¿cómo estás? ¿Ya entrenaste? —pregunta Dylan.
—Sí, mi delicioso hot dog flotador. Acabo de salir de la ducha.
—¡Esooo! —exclama Stan metiéndose en la conversación, ya que el móvil de Dylan se encuentra en altavoz, a la vez que los tres se ríen—. Entonces, ¿eso quiere decir que no quedaste tan acabado como ayer? Es que tenía miedo que te desmayaras, estabas muy pálido.
—No tranquilo, hoy me siento mejor. Estoy cansado, pero normal, no como con la moridera que tenía ayer —afirma Bradley.
—¡Eso es gracias al pollo mágico de Blazer! —declara Dylan—. Ayer después que terminaste de comer te volvió el color, quizás aún tienes parte de ese pollito dándote fuerzas.
—Bueno sí, pero… ¿a que no adivinan? —replica Bradley, conteniendo la risa.
—¡¿Qué?! —exclaman ambos chicos, intrigados.
—¡Hoy me trajo dos purés! ¡No solo uno! —acota Bradley, emocionado.
—¡Vaya! ¡Qué hijo de puta! ¡Comparte! —refuta Dylan, riéndose.
—Con razón estás tan animado —añade Stan, entre risas—. Eso me alegra Bro, en serio estoy muy contento ahora.
—Sí… me trajo pollo con aguacate y Pavo con maíz. Les digo que ambos están súper ultra jodidamente sabrosos. Justo iba a comer un poco ahora que me llamaron —comenta Bradley, sonriendo.
—¡Uy! ¡Ya quiero probar ese de pavo con maíz! ¡Suena brutal! —dice Dylan.
—¡Lo es! Y lo mejor de todo, es que no los trajo en esos envases de sopa que me dan asco, sino que en cambio, me los dio en unos fantásticos termos herméticos con dinosaurios —explica Bradley—. Les mandaré una foto.
—¡Vaya! ¡¿Qué carajos le hiciste?! Eso suena como que la maestra te está consintiendo mucho —bromea Dylan.
—Espera… —interrumpe Stan—. Dijiste termos, eso quiere decir que… ¿es más cantidad que el envase de ayer?
—Claro, yo calculo que en cada uno de estos termos cabe como el doble de la ración de ayer —acota Bradley.
—¡Carajo! ¡Esa es una grandísima noticia! ¡Ahora sí estoy más que feliz! —exclama Stan—. Brady, comerás muchas proteínas, no solo atún.
—¡Sí! Ya estoy harto del atún, más que aburrido, creo que no volveré a comerlo por un año entero —confiesa Bradley.
—Dime que sí comerás compotas, no hagas que papá nos las deje de compra por cajas —bromea Dylan, causando que los tres se rían.
—Sí, claro que seguiré comiéndolas, esas me encantan… Bueno, los dejo, me voy a dar un jodido banquete ya mismo —informa él, entre risas.
Tras finalizar la llamada, Bradley saca una pajita de su mochila, y toma uno de los termos, al mismo tiempo que una sonrisa enorme se dibuja en su rostro,
Cae la noche y Bradley llega a casa de sus padres, al entrar en la cocina apoya el par de termos en la isla y luego se dirige al comedor para dejar su mochila.
—Mi vida, ¿cómo te fue hoy? —inquiere Raven al verlo.
—Mejor que ayer mamá, no me costó tanto —responde él, mirando unos paquetes sobre la mesa.
—Okey, eso es bueno. Si quieres siéntate hijo, así te sirvo de una vez.
—Sí, pero solo dame puré de papas.
—Cariño… no puedes comer solo las papas, sabes que necesitas la proteína —replica Raven, preocupada.
—Sí mamá, pero es que resulta que comeré puré de papas con pavo y maíz —explica él, volteando a verla—. Asi que no me sirvas el atún.
—¿Pavo y maíz? —inquiere ella, confundida.
—Sí, eso mismo —afirma él, caminando hacia la cocina—. Mira…
—¿Y esos termos? —cuestiona ella, detallando los envases en el mesón.
—Bueno… este es pollo con aguacate, me encanta pero ya comí un poco, por eso ahora cenaré el de pavo y maíz —aclara Bradley, señalando cada uno.
—Okey…
—¿Quieres probarlos?
—Claro hijo —responde ella, al notar el entusiasmo de Bradley.
Justo en ese momento, Carson baja las escaleras y entra a la cocina.
—Papá ven, también quiero que pruebes.
—Está bien, me gusta todo lo que sea probar —comenta Carson acercándose—. ¿Y eso? —pregunta al notar los termos con dinosaurios, para luego compartir una mirada con su esposa, quien solo se encoge de hombros confundida.
—Este es de pollo con aguacate —indica Bradley abriendo uno de los termos y sirve un poco en un pequeño plato, el cual coloca frente a sus padres—. Ya pruébenlo.
Raven toma dos cucharillas, le entrega una a su esposo y de inmediato ambos prueban.
—Mmm… está increíble, me gusta —murmura Carson, saboreando.
—¡Santo cielo hijo! ¡Está divino! —afirma Raven, sonriendo.
—¡Vieron! Ahora esperen, porque tienen que probar el de pavo y maíz —dice Bradley abriendo el otro termo y sirviendo una porción, la cual sus padres comen de inmediato.
—¡Ay carajo! —exclama Carson, tomando otro bocado—. Está demasiado bueno.
—Hijo… por favor, esto... esto es una locura ¿Cómo puede ser tan sabroso? —inquiere Raven—. Con razón venias con ganas de comerlo, está increíble.
—Viste mamá… Por eso es que quiero cenar esto con tu exquisito puré de papas —acota Bradley, colocándole la tapa al termo del pollo.
—Está bien mi vida. Me alegra que por fin el inútil se haya dignado a hacer algo más que solo preguntar por encima, sin mostrar en la práctica con hechos, algo más de preocupación por ti —comenta Raven, a la vez que saca el puré del refrigerador.
—Sí, que justifique el sueldo que debe ser bien alto —añade Carson asintiendo, al mismo tiempo que se termina el resto de la crema de pollo que estaba en el plato.
—¿De quién estamos hablando? —inquiere Bradley, confundido.
—Pues del nutricionista del equipo, ¿de quién más va a ser, cariño? —replica Raven.
—Ahh… lo dicen por los termos, pero no, esto no me lo dio el nutricionista —aclara Bradley—. Ese está en Seattle con los chicos.
—¿Entonces? —cuestiona Raven dejando de servir la comida y voltea a verlo.
—¿Quién te los dio? —pregunta Carson, intrigado.
—Ah… bueno... fue una amiga —responde Bradley, encogiéndose de hombros.
—¿Esto lo preparo ella? —indaga Carson, sorprendido.
—Sí, es que ella cocina cosas saludables y así —explica Bradley vagamente, con una sonrisa tonta en el rostro.
—Vaya... Bueno, hasta que por fin una que sí es útil en algo —murmura Carson, al mismo tiempo que Bradley se ríe y pone los ojos en blanco.
—¿Y quién es esa? ¿Lola? —interviene Raven.
—¡Ay mamá! ¿Lola? ¡¿Lo dices en serio?! —exclama Bradley, frunciendo el ceño—. A ella mejor ni me la nombres, no la invoques —añade sacando el pan de sándwich de la alacena y coloca un par de rebanadas en la tostadora.
—Okey… ¿entonces quién? —indaga Raven, calentando el puré.
—No la conoces —dice Bradley, buscando un plato.
—Por eso mismo... ¿cómo se llama? —insiste Raven.
—Pues… —murmura Bradley, pensando por unos segundos—. Se llama Blaze.
—Blaze… —repite Raven, al mismo tiempo que intenta ubicar a alguna chica con ese nombre, pero no lo logra—. Cariño… lo siento, no quiero ser aguafiestas, pero… ¿si recuerdas que no puedes comer pan? Es decir… meterlo dentro de tu boca.
—Obvio mamá —responde Bradley, riéndose—. Esto no es para mí, sino para papá.
—¿Para mí? —pregunta Carson, extrañado.
—Claro pá, ¿o es que crees que yo no pensé lo mismo que tú? —replica Bradley, sonriéndole—. Que el pavo y el pollo quedarían increíbles sobre tostadas calientes.
—Pues sí, pero hijo… no quiero comerme tu proteína, tú la necesitas más ahora —acota Carson.
—No tranquilo, igual es mucha, además… en cuanto le devuelva los termos a mi amiga, ella me va a preparar más —afirma Bradley, con una pequeña sonrisa.
—¡Ah! En ese caso… sí quiero. Joven por favor, me da dos tostadas con pavo y dos con pollo. Que queden “brutales” como dice Dylan —bromea Carson, causando que los tres se rían.
—Bueno... yo creo que quedarían “brutales” sobre unas galletas saladas —agrega Raven.
—¡Uhhh mamá! ¡Tienes razón! —dice Bradley, a la vez que se voltea y busca un paquete de galletas saladas en la alacena—. Ten, hoy vamos a matar antojos y comer muy rico —afirma entregándoselas y Raven le sonríe.
Al día siguiente, Ashley se encuentra en la sala de nutrición frente a las licuadoras preparando un batido.
Bradley por su parte, viene llegando al club, como de costumbre atraviesa el pasillo y al igual que el día anterior, se percata de que ella está ahí, aunque esta vez no acelera el paso, sino que en cambio, retrocede un poco y de manera disimulada se sitúa fuera de la puerta, con la esperanza de oír alguna de sus conversaciones en solitario.
Asegurándose de que nadie más venga por el pasillo, Bradley se mantiene en el lugar, escuchando el sonido del cuchillo contra la tabla de picar, unos segundos más tarde oye el hielo cayendo dentro de la jarra, luego el sonido de la licuadora mezclando, hasta que finalmente llega la voz de ella.
—Que fresas tan hermosas. Bueno listo… avena, bananas y fresas, ahora solo falta la mantequilla… ¿dónde estará la mantequilla de almendras? Esto sin duda lo organizó un hombre… ¿por qué no están todos los ingredientes iguales juntos?
Bradley sonríe por la diatriba de Ashley, a la vez que frunce el ceño cuando ella sorbe por la nariz.
—¿Será que está resfriada? —murmura para sí mismo, cuando de repente la escucha sollozar.
—No quiero usar mantequilla de maní, quedará salado el batido y a nadie le gustará… es que no puedo perder mi trabajo soñado —dice Ashley entre lágrimas.
Bradley prensa los labios, al mismo tiempo que apoya su frente contra el marco de la puerta.
—Tú puedes… tú puedes… solo hazlo, no pienses —susurra él con los ojos cerrados.
Tras tomar una bocanada de aire, se incorpora e ingresa a la sala de nutrición.
—Hey… hey, no llores —dice Bradley, acercándose a ella.