CAPITULO 32 #2
«¡Dios mío! ¡Abre un agujero ya mismo y trágame! ¡Por Dios! ¡Qué vergüenza!»
En cuanto Ashley se da la vuelta, Stan se muere de risa pensando.
«¡Confirmado! ¡Sí está interesada en Brady! ¡Ay por Dios! Es tan adorable… esto será más fácil de lo que imaginé.»
—Oye Blaze, tranquila… En serio está bien, no pasa nada, a Brady le encantó, incluso ahora mismo está tirado en el piso de los vestidores comiendo como si no hubiera un mañana —comenta Stan.
Al escucharlo, Ashley vuelve a girarse para mirarlo, ella pasó de estar pálida a sonrojarse en pocos segundos, y a pesar de que Stan se da cuenta, no dice nada por respeto, aunque por dentro se encuentra emocionado porque eso es otra señal que confirma su teoría.
—Qué vergüenza… —murmura Ashley—. Es que… me daba pena dársela en persona.
—¿Por qué? —inquiere Stan, confundido—. Hoy hablaste con nosotros tres delante de todos y no te dio pena, así que… ¿por qué te daría pena entregársela?
—Pues... porque nadie hace eso, él no me conoce…
¿quién demonios le regalaría algo así a otra persona que solo ha visto una vez en la vida?
Honestamente… me daba pena que me mirara raro o que me la rechazara, no sé —confiesa Ashley, encogiéndose de hombros—.
Fue una pésima idea… Lo siento, solo olvídenlo y hagamos como que nunca sucedió.
—¡No! ¡Claro que no puedo hacer como que nunca hubiese ocurrido! —replica Stan.
—Por favor Stan… en serio —insiste Ashley—. Es que apenas llegué acá y caminé con el envase, me arrepentí de la idea, fue estúpida… no quiero que crean que estoy loca o que soy entrometida.
—Nosotros no pensamos eso, todo lo contrario Blaze… nos pareció muy dulce y considerado de tu parte —acota él, sonriéndole.
—Aguarda... ¿Cómo supieron que era mía? —cuestiona ella, intrigada—. ¿Me vieron colocarla? Ay por Dios… no, que vergüenza —añade llevándose una mano a la frente.
—No boba, no te vimos, pero sí observamos la nota en forma de estrella que decía pollo.
—Okey, pero… ¿y eso que tiene que ver con que sepan que fui yo? —replica ella, entrecerrando los ojos—. Ninguno conoce mi letra.
—Lo que pasa es que después vimos las mismas etiquetas pegadas en las cajas de las pizzas —responde Stan, sonriendo.
—Carajo … —murmura ella, resoplando.
—Aunque eso no importa, así que deja de preocuparte, te aseguro que si entras a los vestidores, ahora mismo verías a Brady básicamente cabalgando sobre un arcoíris extasiado —bromea Stan—. Y todo eso porque finalmente después de un mes, volvió a comer pollo.
—¡¿Qué?! —exclama Ashley, sorprendida.
—Sí, te lo juro, es casi mágico, es como ver a un pony atravesando un arcoíris —recalca él, entre risas.
—No... No es por eso, me refiero a lo otro. ¿Brad no ha comido pollo en un mes? —indaga Ashley, frunciendo el ceño.
—Obvio que no, no ves que no puede masticar por la maldita férula esa —responde Stan, frustrado.
—Pero... —murmura ella, negando con la cabeza—. ¿Entonces qué es lo que come? ¿Tú sabes?
—Claro que lo sé, porque yo como lo mismo cada vez que voy a la casa de sus padres —acota Stan—. Puré de papas, de atún, una cosa que es como un pegoste de arroz, lo cual mi papá después me explico era cereal de arroz para bebé, pero no le digas eso jamás a Brad, porque de seguro le da asco.
—¿Y qué más? —inquiere Ashley, preocupada.
—Bueno… batidos y compotas. Esas sí le gustan mucho, aunque a Dylan y a mí también —añade él, riéndose.
—Okey… ¿y que más? —insiste Ashley.
—Más nada… solo lo que ya te dije.
—¿Todos los días come puré de papá, atún y arroz? —cuestiona ella, sorprendida.
—Sí, además de las compotas y los batidos —recalca Stan.
—¡Por Dios! ¡Con razón está flaco! —exclama ella, molesta.
—Espera… ¿cómo sabes que está flaco? —replica Stan, confundido.
—Porque es evidente, no es necesario haberlo visto en persona antes para darme cuenta de que ha perdido peso y músculo…
¿cómo no va a hacerlo? ¿Dónde están las jodidas proteínas que él necesita, todos los carbohidratos y las grasas saludables?
¡Santo cielo! Es una completa suerte que no se desmayara hoy en el rink, después de todo lo que patinó.
—Bueno… de hecho Brad entró a los vestidores arrastrándose y con cara de muerte, por eso se tiró al piso para comerse tu puré de pollo —acota Stan, encogiéndose de hombros.
—¡Por Dios! —añade Ashley preocupada, llevándose las manos a la cara —. Él no puede entrenar a su ritmo habitual con la dieta tan restringida y pobre que lleva ahora mismo. Es que no aguantará más de dos o tres días como mucho, antes de que se desvanezca en el hielo.
—¡Mierda! Okey… yo solo te conté esto con intención de pedirte un favor, pero… —comenta Stan, pensativo—. Ahora que me dices todo esto… me dejas preocupado, por lo que mis razones cambian por completo.
—¿A qué te refieres? —inquiere Ashley—. ¿Cuál era ese favor?
—Primero tienes que saber algo importante…
Brad en este momento está actuando diferente a como es de manera habitual, como Dylan y yo lo conocemos bien, notamos su cambio.
Es que… desde que tiene puesta esa jodida férula, básicamente no sale, se la pasa encerrado en la casa de sus padres, no quiere conversar con nadie, solo lo hace con nosotros y ellos —explica Stan, preocupado—.
Se frustra con todo, para él es agobiante no poder hablar normal, además de que es obvio que le jode no comer cuando siente hambre.
Alimentarse con esos purés lo deprime, y si le agregamos que siempre ha odiado la sopa, es todo una mierda.
Por eso es que Dylan y yo nos pusimos la tarea de acompañarlo en esa dieta líquida los primeros días,
—Okey… —murmura ella, escuchando con atención.
—Incluso no le iban a dar el alta médica porque no quería comer, las sopas que le daban en el hospital le daban asco.
Además de que… se siente cohibido y avergonzado de que lo vean con esa rejilla metálica en la boca —confiesa Stan—.
Básicamente, tiene la autoestima por el piso, se ve a sí mismo como una gárgola o no sé qué otra criatura fea.
—Claro, eso lo entiendo… La verdad es que cualquiera se deprime —afirma Ashley—. Entonces, dime… ¿qué favor ibas a pedirme?
—Pues... cuando estábamos en la pista y nos dimos cuenta que tú habías sido la del puré de pollo…
—No es puré —interrumpe Ashley—. Lo siento… es que cada vez que le dices así, me dan ganas de reír. Es una crema de pollo con aguacate.
—Ah… bueno, mejor aún, sí, se oye más sabroso.
Entonces, nos encantó la crema de pollo, yo le dije que te agradeciera y que si teníamos suerte, quizás volverías a traerle otra, pero enseguida me dijo que no, que yo estaba loco, que le daba pena y que no quería hablarte porque tenía la férula en la boca y bla, bla, bla —indica Stan, poniendo los ojos en blanco—.
Ya sabes, lo que te conté de sentirse súper bajoneado con ese tema.
—Sí… —susurra Ashley, asintiendo.
—Por eso es que estoy acá, como su amigo, pidiéndote por favor, que si tu buen corazón y tu tiempo te lo permiten…
le traigas otra crema de pollo. Esa era mi idea inicial, pero ahora me dejaste asustado con lo que dijiste acerca de que se puede desmayar patinando, por eso voy a recurrir a mi plan B.
—Okey… ¿y cuál es ese? —inquiere ella, intrigada.
—Dime si necesito arrodillarme para suplicarte por favor que en realidad le traigas más crema de pollo.
Blaze… yo obviamente te pagaría los ingredientes, no quiero sonar como alguien abusador pidiéndote algo cuando no nos conoces, pero es que Brad…
es como un niño, todo le da asco. Él no va a comer ninguna sopa, puré o crema de nadie más que no sea su mamá, aunque ahora que probó la tuya, y que le gustó…
sé que comerá cualquier cosa que le prepares, porque sabe que eres nutricionista y además porque vimos que le caes bien a los niños, solo la gente buena le agrada a los niños —recalca Stan, a la vez que comienza a amagar con hincar una rodilla.
—¡No bobo! ¡Ya Basta! —dice Ashley, tomándolo del brazo—. Ni se te ocurra arrodillarte, obviamente lo ayudaré, no soy indolente. Además de que ni mi ética, ni mi corazón permitirían quedarme de brazos cruzados a esperar ver como pierde más peso o se desmaya en la pista.
—¿Lo dices en serio? —inquiere Stan, incrédulo—. Mira que ya me voy, es más… se me hace tarde, tengo que tomar un vuelo para Seattle.
—Sí claro, estoy hablando muy en serio.
—Entonces... ¿puedo irme tranquilo sabiendo que mañana Brady tendrá para comer más pollo? —insiste Stan, a la vez que Ashley asiente—. ¿Me lo juras?
—Sí, te lo juro.
—¿Palabra de maestra? —bromea él, riéndose.
—Sí, palabra de maestra —responde ella y ambos se ríen.