CAPITULO 33
Ashley conduce hacia el supermercado, mientras que lo hace, no para de analizar su conversación con Stan.
—Bueno Ash… todo salió mejor de lo que esperabas, a Brad le gustó mi crema.
¡Eso es genial! —comenta con entusiasmo mirando la vía y luego resopla—.
Aunque me molesta que no esté comiendo nada de proteínas, eso no tiene sentido…
¿Cómo se supone que va a practicar alimentándose solo con atún y cereales de bebé?
¿Qué clase de plan de nutrición es ese? Es un milagro que culminara el entrenamiento de hoy sin colapsar…
¡Pobrecito! Es que me lo imagino comiendo todo desesperado como dijo Stan… Ay Brady —añade haciendo pucheros.
Minutos después, ella camina por el pasillo del supermercado con su carrito de compras.
—Bueno… necesito termos para sopa —murmura a medida que avanza por uno de los pasillos—. Él tiene que tener más comida en casa, así que no puedo llevarle las cremas en envases desechables pequeños.
Justamente, pasa en frente de los anaqueles que tienen los contenedores y se detiene.
—Tengo que llevar de estos rectangulares, son ideales para meter los malvaviscos de Rupert, no puedo seguir usando los envases de Kate, ya le di dos y no me los devolvió —añade entre risas—. Ella se enojará si se da cuenta que todos sus recipientes se desaparecen.
Ashley toma dos docenas de contenedores transparentes y los coloca en su carrito con las demás compras y sigue caminando por los pasillos.
—Acá están los termos para sopas, pero… son todos de colores femeninos —comenta al detallar que la mayoría son rosas o morados, con flores o corazones—. Se nota que en esta tienda son los hombres quienes llevan más comida al trabajo, no hay modelos masculinos o neutros.
Ella sigue caminando hasta que al final nota algunos con algo de verde y de inmediato se acerca a ellos.
—Bueno… ni modo, serán estos, espero que a Brad le gusten los dinosaurios —dice ella riéndose, al mismo tiempo que agarra cuatro termos iguales y los coloca en su carrito de compras.
Cae la noche y en casa de los Roy, Gracie está limpiando el mesón de la cocina justo cuando su hermana baja las escaleras con una toalla enrollada en su cabello.
—¡Vaya! Ese fue el baño más largo de la historia —bromea Gracie, riéndose.
—No es mi culpa, es mi criptonita. Apenas toco una tina, mi cuerpo no puede salir de ahí —aclara Ashley, sonriendo.
—Sí… ya veo —añade Gracie, señalándole las manos—. Si quisieras tener los dedos más arrugados, simplemente no podrías.
—Lo sé —responde Ashley entre risas, a la vez que abre la olla eléctrica y saca una enorme pechuga de pavo.
—Entonces... ¿qué comerá mi futuro cuñado mañana?
—Pues… crema de pechuga de pavo con maíz y la misma crema de pollo con aguacate.
—¡Uhh! ¡Dos menús! Por lo visto la cosa está escalando muy rápido —acota Gracie, al mismo tiempo que sigue limpiando.
—Sí, es que el pollo con aguacate fue un rotundo éxito, por eso tengo que variar las comidas y lucirme, para que vean que tengo más sorpresas bajo la manga —explica Ashley, a la vez que vierte aceite de oliva y los demás ingredientes en la procesadora.
Al día siguiente, Ashley se encuentra en la sala de nutrición del club de los Demons, se acerca a uno de los refrigeradores, saca algunas fresas y bananas colocándolas en un envase, luego se lleva estos ingredientes al mesón que está junto a la pista de hielo.
—¿Hoy haremos lo de los batidos?
—Hola entrenador, sí, correcto —responde Ashley, volteando a verlo.
—Perfecto, los niños en verdad estaban entusiasmados con eso —comenta Igor.
—Por eso me parece mejor mostrarles cómo hacerlos, es algo que pueden hacer ellos mismos en casa —explica ella, organizando las frutas.
—¿Los vas a preparar acá? —inquiere él, sorprendido—. Eso es mejor, yo pensé que solo les mostrarías los ingredientes.
—Sí, voy a traer una de las licuadoras de la sala de nutrición, así los chicos ven todo el proceso.
—Es una perfecta idea —añade Igor, sonriendo.
Entre tanto, Bradley acaba de llegar al club, se baja de su automóvil con su mochila al hombro y entra a las instalaciones, pensando.
«Bueno señor… solo pido ver un envase de sopa, solo eso quiero. Por favor… haz que ella me haya traído más puré de pollo. Por favor… esa fue la mejor parte de todo mi día ayer, sentarme a comerme todo ese delicioso pollo .»
Él avanza por el pasillo principal, y en cuanto pasa frente a la sala de nutrición, nota a Ashley de espaldas tomando una licuadora.
«¡ Carajo!» Piensa apresurando el paso. «¡Qué vergüenza! No quiero encontrármela… es que no puedo hablarle con mi boca así, sería asqueroso, pero si me tapo… ella creerá que tengo mal aliento.»
Bradley resopla frustrado, a la vez que niega con la cabeza y sigue avanzando por el pasillo, hasta que divisa la entrada a los vestidores, se detiene y eleva la mirada hacia el techo.
—Dios… por favor… haz que haya un envase de sopa ahí.
Suelta un suspiro y finalmente ingresa, llevando de inmediato la mirada hacia su locker. Bradley se queda ahí de pie sin reaccionar por un par de segundos, luego cierra la puerta de los vestidores y apoya su frente en ella con los ojos cerrados.
—No puede ser... No puede ser… es que esto no puede ser cierto —susurra, a la vez que se gira lentamente y vuelve a mirar hacia su locker.
Una enorme sonrisa se dibuja en su rostro, es tan grande que se puede apreciar por completo toda su férula. A toda velocidad, cual niño en dulcería, Bradley se aproxima hasta allá, notando que está vez hay dos envases térmicos grandes, ambos con etiquetas rosadas de estrellas adheridos en ellos.
—¡Por Dios! ¡Me la trajo en termos! —exclama él, sorprendido—. Estos son más grandes que el vaso, y me trajo dos… estas son como cuatro porciones de las de ayer.
Sintiéndose eufórico revisa los nombres sin dejar de sonreír en ningún momento.
—Pollo con aguacate y Pavo con maíz —lee en voz alta las etiquetas de cada termo—. ¡Carajo! ¡Carajo! —exclama emocionado abriéndolos, enseguida el vapor emana de ellos—. ¡Dios! ¡Huelen a gloria! Este se ve igual que el de ayer…
Enseguida abre su mochila y saca la pajita de aluminio, para probar el contenido del primer termo.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Es el mismo de ayer! —afirma él, celebrando solo—.
Entonces, era aguacate, sabía que sentía otro sabor…
Por Dios, esa combinación está tan pero tan buena.
¡Y tengo mucha cantidad! —acota cerrando el envase—.
Ahora vamos contigo señor pavo, también tengo como un mes sin comerte —dice probando un poco.
Al sentir el sabor en su lengua, Bradley pone los ojos en blanco a la vez que se sienta y sorbe un poco más, en ese momento sus ojos se humedecen.
—Ay no... ¿Es una puta broma? ¿Cómo puede estar tan rico? ¡Por Dios! ¡Esto es mejor que el sexo! Si el pollo está divino, este está el doble de divino. ¡Y también tengo mucho! —declara emocionado tomando otro sorbo.
Afuera en el área del rink, Ashley ya se encuentra dando la charla para el equipo infantil.
—Entonces chicos, luego de que tenemos todos estos increíbles y sabrosos ingredientes, solo batimos por algunos segundos hasta que veamos todo muy bien mezclado. Es decir, que no quede ninguna fruta en grumos —indica ella, accionando la licuadora.
En ese momento, Ashley voltea para ver a los niños y es allí cuando nota a Bradley, quien se encuentra a un costado de las gradas con su uniforme de hockey.
Con el sonido de la licuadora de fondo, ambos hacen contacto visual, él sutilmente asiente con la cabeza y le regala una pequeña sonrisa sin mostrar sus dientes, ver ese gesto de gratitud de parte de él, fue más que suficiente para Ashley, no necesitó ninguna palabra para estallar internamente de alegría.
En el momento en que ella le devuelve la sonrisa, Bradley le guiña un ojo, provocando que un centenar de mariposas aleteen en el estómago de Ashley, dejándola sin aliento, con el pulso acelerado, emocionada e intimidada, todo al mismo tiempo.
«Moriré… me voy a morir acá mismo… Por Dios Ash… ¡ya deja de verlo!» Piensa ella, intentando no sonrojarse.
Finalmente, Ashley desvía la mirada para disimular su euforia y de esa manera no quedar en evidencia frente a Bradley, porque lo que se gira y apaga la licuadora.
«Okey… eso estuvo bien.» Piensa Bradley entrando al rink, y patina hasta el otro extremo para comenzar a elongar, con una enorme sonrisa en el rostro.
«Me parece que no solo fue una sonrisa de cortesía…
se vio muy real y dulce. Eso quiere decir…
que sí entendió mi agradecimiento, así que podemos ahorrarnos las palabras, con eso me siento cómodo…
porque no me tengo que preocupar por interactuar, ahora puedo entrenar tranquilo sin sentirme como un idiota por lo que le dije en los vestidores y luego puedo comer feliz sin remordimientos.
¡Esto es genial! Comeré aquí y en casa, no solo hoy, sino que también me alcanzara para mañana. »
Tras finalizada la charla y la degustación infantil, Ashley ordena y limpia el mesón, luego se dirige al baño, apenas cierra la puerta, comienza a brincar emocionada, a la vez que grita en silencio.
—¡Por Dios! ¡Eso fue increíble! ¡Me encanta! ¡Ay santo cielo! Fue tan dulce y tan lindo —afirma ella, colocando la mano sobre su vientre—. ¡Carajo! En serio sentí que se me saldría el útero, esta vez sí que lo sentí, estuvo a punto de pasar, casi que me desmayo —añade viéndose al espejo.
Durante un par de segundos, Ashley respira profundo para intentar calmar los latidos de su corazón.
—En verdad es tan hermoso… es increíble como él se pueda sentir feo, cuando es una jodida belleza. Es que… simplemente me encanta con férula o sin ella, a mí eso no me importa.
Ella abre su mochila y saca un cepillo, para luego comenzar a peinarse el cabello.
—Stan me contó que a Brad le da pena hablarme por su férula, pero…
está bien por mí. Es que… estoy tan entusiasmada, que no articularía palabras coherentes para una buena conversación, prefiero que siga dándome sonrisitas picaras.
Y que me siga guiñando el ojo. ¡Eso fue tan jodidamente sexy!
¡Por Dios! ¡Es que me alborotó las hormonas!
—dice ella, sonrojándose—. ¡Maldición! Tengo que calmarme, pero…
en serio quiero comérmelo todo. ¡Me encanta!
—añade riéndose como una adolescente enamorada.