CAPITULO 32
Entre tanto, Stan se encuentra sentado en los vestidores, acaba de ducharse y está vistiéndose, cuando de pronto, ve entrar a sus compañeros empapados en sudor.
—¡Vaya! ¡Los dejaron fundidos! —exclama él, entre risas.
—Moriré… no tengo fuerzas —dice Bradley, sentándose—. Es jodidamente complicado respirar por la boca… la verdad es que no puedo más —añade desesperado, al mismo tiempo que comienza a desatar sus patines.
Por su parte, Dylan se queda de pie, se saca el jersey y se desviste con rapidez.
—Necesito meterme a la ducha… estoy acabado. Sí me siento, caeré como piedra. Ayúdame —dice levantando su pie y apoyándolo en la banca junto a Stan, quien se ríe y le desata los patines.
Bradley los observa quitándose el jersey y los protectores superiores, luego se levanta y toma su termo bebiendo un sorbo de agua, en ese momento, se queda viendo el envase de sopa y sonríe en medio de su cansancio.
Transcurridos unos segundos, él abre su mochila, saca su pajilla de aluminio, toma el contenedor y se sienta en el piso con la espalda apoyada en la banca.
De inmediato, destapa el envase y comienza a comer, sorbe la crema de pollo casi sin parar.
—¡Vaya! ¡Es que Míralo! ¡Está como drogándose ahí tirado en el piso! —bromea Stan, causando que Dylan se ría—. Está ido, en su propio mundo y desconectado de todo, solo le importa su sopita.
Bradley les muestra a ambos el dedo del medio, al mismo tiempo que sigue comiendo.
—Sí… Blaze estará contenta. Le diré que venga a verte comer —replica Dylan, entre risas.
—¡No! —exclama Bradley entre dientes, sacando la pajita de su boca—.
¡No seas imbécil! Es que no recuerdas que se supone que no sé quién me trajo la sopa…
¡Déjalo así! —añade sorbiendo la saliva—.
Si me quiere traer una sopa y no decirme que es de ella, por algo será.
Por Dios... voy a llorar de felicidad, así que no lo arruines para mí, compadécete, literalmente estoy comiendo pollo por primera vez en un mes.
—Okey mi vida, no diré nada. Solo espero que la maestra se dé cuenta que está haciendo feliz a uno de sus alumnos, y no te deje sin más sopita —comenta Dylan, caminando hacia las duchas.
En cuanto Stan escucha las palabras de su compañero, se queda pensativo a la vez que se le queda viendo fijo a Bradley sentado en el piso, detalla que está comiendo sin parar, e incluso tiene los ojos cerrados, como si estuviera en un momento catártico.
—Oye… ya me voy, el vuelo sale en dos horas —indica Stan levantándose y toma su mochila.
—Okey bro, éxito mañana, te irá bien —afirma Bradley, a la vez que estira su mano y ambos chocan el puño.
Stan sale de los vestidores, atraviesa los pasillos y el lobby hasta que finalmente llega al estacionamiento, en cuanto comienza a caminar, mira hacia un costado y observa a Ashley, quien se encuentra de pie, escribiendo en su teléfono junto a un automóvil.
—¡Hey! ¡Maestra! —grita él, como a unos diez metros de distancia.
Al escucharlo, ella sube la mirada y se ríe tontamente en cuanto lo ve acercándose.
—Hola… —dice él, parándose en frente.
—Hola —responde Ashley con una sonrisa—. Gracias por la mano que me diste ahí adentro con los niños.
—Tranquila, no me costaba nada, ellos son adorables.
—Bueno… aun así gracias —reitera ella, sacando las llaves de su mochila.
—¡Vaya! ¡Eres la maestra mejor pagada de la puta historia! ¡Un BMW clase 5! ¡Es precioso!
—Gracias... —murmura Ashley, entre risas—. Espero que llegue el día en el que mi sueldo de “maestra” —añade haciendo comillas—, me dé para comprarme un auto así. Este me lo regalo mi familia por mi graduación, así que tengo que esforzarme en sacarle provecho a mi título lo más rápido que pueda.
—¿Recién te graduaste? —inquiere Stan, sorprendido.
—Sí... hace solo un par de meses.
—¡Qué bueno! ¡Felicidades!
—Nuevamente gracias. Por cierto… te deseo buena suerte en el partido de mañana.
—¡Uhh! Viniendo de ti, eso tiene mucho poder. Asi que gracias Blaze.
—Espera… ¿eso qué significa? —inquiere ella, entrecerrando los ojos—. Y mi nombre es Ashley, no Blaze.
—A ver… sí, yo sé bien cuál es tu nombre, pero Blaze es tu apodo —aclara Stan, riéndose.
—Ah… ¿ya tengo apodo? Vaya, esto acá funciona más rápido que la secundaria —bromea Ashley, causando que ambos se rían.
—Okey… tienes sentido del humor, eso es bueno. A ver... ¿es que no te acuerdas de mí? —cuestiona Stan.
—Obvio que sí, olvidaste que acabo de saludarte y agradecerte por lo de la charla con los niños, eres Stan —recalca ella, entre risas.
—No, me refiero a antes de lo de la charla, a otro día. ¿No me recuerdas de otro lado que no sea de haberme visto en un partido de hockey? —insiste Stan.
«¡Mierda!... ¿Es que sabe que los estaba viendo en el club de golf? ¿Cómo se dieron cuenta? Creí haber sido discreta» Piensa Ashley, avergonzada.
—¿Ya lo olvidaste? —pregunta Stan, fingiendo estar indignado—. Se lo diré a Dylan.
Al escuchar ese nombre, Ashley comprende de inmediato a lo que él se refiere.
—No, claro que no lo olvidé. Yo los vi acá en el edificio, ambos estaban esperando el elevador, y él fue el que me dijo que lo tenía que cargar por las escaleras —acota Ashley, sonriendo.
—Exacto… —afirma Stan, riéndose—. Bueno, por eso.
—Por eso… ¿qué? Me perdí.
—Por eso es que te decimos Blaze, porque ese día una chica desconocida que vestía un blazer azul, nos dijo que no usáramos el elevador, pero no le hicimos caso y terminamos encerrados durante una hora —explica Stan—.
Y por si fuera poco, esa misma noche nos fue de la mierda en el partido, los tres salimos lesionados.
Así que… si tú me deseas buena suerte, entonces eso cuenta para mí, porque tenías razón con lo del elevador ese día.
—¡Carajo! ¡¿Se quedaron encerrados?! —inquiere Ashley, sorprendida.
—Sí claro, tuvimos que esperar a los putos bomberos, fue una tortura —responde Stan, al mismo tiempo que piensa.
«Bueno… ahora veamos si realmente está interesada en Brady o no.»
—Es que Brad, estaba angustiado, porque él creía que nos quedaríamos sin aire.
Ashley prensa los labios y pone ojos de preocupación, pensando.
«¡Ay por Dios! ¡Pobrecito!»
—Sí, lo entiendo, es que yo también me angustié, pero no lo demostré para no asustar a Rupert.
—Aguarda… ¿te quedaste atrapada en el elevador? —pregunta Stan, confundido.
—Claro, ese mismo día, por eso fue que les advertí que no se subieran, porque lo más probable era que fallara de nuevo —explica Ashley, encogiéndose de hombros.
—¡Carajo! ¿Y estabas con el presidente?
—Sí, nosotros también tuvimos que esperar a los bomberos, fue una mierda. Por eso ahora solo uso las escaleras, aunque Rupert ya me dijo que lo revisaron y que cambiaron algo del motor, pero… aun así, yo no volveré a usarlo —afirma Ashley.
—Sí… es de mala suerte —murmura Stan—. Nosotros igual decidimos usar solo las escaleras... por si las dudas.
—Al menos ustedes no se cansan tanto, o eso creo, porque para mí… es una tortura. Después del quinto piso… casi me arrastro y deliro en el camino para subir los dos últimos —bromea ella.
—¿Es que subes mucho al séptimo piso? —indaga Stan, intrigado.
—La verdad es que por ahora no sé qué más hay en los otros pisos, solo conozco la oficina de Rupert —aclara Ashley, sonriendo—.
Ah y la del gerente de recursos humanos, pero el resto es un sitio inexplorado por mí.
Aunque creo que le diré a Rupert que se mude para el primer piso, porque es jodido tener que subir tantas escaleras para verlo —añade jocosamente.
«Okey… entonces conoce bien al presidente, porqué le dice mucho Rupert y nadie va a visitarlo a él porque sí, tienes que recibir un llamado directo a su oficina, pero… ella dijo ir a verlo, no ir a una reunión.» Piensa Stan a toda velocidad, antes de responderle.
—En realidad no es una mala idea, si necesitas reunir firmas avísame, y de paso agregas allí, que la oficina de Gio también la muden al primer piso —bromea él, causando que ambos se rían.
«Bueno… ahora ayudemos a Brady, no lo dejaré pasando más hambre... solo espero que salga bien y que no me mate por arruinárselo .»
—Oye... ¿eres alguien en quien se puede confiar? —indaga Stan, viéndola a los ojos.
—Pues… pienso que sí. No he recibido ninguna queja al respecto —replica ella, entre risas—. ¿Por qué?
Stan la toma del brazo y suavemente la hala un poco hacia el frente del automóvil, hacia las áreas verdes, justo debajo del árbol de Lady chip. Ashley entrecierra los ojos confundida, pero más puede la intriga por saber lo que va a decirle, por lo que no se resiste.
—Bien… acá estamos mejor —murmura Stan.
—¿Pero qué hay de malo donde estábamos? —inquiere ella, extrañada.
—Es que si sale Brady, no quiero que nos vea hablando y bajo este enorme árbol estaremos menos expuestos —explica Stan.
—Okey… ¿Quién es Brady?
—Pues Brad, es que también le decimos así.
—Comprendo… —añade ella, sonriendo—. ¿Por qué no nos puede ver hablando? Eso no lo entiendo.
—Confiaré en ti porque pareces una buena chica, además de que te ves cómo alguien responsable y sobretodo empática. Vi como tratabas a los niños, así que eres dulce, por lo que sin duda debes tener buen corazón.
—Oh… gracias, eso fue lindo —murmura ella, sonrojándose un poco por lo halagos.
—Solo júrame que no le dirás nada a Brad.
En serio, júramelo. Él es uno de mis mejores amigos, nos conocemos hace como seis años, y si él sabe que te conté esto, no solo me matará, sino algo peor, dejará de ser mi amigo —acota Stan, con tono serio—.
Nosotros somos como hermanos, nos cuidamos y apoyamos siempre.
—Entiendo… Te juro que no diré nada —afirma Ashley, completamente intrigada.
—Bueno... Es que alguien dejó hoy un envase en el locker de Brad…
Tras escuchar eso, todo el color se drena del rostro del Ashley, de inmediato se cruza de brazos y prensa sus labios.
—Oye… tranquila, no te preocupes, ya sabemos que fuiste tú —aclara Stan, calmándola.
—Mierda… —murmura ella llevándose ambas manos a su rosto, para luego girarse dándole la espalda a Stan, a la vez que piensa angustiada.