Pucksicle (Pucksicle 1) CAPITULO 31
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CAPITULO 31

Bradley, Stan y Dylan finalmente ingresan al rink, se colocan en uno de los extremos y comienzan a estirarse, a la vez que los niños se encuentran del otro lado de la pista con su entrenador haciendo sus respectivos ejercicios.

—Entonces… Blaze es nutricionista —comenta Dylan, elongándose—. Aunque debe ser nueva, porque no la había visto antes por acá.

—¡Claro que Blaze es nueva! ¿No escuchaste cuando dijo que era su primera charla con ellos? —replica Stan.

—No se llama Blaze, su nombre es Ashley Roy —aclara Bradley arrodillado en el hielo estirándose, causando que sus dos amigos volteen a verlo con los ojos entrecerrados.

—¿Y cómo demonios sabes su nombre? —inquiere Stan.

—Sí… ¿qué más estás ocultando? ¿Y por qué? —cuestiona Dylan.

—Un momento… pero si fuimos nosotros quienes la habíamos visto antes, tú no —analiza Stan, pensativo.

—Pues yo no sabía que ella era justo la misma chica del elevador, a la que ustedes le dicen Blaze —acota Bradley, entre risas—. La he visto un par de veces acá y en presidencia.

—Ahhh… —murmuran sus compañeros al unísono.

—¿Y cómo es que sabes su apellido? —añade Stan.

—¡Maldición! ¡¿Ya te la cogiste?! —exclama Dylan, sentándose en el hielo—. Brady… yo la vi primero, Stan está de testigo.

—¡No idiota! ¡No me ando cogiendo a cada chica que veo por primera vez! —refuta Bradley, indignado—. Además… que tú la hayas visto solo una vez antes que yo, no la hace tuya.

—¡Entonces sí te gustó! —afirma Dylan, riéndose.

—¡Y eso que no es su tipo! Ella se ve dulce y preparada, sin duda no parece una zorra —afirma Stan, haciendo que los tres se rían.

—Bueno sí… obviamente es linda, y quien diga lo contrario es ciego —comenta Bradley, encogiéndose de hombros.

—Espera, pero… ¿cómo sabes su apellido? —indaga Dylan—. ¿Ya la abordaste? ¿Se conocen formalmente? ¿Han hablado?

—No... lo que pasa es que yo estaba entrando en la oficina de Gio y ella se anunció en presidencia, ahí fue donde escuché su nombre —explica Bradley.

—Entonces… ¿no has hablado con ella? —recalca Stan—. Sino hasta ahora en la “charla divertida” —añade haciendo comillas con las manos al mismo tiempo que se ríe.

«No les voy a decir que hablamos en los vestidores, y que básicamente la acusé de que se la estuvieran cogiendo en las duchas... No me dejarían en paz con eso.» Piensa Bradley, frustrado consigo mismo.

—Exacto, está es la primera vez que hablamos, es que ni siquiera sabía que ella conocía mi nombre —acota Bradley.

—Sí, también me sorprendió que supiera el mío. De seguro es porque le gusto —comenta Dylan, sonriendo.

—¡Uhhh! Si es por eso yo también le gusto par de idiotas, porque se sabía el nombre de los tres —aclara Stan, haciendo reir a sus amigos.

Entre tanto, Ashley comienza a recoger las servilletas sucias que los niños dejaron en las gradas, luego se acerca al mesón donde toma las cajas vacías de pizza y camina hacia fuera de la pista para botar los desechos.

Por su parte, los chicos ya están patinando alrededor del rink, mientras que Dylan y Bradley lo hacen a toda velocidad, Stan va más lento, no solo porque acaba de recuperarse de una lesión, sino que como portero, él no necesita hacer ese tipo de ejercicios de velocidad.

A medida que él va patinando, pasa frente a las gradas y observa que en el mesón aún hay dos cajas de pizza, Stan sigue patinando por unos segundos pero algo llama su atención por lo que decide regresar, deteniéndose al otro lado del cristal detallando nuevamente el mesón.

—Mierda… Carajo… —murmura y luego gira el rostro hacia la pista.

Stan se queda esperando que sus compañeros den la vuelta y pasen junto a él patinando, transcurren algunos segundos, cuando finalmente los ve acercarse a toda prisa y comienza a silbar y a agitar su brazo indicándoles que se detengan.

—¿Qué pasa? —inquiere Dylan, entre jadeos.

—¿Tienes un calambre? —pregunta Bradley, secándose la saliva con la manga de su jersey.

—No, es que… miren, háganlo rápido antes de que vuelva Blaze —indica Stan tocando el cristal con su guante y señalando las cajas sobre le mesón.

—Okey… yo voy y agarro más pizza, pero vigilen que la maestra no venga. No quiero que me azote por portarme mal, bueno… sí quiero —bromea Dylan, riéndose.

—¡Carajo! —exclama Bradley volteando de inmediato a ver a Stan, quien le asiente e incluso le da pequeños golpes en el hombro.

Dylan por su parte, es el único que se ríe de su propio chiste, y sigue sin entender la mirada cómplice entre sus dos amigos.

—Hola... —interviene él, frunciendo el ceño—. ¿Qué demonios pasa?

—¡Carajo! —repite Bradley, al mismo tiempo que se acerca más al cristal y detalla las cajas.

—¡Vamos! ¡Vamos! —dice Stan—. ¡Ahí viene Blaze! ¡Disimulen! ¡Disimulen!

De inmediato los tres chicos comienzan a patinar alejándose de la zona y se concentran alrededor del arco. Bradley enseguida se saca el casco y los guantes, a la vez que se agarra el cuello.

«Ella me trajo la sopa… bueno, el puré de pollo, pero…

¿por qué lo hizo? ¿Y por qué no me lo dio directamente?

» Piensa él, al mismo tiempo que la ve desde la distancia.

«¡ Maldición! Esta intriga hará que ahora ella esté rondando más en mi cabeza, como si ya no fuera suficiente con el maldito sueño hot de anoche. »

—Hey Brady… ¿Estás bien? Parece que viste un fantasma. ¿Qué pasó? —pregunta Dylan.

—¿Cómo que qué pasó? No ves que fue Blaze quien dejó la sopa en el locker de Brady —explica Stan.

—¡¿Qué?! Esperen… ¿cómo lo saben? —replica Dylan, sorprendido—. ¡Qué demonios! Yo no vi ningún envase de sopa en la mesa, ¿es que ahora necesito lentes? ¡Lo que me faltaba! ¡Tengo miopía o una mierda de esas!

—No idiota, ¿es que no viste que las cajas de pizzas estaban escritas? —comenta Stan, sacándose los guantes.

—Sí claro, una decía pizza roja y la otra pizza azul, pero… ¿que con eso? —cuestiona Dylan, encogiéndose de hombros.

—¡Por Dios! ¡Como detective te mueres de hambre! —bromea Stan—. Con que facilidad te deben pegar los cuernos, porque no te das cuenta de las evidencias cuando están frente a ti.

—¡¿Cuál evidencia?! ¡Ya explícame! —refuta Dylan.

—Que las pizzas tenían una nota rosada con forma de estrella, la misma que tenía pegada la sopa con la palabra pollo en ella, incluso la letra era idéntica —acota Stan.

—¡Carajo Brady! ¡Maldición! Te nos adelantaste, ya la tienes servida en bandeja de plata —comenta Dylan, golpeándole el brazo—. ¡Qué hijo de puta! ¡La maestra ya te tiene fichado!

—Sí, tú haciéndole el feo a la sopa y era de Blaze —dice Stan viendo a Bradley—. Es que… que ni se entere que hacías arcadas mirando su puré, porque de seguro que como nutricionista, te odiaría.

—Además que como maestra, a ti es el que azotarán por ser un alumno rebelde y desagradecido —aclara Dylan riéndose junto con Stan.

Bradley por su parte, se encuentra desencajado, intentando tomar toda la situación a la ligera con sus amigos, pero en el fondo, oculta todas las dudas y sensaciones extrañas que Ashley le produce.

Los chicos ya tienen alrededor de una hora practicando en el rink, ahora se encuentran disparando tiros al arco, al mismo tiempo que observan como Ashley ya está dando la charla al grupo de los adolescentes.

—Oigan… cuando empiece la degustación, voy por mi pedazo de pizza —comenta Dylan.

—¡No! —replica Bradley, enseguida.

—¿Por qué no? —cuestiona Dylan, frunciendo el ceño.

—No sé... es grosero —acota Bradley, encogiéndose de hombros.

—Claro, es que como tú no la probaste, no lo sabes, pero en verdad estaba demasiado buena —comenta Dylan.

—Bueno… yo sí voy a ir por mi trozo —añade Stan—. Aunque todavía están hablando, vayamos cuando empiecen a repartir.

—Sí Brady, así aprovechas y agarras dos trozos en vez de uno, para que nos los des a nosotros… igual a ti Blaze no te dirá nada —dice Dylan, entre risas.

—¡No! ¡Qué vergüenza! ¡Yo no iré! —declara Bradley, negando con la cabeza.

—Aww… esta es la primera vez que te veo todo tímido con una chica a la que le gustas —puntualiza Stan, jocosamente.

—¡No es eso! —replica Bradley indignado, a la vez que se limpia la saliva con su manga.

—¡Ya reparten! —exclama Dylan emocionado cual niño pequeño, y empieza a patinar.

Stan de inmediato se pone de pie, yendo detrás de él, mientras que Bradley se cruza de brazos y se queda inmóvil, viendo como ella se acerca a sus amigos con la caja de pizza en las manos.

—¡Maldición Ashley! ¿Por que no me diste la sopa y ya?

Es que… ahora me siento peor. No debí insinuar que estabas con alguien en las duchas, quedé como un imbécil —murmura él, frunciendo el ceño—.

Y en serio me gustó el puré de pollo… ¡Carajo!

Tengo tanta hambre… es que me lo comeré todo apenas llegue a los vestidores —añade a la vez que sorbe la saliva y golpea un disco al fondo de la red.

Bradley se queda resoplando un par de segundos, para luego volver a fijar su mirada en las gradas.

—¡Maldición! Es que… tú no sabes que yo ya sé, que la sopa la trajiste tú... ¿Por qué lo hiciste a escondidas? ¿Será por lo que te dije en los vestidores? ¿O por mi férula? Sí… eso debe ser. ¡Obviamente me veo asqueroso con ella!

En ese instante, ve a Stan regresar patinando con una sonrisa enorme, al mismo tiempo que mastica.

—¿Contento?

—¡Sí! ¡Y ambos agarramos dos trozos de la pizza buena! Ella no se puso brava, solo sonrió —acota Stan.

—¡Uhh genial! —exclama Bradley con sarcasmo, a la vez que golpea otro disco con su palo.

—¿Por qué estás de mal genio? —cuestiona Stan, confundido—. En tu lugar, Dylan estaría saltando en un pie.

—¡Mírame! ¡Es que...! —resopla Bradley, frustrado.

—¿Es qué qué? —pregunta Stan, tomando su temo de agua tras del arco, bebe un poco y luego le arroja un chorro a Bradley directo a la cara—. Ya, en serio, dime, ¿qué pasa?

—No… olvídalo, ya vendrá Dylan y bueno... nada —murmura Bradley.

—No, el fisiatra y uno de los entrenadores lo llamaron recién, estará allá con ellos —indica Stan, señalando otra área de la pista—. Es que quieren evaluar cómo funcionan su muñeca en pases y remates.